Subjetividad y cultura

Una vivencia en dúo en el congreso de la IPA: 22-25 de julio de 2015

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Lourdes Barba[1]

Simone Hazan[2]

 

En la vida diaria del consultorio se encuentran paciente y analista trabajando juntos, sesión a sesión en un viaje por el mundo interno de cada persona, el cual se prolonga hora tras hora, día tras días, semana a semana. En este nuevo día se abre un espacio para dejar la consulta y viajar al Congreso Internacional de Psicoanálisis de la Asociación Psicoanalítica Internacional, aquí abreviada IPA por sus siglas en inglés, y así dar paso a otro tipo de trabajo.

Miércoles por la madrugada

Lula se encamina al aeropuerto de su ciudad natal, León, para tomar el primer vuelo en dirección a la Ciudad de México. Mientras espera el segundo vuelo para Boston, busca a su querida amiga Simone que junto con sus hijos compartirá esta aventura con ella. Lula mira el reloj y constata con preocupación que está por cerrarse el vuelo; trata de ver a lo lejos las tres siluetas, preocupada llama, manda mensajes y sin otra alternativa, sube al avión y se instala en su asiento. De manera repentina los pasajeros faltantes ingresan al avión tras una carrera desenfrenada por no perder el vuelo a pesar de la lluvia y el tráfico inesperado, la cola interminable en Aeroméxico y la lentitud en el papeleo en Migración. Ya tranquilas y felices de verse, las dos excompañeras de formación se saludan minutos antes del despegue.

Miércoles por la tarde

Después de un vuelo placentero y sin turbulencias, aterrizamos en la hermosa ciudad de Boston, Massachusetts. Sobrevivimos al encuentro con los oficiales de Migración, esta vez del otro lado de la frontera, recuperamos maletas y abordamos un taxi; con poca sutileza, el chofer nos explica que la propina es obligatoria, fijando él mismo su monto.

Miércoles por la noche

Sin siquiera percatarnos de estar faltando a la ceremonia de inauguración del congreso, disfrutamos de una deliciosa cena asiática seguida de un paseo por las calles del centro de Boston. Hacia las nueve y pico, hacemos el intento de tomar café en algún lugar, sin ningún éxito: todos los establecimientos están cerrando. En cambio, asistimos a la instalación de lo que parece constituir la vida nocturna de esta ciudad: en la entrada de muchos negocios, personas de la calle preparan su lecho para dormir. Regresamos al hotel y logramos pedir un café en el bar, donde empezamos a notar caras conocidas del psicoanálisis.

Las sesiones tienen lugar simultáneamente en el WTC y en tres hoteles diferentes; nos asusta un poco la idea de correr y perdernos entre dos pláticas que tengan lugar en salones alejados.

Uno de los temas principales del congreso es la forma como el consultorio del analista se ve impactado por la necesidad de aceptar las nuevas tecnologías para usarlas al servicio del psicoanálisis, dejando por momentos lo presencial para entrar a un espacio virtual.

Jueves 9:00

Como cada mañana en el congreso, el público tiene que escoger entre dos conferencias plenarias. Nosotras elegimos a Roussillon y su ponencia Pour introduire le travail sur la symbolisation primaire y nos sentamos en primera fila para no perdernos una palabra de su conferencia. Cuesta algo de trabajo elucidar el funcionamiento de los aparatos destinados a oír la traducción simultánea pero afortunadamente, el prestigiado autor no ha llegado al auditorio; nos enteramos después que se había equivocado de salón y se preguntaba por qué había tan poca asistencia. Su trabajo trata de la simbolización primaria y de cómo pacientes con una falla en ese nivel requieren de una participación más activa por parte del analista. Como cada una de las plenarias del congreso, la conferencia de veinte minutos es seguida de dos intervenciones de igual extensión por psicoanalistas de otros países que comentan el trabajo del ponente; notamos el cuidado que pone la IPA en que los respondientes pertenezcan a regiones diferentes del mundo, quizás para no herir susceptibilidades; en esta ocasión, el ponente principal es de Francia y los comentaristas son Fernando Orduz de Colombia, presidente de FEPAL, y Lee Jaffe de Estados Unidos.

