Subjetividad y cultura

Terapia de grupo por internet

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Mario Campuzano

Pachuk, Carlos (2014). Terapia de grupo virtual. Curarse por internet. Lugar editorial, Buenos Aires.[1]

Carlos Pachuk es figura notable dentro del movimiento psicoanalítico argentino de las Configuraciones Vinculares y autor, dentro de ese enfoque, de la propuesta contemporánea para los grupos terapéuticos contenida en su libro de 2010 Psicoanálisis vincular. Curarse con otros, escrito en coautoría con Adriana Zadunaisky. Esa propuesta está claramente ubicada en una concepción postmoderna del psicoanálisis multipersonal con enfoque constructivista y énfasis en el acontecimiento, lo actual, el azar y la alteridad, así como en influencias filosóficas.

Hago esta breve introducción sobre su postura psicoanalítica porque explica, en parte, su capacidad para asumir un gran desafío: el proyecto para realizar terapia de grupo virtual que se inició en el año 2009 y duró hasta el 2013, es decir, se mantuvo por cuatro largos años. La otra parte que la explica es la personalidad de su autor que sostiene un esfuerzo cotidiano para mantener la condición física corriendo  varios kilómetros y le llevó a asumir y resolver grandes tareas como fueron el “Diccionario de psicoanálisis de las configuraciones vinculares” y el número de la revista de AAPPG que conmemora el cincuenta aniversario de su fundación y revisa su historia y complejo desarrollo.

El libro sobre Terapia de grupo virtual tiene la virtud de contener abundante material clínico de las sesiones realizadas lo cual permite realizar reflexiones y conceptualizaciones independientes a las realizadas por el autor en el capítulo teórico- técnico ubicado al final. Eso es de agradecer en sus publicaciones que lo alejan de esa tradición de los últimos años de quedarse en el nivel de las elaboraciones teóricas.

LA EXPERIENCIA

La investigación fue auspiciada por una universidad privada y por ello no se cobraron honorarios a los pacientes, factor que seguramente gravitó en el desarrollo de la experiencia, en buena medida a favor al facilitar la inclusión  de personas que de otra manera no la hubieron podido realizar y, por otra parte, la dificultó al no contar con ese filtro de definición del compromiso que son los honorarios, considero que esto y lo nuevo y atemorizante del trabajo dio lugar a muchas presencias volátiles. Los participantes fueron estudiantes voluntarios de la misma universidad y personas ajenas a ese universo, incluso de otros países de habla hispana o portuguesa, que se adhirieron al grupo.

El encuadre tuvo las singularidades correspondientes a la novedosa situación ya que tuvo que incluir, además de los criterios psicoanalíticos convencionales para los grupos terapéuticos aplicables en este nuevo contexto, criterios legales que los abogados contratados sugirieron para proteger a la universidad y a los coordinadores (se plantearon inicialmente dos grupos, pero el segundo no pudo desarrollarse por motivos técnicos). Por esa razón, los participantes fueron informados de quienes serían sus compañeros mediante datos biográficos mínimos de cada uno y se comprometieron a no difundir el material por ninguna vía, es decir, enviar las sesiones a la web o grabarlas.

La volatilidad se manifestó desde el momento inaugural ya que de los siete voluntarios que aceptaron participar solamente se conectaron cuatro: tres mujeres y un hombre de edades entre los veintes y los cincuentas, de los cuales dos eran argentinos y dos de otros países de Sudamérica.

La primera sesión estuvo caracterizada por los clásicos fenómenos de inicio de un grupo terapéutico: ansiedades esquizo-paranoides ante el temor a lo desconocido, aumentado aquí por lo novedoso de la experiencia que también le daba un sentimiento de descubridores de un nuevo mundo como Colón, el mundo nuevo de la terapia de grupo virtual. El organizador psíquico inconsciente de esta primera sesión fue la esperanza mesiánica que generó un supuesto básico de apareamiento en la pareja Alberto- Albertina, señalado por el coordinador, Carlos Alberto, e involucrando a una de las participantes, Albertina, que fue la que en esta primera sesión incluyó material personal de análisis y calmó al grupo con el tono humorístico de sus intervenciones. De estos pioneros el hombre se mantuvo como eje del grupo de principio a fin del mismo y las tres mujeres permanecieron un año de los cuatro que duró el trabajo.

