Subjetividad y cultura

Sobre La Migración como Metáfora, un libro de Jean-Claude Métraux

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Simone Hazan[1]

Después de las esperanzas suscitadas por la primavera árabe hace apenas cinco años, varios de los países involucrados han sido alcanzados por el caos que deja la desaparición de un régimen autoritario, así como por la toma del poder por gobiernos o grupos armados que en ciertos casos se revelan aún más terroríficos que los anteriores dirigentes. Estos hechos han acrecentado los fenómenos migratorios, ocasionando un derramamiento de población de proporciones gigantescas desde África y el Medio Oriente hacia Europa. Muchos de estos migrantes han encontrado una muerte trágica en su camino por mar o por tierra, la mayoría sigue en búsqueda de un lugar de acogida, y algunos ya tuvieron la suerte de ser recibidos en nuevos países donde ellos y sus hijos se tendrán que adaptar de la mejor forma posible.

Como lo indica el título del libro de Jean-Claude Métraux, de lo que se trata aquí no es solamente de estas migraciones geográficas con todos los desgarramientos que implican para los afectados y los familiares que se quedan en la tierra de origen, sino de la migración en cualquier sentido metafórico que se pueda imaginar. A través de esta obra de gran sensibilidad y honestidad, el autor nos llevará a reconocer muchos fenómenos migratorios que solemos tener ante nuestros ojos, pero que no reconocemos como tales.

1.Antecedentes 

Jean-Claude Métraux es un paidopsiquiatra suizo que radica en Lausanne, su ciudad natal. Sus estancias laborales en Jinotepe, Nicaragua y en Sarajevo, Bosnia-Herzegovina, así como su trabajo con migrantes en Suiza desde 1993, le han hecho percatarse de que Todos somos migrantes (pág. 30); para ilustrarlo, narra en el primer capítulo la historia de sus antepasados paternos y maternos que a pesar de provenir de regiones cercanas a Lausanne, vivieron sus propios exilios en más de un sentido.

Es autor de varios artículos y libros, entre los cuales uno trata de los duelos colectivos y la creación social (2004). En la presente obra, la mayor parte de los datos que emplea en su argumentación son de fuentes suizas o francesas.

Existen dos referencias importantes que se encuentran presentes en este libro. De una de ellas se inspiró Métraux para bautizar su obra, como él mismo lo revela; se trata de Illness as Metaphor[2], de Susan Sontag, La otra referencia es Orientalism, un libro de 1978 que apareció en una traducción española en 2003; su autor es el intelectual palestino-americano Edward Said, quien critica la posición occidental desde la cual se estudia o representa el Próximo y el Medio Oriente de forma literaria o artística, con sus estereotipos y sus implicaciones en términos de dominación política, económica y cultural.

2.Fenomenología de la migración 

Aunque todos seamos migrantes, el autor subraya que el fenómeno en cuestión no debe ser trivializado, y que para poder hablar de migración es necesario identificar en la persona afectada un proceso que consta de seis etapas.

2.1.Vivir en un mundo y ser de él 

El bebé que nace se encuentra inmerso en un mundo conformado por su familia, y de manera más amplia, una comunidad que comparte un idioma o más. Al crecer en dicha comunidad y usar sus lenguajes, el nuevo ser no sólo vivirá en el mundo en cuestión sino que será de él. De la misma manera, todos vivimos en varios mundos superpuestos en cada momento dado de nuestra vida, mundos que son “obra de una comunidad cuyos miembros están vinculados por una pertenencia común, o sentido compartido” (pág. 50). Se puede tratar del mundo de la escuela, del trabajo, alguna comunidad religiosa, una nación, etc. Sin embargo, el vivir en un mundo no implica que necesariamente le pertenezcamos, ya que existen múltiples factores que favorecen a la exclusión o la autoexclusión de los miembros, además de que un migrante que llega a un mundo nuevo necesitará pasar por varias etapas para ser de él. De esta manera, el vivir en un mundo puede significar encontrarse en él en un sentido espacial y/o temporal, pero para ser de dicho mundo se necesita además el “compartir una pertenencia con los miembros de esta comunidad” (pág. 51).