Jueves 10:30

¡Coffee break! Por todos lados, puestos con una multitud de tazas, jarras de café y botellas de vidrio que recuerdan aquellos tiempos en que el lechero llegaba a las casas, llenas de leche de vaca, leche de soya o crema.

Jueves 11:00

Tras una prolongada sesión de preguntas de la cual Roussillon intenta salir huyendo, un compañero de la APM, que ya es un habituado del congreso, nos guía hacia el salón donde se efectuará una discusión grupal. Este espacio permite que los asistentes trabajen juntos en un esfuerzo activo y resolutivo sobre las ideas lanzadas en las reuniones plenarias. Hay varios grupos de discusión en los cuatro idiomas oficiales de la IPA: inglés, francés, alemán y español. Nosotros optamos por este último idioma, quizás de manera poco atinada; en efecto, todos los latinos del congreso tuvieron la misma idea. El resultado es un salón atiborrado de analistas que en español, frañol o portugués pretenden aportar su comentario acerca de la conferencia de Roussillon; ante tantas aportaciones dispersas, es difícil para Orduz, el moderador, encontrar puntos de unión.

Jueves 14:00

Asistimos a un panel denominado Israel, the West and the Palestinians. Los ponentes pertenecen a un grupo de estudio que intenta dar soluciones al conflicto palestino-israelí desde el psicoanálisis. Los participantes son Nadia Ramzy, que coordina la mesa; Afaf Mahfouz, Martin Kemp, Shuki Cohen y Yasser Ad-Dab’bagh. La primera conferencista habla de la historia del conflicto arabo-israelí desde el punto de vista de una egipcia; el segundo ponente trata de explicar cómo la culpa de los opresores israelíes magnifica su comportamiento violento; el tercero da una conferencia muy personal y conmovedora en la que cuenta sus vivencias creciendo en Israel como hijo de padres respectivamente iraquí y marroquí; y el último, de Arabia Saudita, habla de un mecanismo consistente en que victimarios en el conflicto borran a sus víctimas, dejando de verlas como semejantes.  Desde la introducción del panel, la coordinadora estipula las reglas del juego, insistiendo en que cualquier intervención, sea desde los presentadores o el público, deberá ser escuchada con respecto. No obstante, el ambiente se siente pesado durante todo el evento; una pareja entra después del inicio y sale antes del final, no sin haber intervenido en medio de una de las conferencias en tono molesto. A pesar de que tenemos la oportunidad de hacer preguntas y comentarios, nos quedamos con la impresión de que no se instaura un verdadero diálogo y que cada quien salió con la misma postura con la que entró.

Viernes 9:00

Una multitud vino a escuchar al gran y excéntrico Christopher Bollas. Su conferencia se titula Psychoanalysis in the age of bewilderment y los comentaristas son Silvia Flechner, de Uruguay, y Martin Teising, de Alemania. La ponencia de Bollas se enfoca en lo que él llama el retorno de lo oprimido, significando que en nuestra época el mecanismo de represión ha cedido su lugar preponderante al de opresión. Este término se refiere tanto a una opresión política como de las ideas y emociones, efecto logrado por la uniformización del lenguaje y del pensar causados por los modos de comunicación, así como por la velocidad a la cual se transmite la información en los aparatos de alta tecnología, impidiendo que la asimilación de ésa se efectúe de forma adecuada. Tras la presentación de los tres trabajos se da con el público una discusión acalorada, en la que algunos se ponen a defender la posmodernidad de forma encarnizada. El debate deja partidas las opiniones de los psicoanalistas, unos apoyando el uso de las tecnologías y dando un voto de confianza a la innovación, y otros aferrados al psicoanálisis clásico; tal vez se pudiera pensar que tendemos a refugiarnos en lo clásico como respuesta ante la incertidumbre sobre del alcance de la introducción de las nuevas tecnologías.

