Subjetividad y cultura

Psicoanálisis y cultura… fin del milenio

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Silvia Radosh Corkidi

“El mundo tiene un rostro feroz… Estamos en una época de alarma. No intercambiamos el horror de las cosas reales por el horror de las cosas escritas, no olvidamos que con lo que tenemos que batirnos es con la realidad terrible, aunque nos sirvamos de las armas que la poeséa terrible puede proporcionarnos…”

Italo Calvino[1]

 ¿Qué predomina hoy en nuestras sociedades?[2] La violencia y el ejercicio impune de la violencia. El Psicoanálisis ha propuesto desde Freud, reconocernos como seres violentos y amorosos, en acto o en potencia; la agresividad como parte fundante de nuestra estructura. ¿Cómo asumir nuestra violencia, sabernos destructivos, sin que ello implicara la soberanía fantasmática de la culpa?. ¿Cómo encontrar mecanismos de regulación social, que pudieran prescindir de las creencias en poderes superiores? Durkheim se pregunta cómo una simple idea como la creencia religiosa puede tener tal eficacia, ello no puede ser puramente ilusorio:”… En última instancia no se trata de desarrollar una especie de constricción física de fuerzas ciegas y por demás imaginarias, sino de actuar sobre las conciencias, tonificarlas, disciplinarlas…”[3] Conocemos bien el trabajo de Foucault[4]acerca de “los cuerpos dóciles”, el disciplinamiento, la domesticación y la vigilancia totalizante; ¿y en qué estamos ahora? El decir “por demás imaginarias”, implica el desconocimiento de lo poderoso del orden imaginario, que precisamente rescata el psicoanálisis; Durkheim ya veía la actualidad social como patología y proponía una teoría que diera cuenta de la “solidaridad social”, pues las metas sociales compartidas, permitirían una “existencia pacífica” y así la reconstrucción de la “comunidad socio-moral moderna”. De acuerdo que requeriríamos “metas sociales compartidas”, ello hasta podría dirigirnos al proyecto de sociedades “autónomas” que propone Castoriadis, sin embargo es evidente que las satisfacciones solamente ilusorias nos han llevado a una descomposición social muy grave; el imperio de la ley de la separación ha producido la pobreza extrema, dando lugar al predominio de la injusticia y peligrosidad cotidiana, aumento de la corrupción y la impunidad a nivel del Estado y de los aparatos policiales, que más parecen servir para reprimir e incluso robar, que para ofrecer algún tipo de protección; si bien su función en estas sociedades siempre fué la de servir y proteger los intereses del Estado y por tanto a los poderosos, no era su función (al menos la oficial), la de robar, atacar, violar.

 En México, estamos siendo testigos de la ruptura del silencio y del ocultamiento de movimientos de guerrilla, que vienen fraguándose hace ya treinta años; tenemos desde luego el movimiento de EZLN que ha logrado (entre otras cosas no poco importantes) poner en evidencia, la situación de los indígenas; ya ellos son motivo presente de la vida actual, por más desinformación y/o manipulación de los medios masivos de comunicación, tenemos mayor conciencia de su realidad, “la tolerancia de los pueblos que alientan a los poderosos, se está terminando”; también por supuesto, hay mayor movilidad en la sociedad civil. Esto va junto con una amenaza de pérdida -aún mayor- de la autonomía de México como país. Estamos frente a una serie de contradicciones de peso. Algo similar sucede en otros países. Frente a la caída de los países socialistas y a su descomposición, hubo como una pérdida del “camino”, de vía, de lucha, se nombró como “pérdida de las utopías”, se entró en una desesperanza, las sociedades todas, seguirían el ya viejo camino de la explotación y la injusticia; la burocratización de los nuevos sistemas fue inevitable, se desacreditó todos los reales avances de los sistemas socialistas; sólo se enfatizaron sus grandes fallas; “los historiadores están en lo cierto cuando dicen que la barbarie y el salvajismo político son inherentes a los asuntos humanos, que ninguna época ha sido inocente de catástrofes… Mi propia conciencia esta dominada por la erupción de la barbarie en la Europa moderna por el nazismo y el estalinismo, esta crisis de la esperanza racional humana, es la que ha moldeado mi vida y la que mas me afecta”.[5] Pienso que esto condujo a un recrudecimiento, una vuelta a la búsqueda de “salvación” en sistemas mágicos y/o religiosos, donde se ofrecen soluciones a nivel de la ilusión en el campo de lo imaginario (y no precisamente del más rico con que contamos): “En América Latina desde la contrarrevolución suscitada por el triunfo castrista en Cuba, la situación es una especie de variantes sobre neofascismo que tienen altibajos o ciclos de benevolencia (‘democracia’) y brutalidad (‘dictadura’) políticas… Los pueblos latinoamericanos se sienten morituri (‘los que van a morir en el circo romano’), en medio del terror de la violencia que crece y crece nuevamente, ahora sobre todo en forma de violencia social y psicosocial. Las estructuras que pueden soportar y articular altas gradaciones de violencia, tienden necesariamente a poseer diferentes formas de rigidez, intolerancia y particularmente el trío sociomórbico generado por el neoconservadurismo (‘neoliberalismo’). Terror, abuso, y humillación”, [6-7]

