Subjetividad y cultura

Vigilando vigiladores. Subjetividad, medios y violencia familiar [1]

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Diana Singer

Una tarea ineludible. Latinoamérica nos compete, nos atraviesa, porque participamos de un anhelo de integración Latinoamericana con ideas que trascienden el tiempo y las fronteras, queriendo producir un léxico en común para conseguir transformaciones culturales. Destinos cruzados y necesidades mutuas que hablan de nosotros como grupo en un contexto que no deja de estar signado por modos que inevitablemente recuerdan tiempos de amenazas imperiales.

Latinoamérica habla de nosotros. Como Argentina habla de Uruguay, como Uruguay habla de Méjico. Méjico de Colombia. Chile de Perú, y así…

Todos buscamos de una u otra manera poder explicar intervenciones diferentes para generar y explicar reacciones subjetivas, que modifican la escena del conjunto y que si bien adoptan formas singulares, podrían condensarse como respuestas de lucha, cada uno a su manera, frente a la fatalidad que encierra el significante exclusión y sus expresiones.

Interculturalidad nos recuerda que nuestras opiniones en ningún momento son preponderantes por sobre las de los demás, porque la interacción horizontal y la tolerancia a las diferencias generará un enriquecimiento para las partes en el mediano y largo plazo. Las alianzas humanas para ser posibles, siempre están condicionadas a la renuncia pulsional. No hay cosas seguras en el después, pero la ilusión, la capacidad idealizante del sujeto y la subjetivante del vinculo escriben nuestras maneras de ser en el mundo.

Vigilar a los vigiladores.

Situarnos en las fronteras del psicoanálisis nos obliga a intentar conceptualizar la práctica, marcando sus límites, su porqué, cómo y para qué.

En la sociedad perfecta que describió Sócrates, la clase guardiana está para proteger a la ciudad. La cuestión que se le presenta a Sócrates es «¿quién guardará a los guardianes?», o «¿quién nos protegerá de los protectores?».Le responde Platón que ellos se cuidarán a sí mismos. Y continua: se debe hacerles creer que son mejores que aquellos a quienes prestan su servicio y que, por tanto, es su responsabilidad vigilar y proteger a los inferiores. Afirma que hay que inculcar en ellos una aversión por el poder o los privilegios, y ellos gobernarán porque creen que es justo que así sea, y no por ambición.

 ¿Dónde instalarnos para operar en una clínica social e intercultural?

 Trabajo en el Cuerpo Médico Forense perteneciente a la CSJN .Me siento parte de los dos sujetos a los que alude este sintagma vigilando- vigiladores. Desde esa función debo intervenir en las transgresiones al cumplimiento de dos leyes. Una se trata del impedimento de contacto de un hijo/a con el progenitor no conviviente, hecho penado por ley. Una mañana al abrir la puerta del ascensor de un juzgado  –donde una trabajadora social, un abogado defensor de menores y yo, trabajamos con el juez para ver si decidir y como la revinculación de un menor con el progenitor que la tiene impedida– me tropiezo con una nena de 6 años . –¿Que hace acá entre tanta gente grande una nena tan linda?– le pregunto-. –Vengo porque tengo que decir que no quiero ver a mi papá –me contesta.

Trabajo fácil el de ese día.

La otra ley opera frente al maltrato físico o psicológico que ocurre en el ámbito intrafamiliar. Un surtido inagotable de denuncias, muchas de ellas promovidas o inspiradas por la campaña mediática que invita a denunciar, y tomar conciencia del riesgo que implica soportar el maltrato.

La mayoría de nuestros pacientes, afectados a causas de la justicia civil, tienen  recursos  para implementar la demora en la descarga agresiva que pugna por salir. Resuelven la violencia que el desamor  les despierta con gritos, insultos, alguna amenaza o un golpe arteramente propinado. En la justicia penal, en el peor de los escenarios, el abuso de un niño, una violación, sesgan una vida. Un cuchillo termina con la vida de aquel o aquella que “sería solo para mí”. El epitafio de la “victima” debería tener su firma debajo de una frase que diga “ni conmigo ni sin mi” palabras tal vez nunca  dichas por aquel que la pasión armo su mano.

Muchos de los sufrientes, con trastornos a veces producidos por el extrañamiento generado por las migraciones, o nuestros coterráneos por la marginación a la que los condena la pobreza padecida por generaciones, tienen poco sostén en una genealogía proveedora de modelos y en una historia en la que sustraerse de las diferentes propuestas identificatorias que emana el Gran Hermano, todo el tiempo en casa y ofreciendo modelos con los cuales identificarse.