Viernes 11:00

Elegimos un grupo de discusión en francés, conducido por Bernard Chervet, quien es acompañado por Marilia Aisenstein. Excelentes guías, encuentran la forma de corresponder con una retroalimentación atinada a cada una de las intervenciones de los participantes; resulta muy agradable participar en este grupo donde lo que une a los participantes aparte del psicoanálisis, es el manejo del idioma francés, sin que la mayoría provengan de un país en particular: detectamos, además de franceses, a rumanos, italianos, ingleses, estadounidenses, canadienses.

Viernes 14:00

Simone asiste al panel Migration and parenthood: new psychoanalytic setting and tools. Las ponentes son Gabriela Guzmán, Marie-Rose Moro, Geneviève Welsh-Jouve, y una cuarta persona que sustituyó a Salman Akhtar y cuyo nombre no aparece en el programa. Desgraciadamente, el número de panelistas rebasa el de personas en el público, pues son solamente tres. Hay que especificar que en algunos horarios, el número de sesiones paralelas es muy alto – en este caso, 41 – hecho que tal vez se justifique por los 2000 inscritos al congreso. No obstante, el evento se desarrolla en un clima ameno y de mucho interés por parte de la audiencia. Las conferencias tratan de casos en los que la migración de los sujetos afecta su vida psíquica de una manera u otra y en diferentes ámbitos: Francia, Chile, Estados Unidos. Agrada observar que las conferencistas se relacionan con sus pacientes sin los prejuicios culturales que uno podría esperar.

Viernes 16:00

Simone se traslada a un salón en el que está anunciado que Will Wadlington dará una conferencia titulada Otto Rank’s trauma of birth through the lens of the Freud-Rank letters. Varias personas llegan a oír la ponencia, cada una por un interés muy específico. Cuando el Sr. Wadlington llega, se sorprende de encontrarlas sentadas, ya que en realidad la sesión se canceló. Ante la insistencia del público, lee su trabajo, el cual relata la relación entre Freud y Rank desde que este último era un joven escritor, y sus avatares relacionados con la publicación del Trauma de nacimiento. En esta sesión todos los participantes son norteamericanos, y Simone se siente un poco fuera de lugar, como si su ecléctica formación no encajara.

Viernes 17:45

Se presenta la película J’ai rêvé d’une grande étendue d’eau, documental realizado en 2002 que muestra la práctica de psicoanálisis étnico de Marie-Rose Moro en el hospital Avicenne de Bobigny. La película, comentada después por Geneviève Welsh-Jouve, muestra a la etnopsicoanalista Moro trabajando con familias del Medio Oriente y de África, cuyos hijos son aquejados de diversos trastornos. El público se familiariza poco a poco con los diversos actores de esta extraña consulta, que sentados en círculo en la sala de consulta trabajan juntos: expertos diversos, familias sufrientes, intérpretes. Marie-Rose Moro maneja todo este mundo de una manera sutil, dejando que cada quien intervenga o pidiendo las opiniones de unos u otros, sin perder nunca la calma ni su sonrisa encantadora. Aquí no hay interpretaciones psicoanalíticas ni señalamientos; por ejemplo, al oír el lapsus de uno de los intervinientes que nombró “esposa” a la hija de una señora africana, Moro se limita con exclamar “¡Estamos revolviendo todo, acá!”

Sábado 9:00

La inglesa Alessandra Lemma da una espléndida conferencia titulada Psychoanalysis in times of technoculture. En vez de las ya clásicas críticas a nuestra era y del listado de patologías engendradas por las nuevas tecnologías, ha elegido mostrar cómo las diferentes herramientas del Internet pueden ayudar a los pacientes en momentos de transición de su vida. La conferencia aparece como revolucionaria desde diferentes ángulos, hecho señalado por los comentaristas Michael Diamond y Leticia Glocer de Fiorini, respectivamente de Estados Unidos y Argentina. Se suscita un clima de abertura y de mucha emotividad.

Sábado 11:00

Una vez más, se elige el grupo de discusión en francés; esta vez el coordinador es Christian Seulin, el salón es más pequeño y el ambiente muy diferente. Los participantes se sienten en círculo, hay varios quebequenses, también gente de otras nacionalidades. La discusión gira en torno a la tecnología con sus pros y contras. Después de la calidez de la conferencia magistral, esta sesión deja una impresión de frialdad.