 Esta cita que me permití compartir con ustedes , pues me parece muy aclaratoria, es de Eduardo Saxe, filósofo destacado de Costa Rica, y Brügger, un alumno de él, norteamericano; realizan un profundo análisis del “Neoliberalismo y Globalismo en América Latina”, y todo el texto está atravesado por una reflexión ética valiosa. Opinan que en México “ejemplar y pavoroso”, padecemos un “neoporfiriato”, denuncian el apropiamiento de los “super ricos” del tesoro nacional… las intervenciones militares y los bloqueos impunes de usa (lapsus calami!) USA: “… la pompa jabonosa financiera probó ser frágil y estalló en México… Pero fueron los indígenas chiapanecos, quienes como vengadores Hunahpú e Ixbalanque reempezaron la interminable expulsión de los explotadores extranjeros y los usurpadores nacionales. El mayor signo de crisis en el neoliberalismo mexicano y latinoamericano, sin duda fué la rebelión del Frente Zapatista, que provocó huida en estampida del capital financiero golondrínico… (llegamos pues) con el salinato a inestabilidad, corrupción, desdemocratización y militarización, saqueo de la hacienda pública (hasta el asesinato político), empobrecimiento por exclusión social y represión económica de mucho más de la mitad de la población del país, que no vive en condiciones humanas mínimas… justicia social desmantelada, ruptura de la solidaridad social… los nuevos sistemas políticos latinoamericanos, los podemos denominar ‘democracias reneocoloniales’ “[8] Incluso en México se ha señalado la rebelión chiapaneca como “una excepción a esta lógica de pasividad revolucionaria en México, una excepción a la debilidad generalizada de la sociedad ante el poder… El común denominador de cientos de mexicanos que expresaron su opinión fué, palabras mas palabras menos, de satisfacción porque finalmente, alguien decía ‘ya basta’… [9]

 Es claro que este es un movimiento que nos ha dado cierta esperanza, aunque es evidente lo difícil del camino y mas aún cuando nos percatamos de algo que podríamos haber previsto, pero no lo queríamos pensar: la lucha al interior de las comunidades indígenas, a las que deseábamos ver cohesionadas y sin embargo también ahí se ha desencadenado la violencia desmesurada; resalta la exclusión e intolerancia de aquellos que se diferencian de las creencias de la colectividad; con el nombre de democracia, se ejercen formas autoritarias del poder. Un ejemplo (que la autora del artículo piensa como representativo de otras comunidades indígenas), se da en San Juan Chamula, en la sangrienta batalla cotidiana que se libra entre católicos y evangelistas. Han surgido algunas hipótesis para comprender esta realidad, la apariencia sería las discrepancias religiosas, sin embargo “… el fondo del asunto es la existencia de un interés de clase caciquil económico para despojar de sus tierra y pertenencias a todas las personas con religión evangélica para repartirlas entre su sector. El problema aquí es la trilogía PRI – POCH – SAN JUAN (POCH aguardiente de caña regional J.T:)”[10]