Es la suma de esas  fuerzas que inundan el aparato psíquico, venidas desde afuera, lo que muchísimas veces, posibilita la creación de modelos para guiar la excitación .Enseña también que eso da recompensas. Cuando la cantidad de excitación queda  ligada con cierta cualidad de placer ya se ha diferido, por lo menos, la descarga total.  La ligadura inicia, además, la posibilidad de sustitución de la acción inmediata, y el tomar un camino de rodeo. Con ese ejercicio se obtiene premios.

 Derrida, filosofo cuya influencia  pesa notablemente  en el pensamiento contemporáneo, acuñó el término “difiriencia” para remarcar la ambigüedad del verbo francés “diferir” que evoca a la vez ser diferente y remite también a “a más tarde” En castellano contamos con dos términos: diferencia y diferir para denotar este proceso que consiste en hacer diferencia con la descarga de las tensiones  a cero y a la vez diferirla o sea postergar la satisfacción  para más tarde. Es este proceso de diferenciar y diferir donde quedaría modelado el dominio de la excitación. Al ligar una cualidad mantiene constante una carga y a la vez permite que se desplace a las diferentes situaciones que tengan esa misma cualidad. Es la organización simbólica la que provee de elementos para postergar la satisfacción desiderativa que puede ser obtener placer o poner fin a quien nos priva de él.

Hoy son los medios, sin duda, el mayor proveedor, de modelos y alternativas para la organización simbólica. Podríamos afirmar que cuatro locutores organizan a nivel planetario la abolición de ciertos organizadores socio cultural que han sido eficaces, como ser por ejemplo la diferencia sexual anatómica y las diferencias generacionales, e instalan otros. Esta poderosa máquina que interviene en la producción de subjetividades, incide en nosotros cuando soñamos, cuando fantaseamos, cuando nos enamoramos, etc. En todo caso, pretende garantizar una función hegemónica en todos esos campos.

Las ideologías político-económicas que la determinan, no solo instalan semióticas monetarias, sino que con ellas  instalan en nosotros sus criterios de producción de subjetividad.

No abundaremos en la modalidad con que los medios producen una subjetividad consumidora. Baste mencionar por dar un ejemplo que el discurso sostenido acerca de la inseguridad que padecemos los habitantes de nuestra tierra, a conseguido vender cantidades record de seguros para el hogar, de vida, puertas blindadas, sistemas de alarmas, cámaras, camaritas, etc.

Es importante resaltar  que esta lógica del mercado necesita de una complementariedad que le permita al espectador sostenerse como tal, a pesar de la frustración que le provoque no poder adquirir alguna de las maravillas que la cultura del consumo le ofrece. Creo que encuentra esa complementariedad se encuentra en lo que vamos a llamar la exaltación de una “lógica patibularia”. Entendiendo por tal, el apelar a la atracción que sobre una mayoría de nosotros  ejerce la presencia reiterada de escenas mórbidas, violentas, donde la vida de algún otro, víctima o victimario, se encuentra en riesgo de extinguirse. Entiendo que se coagula en esa imagen todo lo que perturbe la consistencia de un yo ideal al que apela el mercado y  se debilitan los impedimentos que al mismo pudiesen surgirle, activando  el “yo-horror”. Este último es soporte de la lógica patibularia y es el negativo del yo-ideal.

 

Estamos en tiempos en que la noticia se transformó en espectáculo y el espectáculo se transformó en noticia.

 Investigaciones realizadas en Estados Unidos, demuestran que la transmisión de la forma de ejecutar delitos, con las imágenes con que se ilustra, aumenta modelizándolos, entre un 200% y un 300% la realización de este tipo de hechos. Pese a ello se reiteran al infinito estas noticias. La repetición de un delito- se contabilizo en Buenos Aires hace dos meses -ocurre  17 veces por día. Es así  transmitida  la misma noticia que habla de un delito y lo ejemplifica, incluyendo detalles del arma, modos privilegiados de inmovilizar a las víctimas, vecinos y protagonistas, además de numerosos opinólogos con diversos grados de calificación que instruyen al público en cuestiones que amplían  detalles y estrategias para optimizar la consumación de un delito.

Cuatro años después del penoso hecho acontecido en el local “Cromañón” (en el 2004), uno de los músicos, mata a su mujer prendiéndole fuego. Este hecho, más el proceso judicial que le siguió, fue difundido con minuciosos detalles, formando parte de lo que Eugenio Zaffaroni llamó “criminología mediática”. Algunas de sus consecuencias fueron la repetición de esta modalidad, de victimización radical culminando muchas escenas de violencia familiar. Hoy sigo escuchando denuncias donde la hoguera  es una amenaza frecuente. Su divulgación no hizo más que aumentar exponencialmente estos hechos atrayendo al espectador habitado por la necesidad que sustenta “la lógica patibularia.” Paradojalmente, para esa criminología mediática parece ser que seguridad solo se reduce a estar seguro de que no me van a matar en un robo, mientras explican una y otra vez como es posible llevarlo a cabo. Ese es   un concepto de seguridad. Si me mata mi marido por celos o si mi hija mayor se irrita conmigo porque no entiendo lo  que explicó hace un rato me insulta y  me maltrata, nadie va a pensar que yo fui víctima de un problema de inseguridad que los medios olvidaron prever.