2.2.Ser de este mundo

Existen tres formas de dejar un mundo al que uno pertenece. Una de ellas consiste en dejar de vivir en él pero siguiendo siendo de él, como pasa con muchos migrantes que dejan atrás a sus familias y trabajan para mantenerlas; la segunda, a la inversa, sucede cuando una persona que vive en un mundo es empujada hacia sus márgenes; y finalmente, se puede dejar de vivir en un mundo a la vez que se deja de pertenecerle. Cada una de estas tres formas de exilio conllevará una o varias pérdidas, mismas que necesitarán de un duelo:

A la primera forma de exilio se asocia la pérdida de un entorno, consistente en personas y objetos; el duelo correspondiente es llamado por el autor duelo de Tí. En la segunda forma, existe una devaluación del lugar que el sujeto ocupa en la sociedad, lo cual se traduce en duelo de Sí; al mismo tiempo se va disolviendo la pertenencia compartida a la comunidad, implicando un duelo de sentido. Claramente, en el caso de la tercera forma se darán los tres tipos de duelo.

Métraux establece una suerte de correlación entre migración y pérdida significante, explicando que esto último es una condición necesaria para que un cambio vital sea considerado una migración. A su vez, una pérdida amerita ser llamada significante “cuando es suficientemente importante para engendrar un proceso de duelo” (pág. 56). Desafortunadamente, en cantidad de procesos migratorios no se lleva a cabo un duelo satisfactorio a causa de los mecanismos que se suelen desplegar  para negar las pérdidas. El autor distingue dos en particular, a saber: la fase de rechazo o de cerrazón, en la que el sujeto niega que lo que se perdió haya existido o hace como si lo hubiera vuelto a encontrar; y el congelamiento de los duelos, el cual generalmente ocurre cuando el migrante está demasiado ocupado en su supervivencia para trabajar sus pérdidas.

En los casos en que sí se efectúa el proceso de duelo de forma adecuada, a la primera fase de cerrazón sigue una segunda, llamada depresiva o de apertura, que se caracteriza por sentimientos de tristeza y culpa. Quien piensa en términos kleinianos podrá equiparar la fase de cerrazón con la posición esquizo-paranoide, y la de apertura con la depresiva. La última etapa del duelo se titula fase del recuerdo  y consiste en una historización de la vida del sujeto, narrativa que ayudará a dar un sentido nuevo a la vida actual a través de los sentidos pasados.

2.3.Pasar de un mundo al otro

En nuestras memorias, el paso de un mundo a otro suele ser asimilado con un momento particular, el cruce de una frontera, un sello en el pasaporte, la llegada de una carta de aceptación. En realidad este pasaje no siempre coincide con tales momentos simbólicos, puede ser algo más borroso y que llegue antes o después de la mudanza efectiva. De la misma manera, los cambios de épocas suelen ser representados en la historia con momentos clave, alguna manifestación, un concierto, un asesinato, aunque esos momentos sólo sean el momento en que se cristaliza algo que se venía gestando desde varios años atrás. En la vida de un individuo existen etapas como el nacimiento, la infancia, la adolescencia, la vida adulta y la vejez, cada una de las cuales define la pertenencia a un mundo; sin embargo, como lo señala el autor y conforme a la caracterización de la migración dada en el inciso anterior, el paso de un ciclo de la vida al que le sigue no constituye una migración, a menos que las transformaciones y reconfiguraciones dentro de la misma sociedad hagan que los mayores ya no se reconozcan “en los roles nuevos con los cuales los inviste frente a los más jóvenes” (pág. 68). También existe una migración forzada cuando dentro de un mismo espacio geográfico se dan cambios de manera acelerada que pueden ser, por ejemplo, de orden político como un cambio de régimen, tecnológico como ha sucedido con la introducción acelerada de herramientas informáticas, o climático como está sucediendo en los últimos años.