Sábado 14:00

Simone entra con gran curiosidad a la sesión Can a baby have transference?, con Edward Tronick como ponente principal. Desde los primeros instantes, comprende horrorizada que este lugar no es para ella. Cuando aparecen en la pantalla extractos de película mostrando las pruebas hechas con madres y sus bebés sobre la situación extraña, sale huyendo ante lo que considera un abuso a los infantes. Después de errar por los pasillos sin saber cómo ocupar ahora su tiempo, entra a otro panel: Psychoanalysts reflect on body and skin modifications. Aquí Rosemary Balsam, Isaac Tylim y Uta Karacaoglan hablan de casos de este tipo, lo cual resulta exótico e interesante.

Sábado 16:00

La última actividad del congreso elegida es el grupo de discusión sobre homosexualidad femenina, organizado por Mirta Berman de Oelsner, Adriana Prengler y Judy Korlene Eekhoff. Se inicia leyendo el caso de Freud de la joven homosexual, el cual es presentado como un texto extrañamente avanzado. El coordinador, Samuel Zysman, se nota algo incómodo con el tema y de igual manera, los participantes parecen temerosos al opinar, como si cada uno de ellos temiera ser catalogado, sea como homosexual o como homofóbico. Asimismo, como una de las premisas sobre las cuales muchos parecen estar de acuerdo es que no hay ningún rasgo que pueda caracterizar la homosexualidad como patología, se encuentran con la paradójica conclusión de que no hay nada que discutir. El resultado es, no obstante, un interesante encuentro en un ambiente crecientemente amistoso, en el que una de las personas termina narrando cómo su hija le confesó su homosexualidad, y cómo ella recibió esta comunicación con los brazos abiertos.

Sábado 18:00

En otro taxi en el que tenemos que negociar tarifa y propina, nos separamos: cada quien se dirige hacia un rumbo diferente.

Domingo por la mañana

De regreso al aeropuerto de Boston, Lula escucha psicoanalistas en los cafés y restaurantes, así como en las salas de espera; un libro o un maletín del congreso es el pretexto para un acercamiento, y surge una charla espontánea con temas diversos que transpiran psicoanálisis, seguida de un intercambio de correos. La imagen en su cerebro es de un Freud sonriente.

¡Adiós Boston! Nos gustó mucho esta experiencia cultural y psicoanalítica, como otra faceta de la vida del psicoanalista: el intercambio académico y la escucha de diversos psicoanalistas que dejaron sus consultorios en sus ciudades y países, de Asia a la Patagonia, para presentar en este foro, cada uno con su propio bagaje, ideas antiguas, nuevas, rebuscadas pero activas en cada mente. Nos dejaron no sólo el placer de la plática, sino un enriquecimiento intelectual al asumir que compartimos ideas sobre cómo pensar acerca de nuestros pacientes. Pudimos repensar la forma de trabajo psicoanalítico tomando en cuenta los cambios de esta época, coincidiendo por momentos con los pensamientos propuestos, y otras veces difiriendo con concepciones opuestas. También disfrutamos lugares turísticos de Boston, caminar por sus calles, reencontrarnos a viejos amigos, y conocer nuevos.

Las vivencias presentadas en este escrito son demasiado diversas para que podamos sacar una conclusión unificada acerca del congreso. Sin embargo, pudimos observar un ambiente ameno y una mayor apertura que hace unos años, primero respecto a los usos de la tecnología, y segundo en el tema de la sexualidad, en particular una despatologización de la homosexualidad. Y finalmente comprobamos que el nivel de conocimiento que nos proveen nuestras formaciones psicoanalíticas en México es alto y con la ventaja de que aquí se aprende de todo, desde Freud hasta las escuelas intersubjetivistas, de forma que pudimos participar cómodamente en los foros.

 


[1] Asociación Psicoanalítica Mexicana, lulabarbaz@gmail.com

[2] Asociación Psicoanalítica Mexicana, simhazan@gmail.com

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