La mediática es una criminología que se apoya en una causalidad que Zaffaroni califica de mágica, pero quiero aportar a su construcción, desde al psicoanálisis, tratando de analizar a que aspecto de  la estructuración del psiquismo obedece.

Para mantener una buena relación con el ideal, que permita burlar el displacer de no tener o lograr hacerlo soportable, es necesario  mantener a raya la angustia de muerte y sus derivaciones.

El propósito de la criminalidad mediática es generar un grupo de “malos” en quienes depositar todos aquellos contenidos que impiden sentirnos a gusto con el  yo-ideal, clivando en los malos  los fantasmas que  configuran el yo-horror. El enemigo son entonces “ellos” que nos causan horror y espanto por su misma naturaleza. Y cuanto más ajena nos parezca su naturaleza, mas desconocimiento tengamos sobre su origen, más fácil será depositar en ellos toda la angustia que  nos desespere.

El estereotipo de la criminología mediática en nuestra región es el adolescente o el joven del barrio precario. En algún lugar se le pueden sumar algunos inmigrantes, o migrantes internos. En Argentina es el habitante próximo casi a la exclusión social, adolescente o adulto, quienes conforman una masa de criminales identificada a través de estereotipos, que configuran un “ellos” separado del resto de la sociedad, por ser diferentes y “malos”.

Estos fenómenos que trato de explicar  no deben opacar el hecho de que los medios son utilizados para emitir modelos que también favorecen desarrollos e  intercambios positivos en los vínculos. Por ejemplo ocurre que muchas veces las novelas que se transmiten por acuerdo explícito con Campañas de Salud pública y otras veces espontáneamente, difunden en acciones que ocurren en sus tiras, campañas de prevención por ejemplo, del maltrato a viejos y  de la violencia de género.  No nos vamos a extender- no es el objetivo de esta presentación-, sobre las maravillas que nos permiten conocer y aprender. Comparto con ustedes  lo que escuché alguna vez: “Ese discurso se replica en series, dibujitos, video-juegos y películas, y con el tiempo y repetición inciden en nuestra subjetividad y nuestra forma de percibir la realidad”.

“Me enteré que eso que me pasaba era abuso sexual porque vi una película en la tele y como mi mamá se enojaba cuando yo  le decía lo de Juan, se lo conté a la maestra y vinimos a denunciar”

Reitero, nuestra subjetividad estará instalada en un sube y baja que oscila entre la sensación de completitud en la que nos instala la satisfacción de ser un consumidor satisfecho y la posibilidad de ver a otro sufriendo, a punto de ser ejecutado, castigado, remitiendo estas escenas a todos los fantasmas que adquiere la angustia de muerte.

Un pequeño rodeo teórico. He señalado otras veces la importancia del momento que Lacan llamó el estadio del espejo. Allí se puede apreciar de manera paradigmática, ese instante en que un humano chiquito encuentra su imagen en el espejo. La alegría y conmoción que expresa nos informa que, comienza a reconocerse e ira tomando paulatina conciencia de sí. En ese momento, palabras lo nombran e inviste su propia imagen de una manera positiva o negativa. Toda una historia personal, singular y las palabras familiares que no cesan de puntuarla, van a inclinar la relación de todos y cada uno con esta imagen. Así, investiduras narcisistas de vida, darán cohesión al yo y dejarán de lado experiencias negativas y atemorizantes. Las representaciones que remiten a la indefensión, a un cuerpo desmembrado, al desamparo o a la angustia catastrófica de desmoronamiento de las primeras etapas de la vida, amenazantes para su cohesión, son negativizadas, reprimidas, dejadas de lado constituyendo  el  “yo horror”.

 Se establece así sobre un registro corporal la unificación de todas las experiencias placenteras, constituyendo el yo ideal que marca un cambio cualitativo en la constitución del sujeto. Se va a reconocer como poseedor de una imagen que muestra a los otros y reconocerá la imagen del otro al que puede brindar tranquilo  la suya.

 Si bien esta imagen del cuerpo es subjetiva y personal, es tributaria de representaciones socioculturales que van constituyendo el ideal del yo que determina un ordenamiento de los valores a ponderar y lo que podríamos llamar “nuestra mirada social”.  Aquel Yo Ideal para quien se vuelve insoportable la afrenta de la imposibilidad de consumo.