2.4.Un mundo nuevo 

Según Métraux, la entrada en un nuevo mundo tiene dos extremidades: “Inicia cuando el migrante empieza a percibir señales de alteridad en el mundo que lo rodea. Se termina cuando ha adquirido la convicción que de ahora en adelante vive en otro mundo, habitado por pertenencias diferentes de la suya.” (Pág. 70.) El autor señala que dicha entrada será facilitada o dificultada por la forma como los habitantes del nuevo mundo reciban al migrante, y de la misma manera, por la apertura que este último tenga hacia los sabores y sonoridades nuevos.

2.5.Vivir en un mundo nuevo 

En este apartado, se subraya la multiplicidad de sociedades que existen en el mundo, y la jerarquía que impera entre ellas según su ubicación en el norte, sur, este u oeste. Estas diferencias implican que la posición que ocupa una persona en cierto mundo pueda cambiar radicalmente cuando migre a otro mundo. Así, alguien que migra desde un país desarrollado a un país del tercer mundo podrá ocupar un lugar mucho más alto en este último; a la inversa, una persona que tenía una muy buena posición en su país de origen puede perder su estatus en el nuevo país. Métraux establece una distinción entre las sociedades de supervivencia  y las de Europa Occidental, América del Norte y Oceanía. En las primeras son fundamentales las “reglas de descendencia, normas de alianza, prescripciones de residencia, funciones y terminología del parentesco” (pág. 78). En las segundas, afianzadas desde hace siglos, se conservan poco de las normas mencionadas porque la supervivencia física e identitaria parece asegurada; por otro lado, en las sociedades occidentales existe una actitud de superioridad hacia los usos y costumbres de otras sociedades, de forma que los migrantes son frecuentemente rechazados en cuanto a sus costumbres religiosas, el uso de otro idioma o su forma de educar a los hijos. En el caso de una familia migrante en la que existan al menos dos generaciones, los adultos tenderán a atrincherarse para proteger su cultura de origen, y los jóvenes estarán partidos en dos, viviendo por un lado en el mundo local de la escuela, y en el otro en el de los padres, incompatible con el primero. Esta incompatibilidad de ambos mundos causará muchos dramas en los que los jóvenes migrantes vivirán una doble marginalización que los llevará a veces hasta el suicidio.

2.6.Ser de este otro mundo 

Es muy distinto el vivir en un mundo del sentirse parte de él, y como lo subraya Métraux, pocos migrantes llegan hasta esta última etapa, quedándose en la anterior. Se distinguen dos formas de volverse parte de un mundo, una siendo la asimilación y la otra la integración creativa. Desgraciadamente, en las sociedades occidentales se tiende a forzar la asimilación al obligar a los migrantes a adoptar los usos y costumbres locales; a su vez, muchos migrantes, y muy particularmente los niños y jóvenes, se tratan de asimilar a expensas de su lengua y personalidad de origen, ya que sienten que esta forma es la única que los hará ser aceptados. Por el contrario, la integración creativa “implica el reconocimiento del aporte respectivo de los dos mundos. Seguir siendo uno mismo a la vez que uno se vuelve otro. Mezclar los hilos de dos pertenencias.” (Pág. 91.)

Un aspecto de la migración que impide la consolidación de la última etapa es la ilusión de regresar al mundo de origen. Sin embrago, el factor temporal tiene la consecuencia de que el migrante que vuelve a su país de origen no encontrará el mundo que dejó, así como él mismo será una persona diferente. Sólo los migrantes que llegaron a la última etapa del viaje podrán regresar a su tierra de origen y sentirse cómodos, habiendo realizado su duelo de forma exitosa.

