Subjetividad y cultura

Puntos de emergencia y funciones del psicoanálisis vincular en Latinoamérica

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Elina Aguiar [1]

Compartiré con Uds. sólo una mirada posible sin intenciones de ser exhaustiva.  La AAPPG se funda en 1954  y al poco tiempo su Revista de Psicología y Psicoterapia de Grupo. Nos encontramos allí con trabajos que van desde grupos terapéuticos, grupos operativos, la violencia social y sus efectos en los grupos, repercusiones de una conmoción social en el medio hospitalario, familias, pareja,  etc.

Pero a fines de los 70 los grupos  de psicoterapia analítica perdieron mucho espacio en relación a las prácticas  en las instituciones y a la formación.

Podemos pensar en  varios motivos. Por sobretodo: durante la última dictadura cívico-militar de la Argentina se prohibía a las personas caminar en grupo por la calle, tanto es así que los terapeutas de grupo nos vimos obligados a buscar estrategias tales como  la indicación de abandonar el consultorio de a uno por vez y no quedarse hablando entre ellos en la calle. Los grupos de todo tipo estaban prohibidos en los Hospitales, la prohibición se fue internalizando y bloqueó poder pensar sobre   efectos  del terror en nuestras prácticas y en las teorías

Como analiza L. Susssman (83)  desde  esos años, como a otras tantas actividades el terror dejó huellas en  nuestro  trabajo en y con grupos. Desde el 75 al 79, trabajar con grupos era  tarea peligrosa, riesgosa.

En aquellos tiempos muchos terapeutas daban consignas a sus pacientes por si eran interrogados, coartadas que disimulasen la práctica subversiva en que habían devenido las terapias grupales. En “estado de sitio” estaba penado con muerte el mero hecho de agruparse. Sobre este fondo de horror, de estar a merced de la violencia de Estado, entonces  para poder resistirlo hubo que olvidar: se olvidó que la psicoterapia de grupo era un rico camino para la cura, se olvidó por orden del terror.

Entonces, cuando ya no se podía trabajar con grupos, se comenzó a pensar  que la psicoterapia grupal no respondía a la teoría psicoanalítica.(L.S.)  (trabajo  subido  a la pág.  WEB FLAPAG, L. Sussman, 1983)

Luego surgió un cierto desprecio por los psicoanálisis  vinculares, que no eran considerados como “psicoanalíticos” y un auge de algunas escuelas lacanianas que también  los menospreciaban,

En la formación de los psicólogos la materia Grupos es una materia general obligatoria pero la de Clínica Psicoanalítica de Grupos es habitualmente optativa para el último año de la cursada.  En  la formación de los otros profesionales de la Salud Mental: médicos, Trabajadores Sociales, ocurre lo mismo No se toma en cuenta la  necesidad de   trabajo interdisciplinario y en red.

Los análisis de familia y pareja fueron tomando un lugar importante en los post grados y sus enseñanzas se teorizaron y  difundieron.  Desde  hace pocos  años en  la AAPPG  intentamos darle relevancia  también  a los  grupos en el  Centro Asistencial Andrée Cuissard.  Esto ocurre también  en los Hospitales.

¿Qué pasa hoy con las familias?

Las funciones  maternas y paternas  tienen condiciones para que puedan ser ejercidas por el padre o la madre reales o sus substitutos.

La familia es mediadora del “orden imperante” (S.Freud). Si este orden es repetitivamente traumático: consumista, elitista y con sobreexigencias laborales, estas invaden la vida privada, excluyendo a quien no se  someta al  sistema; esto  deja a los padres en situaciones de desamparo subjetivo.

¿Es el terror a la exclusión, el traumatismo acumulativo que coloca a las personas que trabajan en un  lugar pasivo?, tanto a los que tienen trabajo como a los que no lo tienen.  La sobrecarga de trabajo pone en peligro las condiciones necesarias para el juego de la fantasía, la afectividad y sus vínculos familiares y sociales; se expone así a una fragilidad vincular que nos interpela como analistas.

Estos padres no podrán ser soportes para la vida psíquica de sus hijos: “Sólo podrán ser ejercidas las funciones simbólicas si  los padres son pensados como  otros  en la trama social.” (G. García Reinoso, 93).

Hay allí una relación con la irresponsibilización del otro Social (Estado) con respecto a los ciudadanos y las consecuentes violencias por omisión, por abandono . Si el Estado no sostiene a  los padres,  ellos no podrán  a su vez sostener a sus hijos…

Así, hoy, el lugar de los padres adquiere límites difusos y atraviesa las distintas capas socioeconómicas con sus peculiaridades.