Otra mini-viñeta:

– “Lo importante es tener, doña”-me dice Braian

-“¿Tener qué?” -le pregunto sin salir de mi sorpresa, por el hecho que había robado una moto y cuatro  negocios  uno detrás de otro un domingo, hasta que finalmente lo detiene la policía.

“Tener, ¿no  entiende?”

 Cuando el espejo no devuelve la imagen esperada, en su lugar aparece otra que provoca una “inquietante extrañeza”. Se inicia así el movimiento que, a la manera de un alud, arrastra en su caída todas las imágenes narcisistas que fueron constituyendo el Yo.

Estas fantasías inconscientes se filtran en el yo ocasionando reacciones que oscilan entre lo desagradable que consterna y lo horroroso que desespera. Caído el Yo Ideal aparece su negativo: el “Yo Horror”, lugar donde cristalizan la castración, el despedazamiento y la aniquilación que se mantendrá a raya depositándolo en los que se exhiben cristalizando una y otra vez en escenas que sostienen la  lógica patibularia.

Qué denuncia el que denuncia

El que denuncia violencia familiar, lo hace por un desencuentro con el otro, en donde una de las dos partes implicadas dice “¡no va más!”. Así, aquel que “debía ser” o parecía ser “mi todo” me ha producido un daño o un perjuicio.

El que denuncia violencia familiar, lo hace contra un semejante que quiere aniquilar y se la dirige a un Otro de la ley. Busca justicia ante algo que considera injusto y que siente que lo perjudica. Generalmente el que denuncia no suele preguntarse, qué lugar tiene en su fantasma él mismo y ese otro que están implicados. El que denuncia está en una situación que no puede resolver y busca a ese tercero, ese Otro de la ley, que le dé una respuesta, una solución a su problema. Alguien que administre la culpa que pugna por subjetivarse. Generalmente el denunciante, lo hace acerca de hechos que no necesariamente se corresponden con lo que termina denunciando, aunque puede pasar que su objeto de denuncia, siempre continúe siendo el mismo y no aparezca la propia implicación. Para potenciar este hecho, el cambio de apuntalamientos externos impide la reflexión, reposicionando al sujeto. Cada vez más me inclino a pensar desde la perspectiva vincular del psicoanálisis, que es el apuntalamiento en otros lo que cambia la realidad psíquica sin olvidar que ella, tiene la consistencia de la realidad material.

Trabajamos para devolver el protagonismo a aquellos que alienados en el discurso mediático o sostenidos como pueden en él o en los otros que parecen suministrar nuevos apuntalamientos, pierden la posibilidad de recuperar el sentido perdido.

No debemos desestimar el hecho de que en cada denuncia uno puede recorrer modos de subjetivación singulares. Siempre que teorizamos lo hacemos al por mayor. Una manera de rechazar todos esos modos de codificación preestablecidos o de apropiarse de ellos es subjetivarlos de maneras únicas. Así vamos renovando y reordenando un magma de representaciones que irá otorgando sentido, modelo y apoyo a las respuestas que tenemos disponibles para satisfacer nuestros deseos, visibilizar nuestras puliones y responder a las demandas con las que la intersubjetividad nos pone topes.

Si bien la subjetividad es la apropiación personal del discurso social con una modalidad que imprime las determinaciones histórico-genéticas, se va transformando  y se colorea en los grupos de pertenencia. Como me enseñaron los” pibes chorros “-“por la mala junta empecé  a chorear y a jalar pegamento”. Nosotros, colegas, sabemos bien, aunque nos dediquemos a diferentes prácticas,   tenemos un oficio que nos obliga a alojar dolores ajenos y esto nos compromete en la lectura de las fuentes de su  sufrimiento lo más específicamente posible.

Para terminar subjetivizo las palabras de Hannah Arendt cuando afirma: “Todas las penas pueden ser soportadas si narras una historia”. Convertir el sufrimiento en relato  es nuestro trabajo.

dianassinger@gmail.com

[1] XX Congreso de la Federación Latinoamericana de Psicoterapia Analítica de Grupos“,  “CLINICA DE LA DIFERENCIA E INTERCULTURALIDAD”, Noviembre 2013, Buenos Aires. Publicación autorizada por las autoridades del Congreso y los autores.

BIBLIOGRAFÍA:

Mac Gregor Diego: Comunicación personal. Integrante del Cuerpo Médico Forense

Marquevich Mariano: Comunicación personal. Integrante del Cuerpo Médico Forense

Singer Diana: “Yo horror”. Diccionario de Psicoanálisis de las Configuraciones Vinculares;                                                                                                       Ediciones del Candil;  Año: 1999

Samar   Roberto: Planisferio, representaciones y poder”; Diario “pagina12. “26/10/2011

Zaffaroni  Raul  Eugenio: “Pedagogía del lapidado”;  Diario:” pagina12.” 14/08/2011

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