3.Sabor a orientalismo 

La segunda parte del libro muestra cómo en las últimas décadas, el orientalismo  colonialista se ha transformado en un orientalismo para dentro, hacia los migrantes. En el capítulo III el autor trata el tema de las políticas migratorias a través del tiempo, enfatizando los sesgos de las mismas en términos raciales y económicos.

Por ejemplo, después de la Segunda Guerra Mundial las antiguas potencias coloniales encontraron una nueva forma de explotar los países que habían colonizado, empleando a aquellos de sus habitantes que emigraban como mano de obra barata; en el caso de Estados Unidos, los que jugaron este papel fueron, y siguen siendo, los trabajadores mexicanos. Para los estados involucrados, estos migrantes son unos comodines que, según las necesidades del momento, fungen como mano de obra o chivos expiatorios. Por otro lado, algunos gobiernos limitan con sus leyes migratorias la entrada al país de ciertos grupos étnicos, por ejemplo los asiáticos en Estados Unidos, bajo etiquetas como compatibilidad racial o tipo nacional. Así, los migrantes son divididos entre buenos y malos, ciertas etnias siendo presentadas como más aptas que otras para ser aceptadas en un país dado.

El autor menciona la creación del concepto de nación por los políticos, como una forma ilusoria de reunir todas las clases sociales bajo una misma bandera, y así contener la ascensión del proletariado. De forma paralela, los universitarios jugaron un papel importante en el refuerzo de un cierto discurso sobre los migrantes, como una forma de disfrazar la discriminación racial y social bajo una apariencia académica o científica, fenómeno denunciado por Edward Said en su crítica del orientalismo. Un caso particular de estas miradas científicamente sesgadas hacia los migrantes se encuentra en la psiquiatría y la psicología, con sus pruebas para filtrar inmigrantes, sus prejuicios a la hora de diagnosticar miembros de grupos étnicos distintos, yendo hasta crear subramas de su ciencia como, al final de la Primera Guerra Mundial, la psiquiatría musulmana. Aun cuando se trataba de defender a las víctimas de los prejuicios raciales, los mismos defensores usaban términos sesgados, viendo a los objetos de su estudio solamente en función del país europeo de referencia, por ejemplo al enfocarse en la capacidad de asimilación de los extranjeros como un punto a favor. Una de las formas que los gobiernos han empleado para limitar la inserción de los migrantes es la restricción de su estatus en el país; por ejemplo, limitando el tiempo de sus estancias, impidiendo la venida de sus familias y cantonándolos a habitaciones precarias en zonas específicas. A partir del momento en que se empezaron a instalar familias de migrantes, se creó una nueva forma de diferenciarlos de los nativos, enfatizando su retraso respecto a los criterios educativos o culturales, sus déficits por colmar.

Un concepto clave para entender el punto de vista del autor es el de maestría, una ideología dominante en el occidente desde la Ilustración, en la que se exaltan el conocimiento y la idea de cambio como progreso. Desde el ámbito de la maestría, es fácil evaluar a los migrantes y subrayar sus déficits. Además, únicamente los conocimientos avalados por el estado en cuestión se consideran válidos, de forma que para un migrante, sólo se valorarán sus conocimientos del idioma y de la cultura local, sin considerar los propios.