Otra cuestión importante es repensar nuestro propio  vínculo con el trabajo: sus condiciones. ¿Nos conformamos ante  condiciones laborales que no aceptamos?,  ¿cómo explicar esa “tolerancia social”?, ¿el  psicoanalista también es un trabajador precarizado y pasivo?, ¿qué tipo de trabajo psíquico es necesario sobre nosotros mismos como trabajadores para pasar de espectadores a actores de transformación?  Y nos vamos acostumbrando a  la sobre-ocupación, sub-ocupación, explotación disfrazada de trabajo “honorario” … gratis en suma, o a la “dis-ocupación (trabajo en condiciones no dignas, no favorecedoras de nuestro desarrollo y crecimiento mental).

Como señala Arendt, H. (1993) “la maldad puede ser causada por la ausencia de pensamiento”. El no pensar favorece el surgimiento de las nuevas formas de sufrimiento laboral: el silencio, la naturalización y la “banalización de la injusticia social” (Déjours, C. 2006.). Lo nuevo no es la explotación, sino que esto sea considerado como normal.    “Nadie se enfurece ante situaciones que piensa que no puede  cambiar” (H. Arendt).   Quizás acceder a un trabajo y conservarlo implica hacerlo a cualquier precio, aunque ponga en riesgo la salud, resultante de lo que el llama la “disciplina del hambre”. La amenaza de desocupación que se encuentra en el fondo y nos hace someternos a condiciones laborales no deseables (C. Dejours,)

Creo que es imprescindible una reflexión -acción grupal y gremial.

Otra emergencia, quizás la más cruel a abordar, es la vulnerabilidad social. A diario convivimos con situaciones de exclusión social donde mediante discursos, acciones y omisiones se ubica a las personas o grupos en lugares cargados de significados que el conjunto social rechaza y no asume como propios: un mundo construido sobre la base de un desconocimiento de la alteridad, dando  lugar a procesos de de-subjetivación

Esos, “los otros”, constituyen un factor esencial  para amenazar y disciplinar a los incluidos: la modalidad occidental capitalista necesita de la exclusión. La sociedad disciplinaria deja una porción de la comunidad adentro y otra afuera, y esto repercute en nuestra posición ante nuestro propio trabajo y la aceptación de condiciones de trabajo en forma  acrítica.

Tendríamos que abordar la problemática de la  exclusión desde múltiples perspectivas teóricas e interdisciplinarias  y estamos lejos de ello. ¿Cómo poder trabajar con las poblaciones vulneradas sin imponer nuestra ideología de clase, lo que pensamos sin  tenerlos en cuenta como sujetos de deseo?.

Son personas que muy pocas veces han sido seducidas para la vida.

Es así como estas situaciones se perpetúan, las naturalizamos o justificamos y, así, debemos enfrentarnos cotidianamente con nuestra impotencia, con la escasez de recursos y de herramientas sin sostén institucional, ya que la Institución suele anular la posibilidad  de  cambios subjetivantes como resistencia a lo instituyente. La misma maquinaria institucional hace que cuando se producen cambios todo vuelva a su lugar. La maquinaria del Poder tiende a la inercia.

Necesitamos inventar día a día y ver qué es posible como psicoanalistas  vinculares  en  esas situaciones institucionales, teniendo presente  que desde el psicoanálisis mismo  tenemos  muchas veces respuestas auto-inmunitarias hacia el exterior y las diferencias consecuentes.

Sería importante desde el psicoanálisis vincular abordar imperiosamente  el proceso de exclusión  y así  comenzar a mirar, a incluir, lo que se eyectaba de la percepción y con ello se abriría  una posibilidad de cambio.

Estamos demasiado impulsados a regirnos por la ética de “lo posible”, que nos empuja a dejar de pensar por” imposible”, lo que tal vez no sea sino lo desestimado  por las instituciones psicoanalíticas, o lo político, según las épocas, y en todos los casos con la complicidad inconsciente de cada uno de nosotros, expuestos por nuestra propia constitución subjetiva.

Por ello es prioritario hoy rever, como señalaba en el 2000 J. Derrida, de qué nos estamos ocupando prioritariamente en nuestra disciplina y hacer un giro copernicano  y pensar en las crueldades vigentes y analizar cuáles son los malestares y padecimientos en los vínculos actuales.


[1] Psicóloga Clínica  Fac. de Medicina UNBA.  Miembro Titular de la A.A.P.P.G. (Asociación Argentina de Psicología y Psicoterapia de Grupo) y de la A.P.B.A (Asociación de Psicólogos de Buenos Aires).  Presidenta de FLAPAG (Federación Latinoamericana de Grupo).  Secretaria de Salud Mental  y Co-vicepresidenta de la Asamblea Permanente por los Derechos Humanos (A.P.D.H.).

e-mail: elinaag@fibertel.com.ar

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