Los dos primeros años tuvieron membresía muy cambiante, cuya estancia promedio era de tres o cuatro meses y provenían de España, Latinoamérica y distintas provincias de Argentina, luego se conformó un grupo estable que se mantuvo durante el resto del tiempo. Los problemas técnicos fueron una constante de la experiencia, lo cual orilló a que algunas sesiones se realizaran sin imagen y otras tuvieran que realizarse por escrito, en chat. Por ende, la capacidad de resolver problemas técnicos se agregó a las tareas terapéuticas del coordinador.

El grupo estable pudo ir más allá de las intervenciones en crisis y sustentar un proceso psicoanalítico semejante a los que vemos en el consultorio, si bien más corto, donde se trabajaron temas humanos universales como los duelos y los conflictos de pareja, con la consecuente presencia de las pulsiones de vida y de muerte. En ese tiempo llegó a tener hasta ocho integrantes, el máximo posible, y se redujo a cuatro en los últimos seis meses. Uno abandonó como expresión actuada de sus dificultades de compromiso vincular y otros interrumpieron por migraciones que les permitían acceder a psicoterapias presenciales.

Los cuatro veteranos y un joven español terminaron el tiempo de la experiencia y lograron trabajar el desprendimiento de los intensos lazos afectivos que habían establecido con los miembros del grupo, con el proceso psicoanalítico y con el psicoanalista, o sea, que en esta terapia on line son distinguibles etapas (inicial, media, de terminación) y procesos semejantes a los de una terapia presencial de grupo, pero también hay diferencias y peculiaridades que el autor  registra y busca comprender a lo largo de todo el libro.

DISCUSIÓN

La atmósfera de descubrimiento, aventura y novedad que aparece de manera intensa en el inicio del grupo abarca también al autor que continúa el relato y reflexión sobre la aventura clínica de la psicoterapia virtual con la  construcción de la segunda parte del libro en forma literaria, iniciando con un relato sobre una semana sin celular y luego con ficciones futuristas sobre un mundo dominado por la tecnología. Pero esta no es, seguramente, la única motivación, en el texto él mismo destaca que “la aceleración de la esfera informática está produciendo una mutación cognitiva en el psiquismo” y, como acabamos de ver en el impulso motivacional de la escritura del libro que comentamos, también debe producir cambios afectivos y actitudinales.

Esto se aprecia claramente en la reseña de una sesión individual única por chat, donde el conflicto planteado por la paciente es una relación extramarital virtual a través de un programa que crea un mundo virtual y que genera profundas e interesantes reflexiones del psicoanalista. En esta sesión única también se vuelven evidentes tres características que considero debe tener el psicoanalista que quiera abordar este tipo de práctica clínica: una personalidad adaptable a situaciones imprevistas y con capacidad de respuesta rápida, solvencia teórico- técnica para un trabajo cuyas demandas tienden a ubicarse en lo actual y situacional y un dominio amplio de las tecnologías y programas modernos de comunicación.

 Un punto que habría que considerar para experiencias futuras sería el de la conveniencia de un encuadre estable a través de solicitar que las sesiones, además de días y hora fijas, se realicen en el mismo lugar, hasta donde sea posible, y que ese ámbito tenga condiciones de privacía.

Para concluir, se trata de un libro muy bien escrito sobre una experiencia terapéutica pionera que atrapa el interés que tiene la virtud adicional de inducir multitud de reflexiones, no sólo de índole psicoanalítica sino sobre la creciente influencia e importancia de la dimensión tecnológico-cultural en nuestras vidas.

                                                          


[1] Carlos Pachuk es médico, psicoanalista vincular. Miembro y ex Presidente de la Asociación Argentina de Psicoterapia Psicoanalítica de Grupo (AAPPG). Compilador del “Diccionario de Psicoanálisis de las Configuraciones Vinculares”, 1998. Coautor de “La pareja, encuentros, desencuentros y reencuentros”, 1996; de “Los hijos de la fertilidad asistida”, 2001; de “Psicoanálisis vincular, curarse con otros”, 2010 y de “Familias y parejas”, Psicolibro, 2011.

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