A lo largo de las décadas, el lenguaje que adorna los fenómenos migratorios ha ido modificándose, como lo ilustra la progresiva desaparición de los términos derivados de los verbos emigrar e inmigrar. Ahora se habla simplemente de migrantes,  cambio que según el autor en un primer tiempo subrayó el carácter universal del ser migrante, pero que en la actualidad sirve para eternizar el estatus flotante de esta población. Por otro lado, en los años 80 se trató de atenuar en Suiza el enfoque de los déficits, para reemplazarlo por el de multiculturalismo, en un intento del estado por reconocer las culturas de los diversos grupos étnicos. Recientemente este término se vio reemplazado por el de interculturalismo, que apunta a asegurar una relación equitativa entre los seres humanos y entre pueblos. Una de las herramientas del interculturalismo, que prolonga la tendencia ya mencionada al academismo en el contexto de los déficits, es la investigación, especialmente en el campo de la salud. A pesar de la apariencia científica de tales proyectos, en los hechos se trata de investigaciones donde los migrantes son los sujetos observados sin tener voz ni voto, y cuyos resultados terminan sirviendo la causa de los déficits al señalar una vez más las deficiencias de los migrantes que “no se integran”, tienden más al abuso de drogas, etc. Aun con la nueva etiqueta de interculturalismo y con todas las instituciones creadas para reforzar éste, los migrantes siguen invisibles como grupos que también pueden ser expertos o participantes de manera otra que la que es predeterminada por el gobierno.

4.Palabras preciosas

 La parte del libro que lleva este título está dividida en dos capítulos y es para mí la que más refleja la sensibilidad y la creatividad del autor. Es aquí donde propone soluciones originales a la iatrogenia generada por todos los orientalismos operantes en los servicios sociales, educativos y de salud en su trato hacia los migrantes.

4.1.Dádivas en palabras 

Todo intercambio entre humanos se efectúa de acuerdo a una de tres modalidades: la dádiva, el mercado y los servicios. En las sociedades tradicionales prevalece la primera, mientras que el predominio de los segundos se hace cada vez más evidente en el mundo occidental; no obstante, existen acciones dadivosas aún bajo la simple prestación de servicios, como en el caso que relata Métraux de la enfermera que ofrece palabras amables al paciente al que está a punto de sacar sangre. Este tipo de dádiva que se sale del marco estricto de los intercambios comerciales o de servicio es lo que para el autor puede ayudarnos a salir del atolladero en el que nos encontramos respecto al trato a los migrantes.

Aquí se apoya en los trabajos de dos antropólogos, Marcel Mauss y Marchall Sahlins. En 1925, el primero había detectado tres momentos en el proceso de la dádiva: el dar, el recibir y el devolver, también llamado contradádiva. En cuanto al segundo, definió los tres círculos de la reciprocidad. El primer círculo delimita el espacio familiar, en el que reina la reciprocidad generalizada; aquí no se contabiliza lo que se da y uno no espera nada a cambio, como la madre que amamanta a su bebé. Adentro del segundo círculo se da la reciprocidad equilibrada, como suele suceder entre aliados o amigos: aquí se trata de corresponder a regalos e invitaciones por sus equivalentes. El tercer círculo es el de los otros, los enemigos; de ellos sólo se intenta sacar el máximo provecho, o se practica el potlatch, una forma de obtener poder al inundar al otro de regalos a los que jamás será capaz de corresponder.

Hay que especificar que Métraux difiere de Sahlins al pensar que aún adentro del primer círculo, es más sano que se dé una contradáviva, como en el caso de los hijos que cuidan a sus padres cuando envejecen, pues de otra forma se pueden crear deudas invisibles abrumadoras. Entre las muchas anécdotas ofrecidas por el autor y que nos muestran su involucramiento con los migrantes que trata, se encuentran unos relatos que ilustran cómo a veces es necesario aceptar las contradádivas que ofrecen los beneficiarios de servicios médicos o sociales.

Asimismo, observa que una forma particular de regalo es el que consiste en palabras, por ejemplo una promesa, una intervención terapéutica, una narración. El aceptar una dádiva en palabras puede llevar a una persona a que a su vez acepte ser ayudada, como lo muestra la conmovedora experiencia que tuvo Métraux al ser solicitado por la esposa de un sobreviviente de la tortura en un campo de prisioneros. Ese hombre encerrado en su silencio se negaba a consultar un profesional de la salud mental, hasta que Métraux fuera a visitar a la familia en su domicilio, tomara el café preparado por la abuela, y recibiera la dádiva en palabras ofrecida por ésta, quien leyó el futuro del psiquiatra en la taza en la cual había bebido.

El autor introduce una terminología en torno al don de palabras, distinguiendo tres categorías: las palabras moneda, que son las que intercambiamos con cualquiera y que no tienen significado más allá de su sentido literal; las palabras preciosas, que “llevan dentro de sí la marca indeleble del donador y contribuyen, como las de la abuela bosniaca, a construir y nutrir un lazo de alianza” (pág. 185); y las palabras sagradas, destinadas a permanecer dentro del cerco familiar y que se relacionan con lo íntimo y secreto. Cabe destacar que las palabras sagradas pueden volverse preciosas al ser compartidas, y que a su vez las palabras preciosas se pueden convertir en moneda si se trivializan al ser divulgadas repetidas veces. En particular, es importante que un prestador de servicios respete la esfera sagrada y no insista en que se le revele la información que pertenezca a ésta.

Además de su recomendación de que los profesionales de la salud acepten contradádivas para que sus intervenciones no sean percibidas como un potlatch en palabras, el autor sugiere el don de palabras preciosas que dejen entrever que uno no es omnipotente y tiene sus propias fragilidades. Aquí se enuncian siete tipos de tales dádivas.

a)    Confesiones acerca de nuestra propia impotencia.

b)   Confesiones acerca de nuestra incompetencia y nuestros sentimientos de derrota.

c)    Develamientos de nuestra ignorancia.

d)   Expresión de nuestras emociones.

e)    Compartir de nuestros valores y creencias.

f)    Referencias a nuestra propia historia, con riesgo de evidenciar las desigualdades entre nosotros y las personas a las que ayudamos.

g)   Toda forma de reconocimiento, incluyendo la gratitud.

4.2.Soplos de reconocimiento 

En el último capítulo del libro, la palabra clave es reconocimiento. Así como es fundamental que un recién nacido obtenga el reconocimiento de sus padres, todos necesitamos ser reconocidos por lo que somos durante cualquier etapa de nuestra vida, tanto por los seres cercanos como por la sociedad. Y aunque esta observación parezca sencilla, es poco frecuente que una persona se sienta reconocida de forma tan completa como se desearía, por todas las complejidades presentes en la inserción de un sujeto cuya identidad es de por sí compleja, en un grupo o varios con sus múltiples particularidades. Siguiendo a Ricœur, el autor menciona tres tipos de reconocimiento: identificar algo o alguien; reconocerse a sí mismo, particularmente respecto a las capacidades de uno; y reconocer a alguien más, por ejemplo en cuanto a sus derechos o en el sentido de tenerle gratitud. El término empleado por Ricœur para designar esta tercera forma es el de reconocimiento mutuo, para resaltar la necesidad de que los reconocimientos se efectúen de manera simétrica.

La migración de un individuo puede causar un gran desequilibrio en la red de sus relaciones familiares y sociales, causando en particular cambios de estatus como se señaló más arriba. Una persona puede perder todo el reconocimiento social del que gozaba en su país de origen, o al contrario adquirir uno nuevo. En el caso de los hijos de migrantes, se encuentran en la difícil búsqueda de un doble reconocimiento: el de su familia de origen, con sus costumbres diferentes de las del país de adopción; y el de la sociedad de este último. Los adolescentes en esta situación se encuentran en un estado de especial fragilidad que y dificulta el logro de la integración creativa definida en el apartado 2.6. Esto significa en la práctica que tratarán de satisfacer a ambos medios, comportándose de una manera en casa, y de forma diametralmente opuesta afuera. Desgraciadamente, tales intentos conllevan un alto costo para la personalidad, y muchas veces conducen al fracaso y a la doble marginalización y la violencia.

Es fácil constatar que la dinámica de los reconocimientos se encuentra estrechamente entrelazada con aquella de la dádiva. Para contrarrestar los efectos sobre los migrantes de las sociedades occidentales, Métraux propone otra serie de prácticas paliativas para los profesionales de la salud, encaminadas al logro de las tres formas de reconocimiento. En el caso de la primera forma, se trata de identificar nuestras similitudes y diferencias, así como reconocer nuestra ignorancia acerca del otro y su sufrimiento; para apoyar al sujeto en el reconocimiento de sí mismo, hay que alentarlo a darle continuidad a su vida narrándola, a decir y actuar a pesar de las trabas que la sociedad de adopción le pone, reconocer su responsabilidad y formular, aunque sea de forma implícita, una promesa de que el lazo que nos une con el migrante no se limita a un encuadre institucional; en cuanto a la tercera forma, el autor recomienda mostrar aprobación y gratitud, de reconocer los derechos del sujeto y demostrarle estima social.

5.Conclusión 

México ya no tiene grandes olas de inmigración como en los siglos pasados, pero su territorio sigue experimentando movimientos migratorios geográficos, principalmente la entrada de migrantes desde América Latina, el exilio de mexicanos a los países del norte, y los vaivenes entre regiones rurales y la provincia, y la Ciudad de México. Pero me parece que la aplicación de un libro como el de Métraux se encuentra más bien en tres esferas principales de migraciones de tipo social o temporal:

1)   En este país con clases sociales tan marcadas, se han dado a lo largo de las generaciones movimientos de ascenso social que se pueden considerar verdaderas migraciones; un factor característico de tales mudanzas es que las familias que han accedido a una posición social más alta suelen buscar la asimilación y negar su clase de origen, debido a una mezcla de sentimientos como la vergüenza y el miedo a ser devuelto a la posición anterior. Así, el proceso descrito en la sección 2 se ve entorpecido y el trato entre clases sociales se tiñe de odios y desprecios.

2)   Un ingrediente que en México complica el interjuego de clases sociales es el llamado factor racial, con la discriminación hacia las poblaciones indígenas y la marcada preferencia de una gran mayoría de mexicanos por los rasgos europeos como la piel blanca, el cabello rubio y los ojos claros. Una lectura de la sección sobre el orientalismo traduciéndola al contexto mexicano sería muy útil para que nos pudiéramos percatar de todos los sesgos presentes al hablar de las poblaciones indígenas o al dirigirnos a sus miembros.

3)   Finalmente, una migración por la que todos los no tan jóvenes han atravesado, sea en este país o en otro, es la entrada al mundo posmoderno, la globalización y la era de la tecnología y del Internet. Como lo señala Métraux, se trata de una época de fragmentación de los lazos sociales y de las comunidades, en la que los sentidos se encuentran ausentes y cada individuo debe inventarse sus propios sentidos, con la imposibilidad de compartirlos socialmente.  El autor califica nuestra era con la palabra desequilibrio. Se podría decir que en México este desequilibrio se potencializa con el desequilibrio económico y social, creando por un lado más pobreza y por el otro situaciones tristemente paradójicas; por ejemplo el hecho de que es prácticamente obligatorio poseer un teléfono celular y tener acceso al Internet para navegar en la sociedad y la burocracia gubernamental, siendo que la mayoría de la población no tiene acceso a lo necesario en términos de alimentación o vivienda.

REFERENCIAS 

MÉTRAUX, Jean-Claude (2004). Deuils Collectifs et Création Sociale. París, La Dispute.

MÉTRAUX, Jean-Claude (2011). La Migration comme Métaphore.  París, La Dispute.

SAID, Edward (2003). Orientalismo. Nuevas Ediciones de Bolsillo.

Wikipedia. Edward Said. https://es.wikipedia.org/wiki/Edward_Said.

 


[1] simhazan@gmail.com

[2] La traducción española del libro de Sontag tiene como título “La enfermedad y sus metáforas” y no “La enfermedad como metáfora”.

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