 Efectivamente pienso que la base económica de estas luchas sociales, es poderosa, aunque no única. Nos enfrentamos también con nociones de tal envergadura, como “el bien y el mal”, “la verdad y la mentira”, “la pulsión de vida y la pulsión de muerte” (inextricablemente unidas al decir de Freud[11])/ con el orden del poder como una relación donde cuenta tanto el lugar de los opresores como el de los oprimidos, y los pequeños lugares donde corre el deseo de dominio y la imposición del deseo propio. Me ha resultado estimulante el volver a Durkheim quien enfatiza las creencias como unificadoras de movimientos sociales, cuando nos dice que basta que se reúna un cierto número de gente que comparta un convicción un poco fuerte, para que inmediata e inevitablemente adopte un carácter religioso y que, “… toda idea intensa y compartida”, tiene este carácter y asegura el mantenimiento de una fe socialmente compartida y de una conciencia común. Se aprecia que no hay ningún lugar para las diferencias, y esa es precisamente la razón de que en los orígenes todo sea religioso; el sistema de conocimiento, el sistema de control-jurídico-moral. La división de lo sagrado y lo profano, que está en la base de toda organización religiosa, parece ser que también está en la base de toda organización; (esto también lo analiza cuidadosamente Legendre en El Amor del Censor)[12]; las creencias que en la religión se vuelven obligatorias, toman mayor fuerza que toda razón, el respeto “muy particular” que inspira toda tradición y que “se comunica a su objeto sea este real o ideal, sería la razón de que sintamos algo augusto que los pone aparte en esos seres cuya existencia o cuya naturaleza nos enseñan los mitos y los dogmas”[13] El conocimiento de éstos es especial y diferente del conocimiento que logramos de las representaciones empíricas, y ésto, según el autor, es el origen de la división de las cosas en sagradas y profanas.

 El psicoanálisis se pregunta porqué es así, porqué la tradición impone ese respeto, porqué necesitamos de esas creencias, porqué una vez que tenemos fé en algo deseamos no sólo transmitirlo sino imponerlo, y ya no como una creencia, sino como la verdad, y entonces, la única verdad. Freud nos ofrece una interpretación (en varios de sus artículos) basada en la situación que se impone como irremediable al infante, el amor y el odio que siente por sus padres, el respeto y el temor (la ambivalencia), el terror al desamparo, perder su amor y morir, que permanece como huella y que se proyecta posteriormente en otros objetos generalmente ideales. Pienso que es a través de la observación y reflexión de las relaciones subjetivas (inter, intra y trans), que podremos comprender y actuar, en el desmontaje de la fuerza de las creencias; por ejemplo la fuerte creencia de la necesidad de ser gobernados por poderes superiores; si bien dice Durkheim que no es la religión la que determina la vida social, sino ésta la que determina aquella, enfatiza que la meta de la vida psíquica es la acción, y lo que determina las representaciones colectivas es una causa práctica y no teórica; es evidente para mí que en las sociedades actuales está surgiendo la imperiosa necesidad de una acción que desmonte francamente, el manejo que hemos venido padeciendo (por siglos), de las relaciones de poder, que se fundamenta no en las reales necesidades del ser humano, sino ahora ya, en sus creencias.

 Se puede objetar que esas creencias han sido una necesidad y, que ello ha permitido la regulación de las sociedades; pero pienso que ya es tiempo de desengañarnos, desilusionarnos y optar por caminos diferentes. Desarticular parte por parte las creencias y pensar en la posibilidad de ir creando movimientos autogestivos, que nos dirijan a una mayor autonomía, (utopía por ahora, espero que no delirio … por lo menos es deseo … ) “Las masas (dice Le Bon citado en Freud) nunca conocieron la sed de la verdad. Piden ilusiones, a las que no pueden renunciar”.

 Esto evidentemente es una interpretación según yo basada en el deseo de dominio, sobre las masas y seguramente sobre el concepto de verdad. Freud responde que “el predominio de la vida de la fantasía y de la ilusión sustentada por le deseo incumplido comanda la psicología de las neurosis”, pero digamos que “sigue” a Le Bon en este “retroceso” del examen de la realidad para caracterizar a las masas; y lo cita en textos actualmente irrisorios, por lo menos para mí, “se ponen instintivamente bajo la autoridad de un jefe. La masa es un rebaño obediente que nunca podría vivir sin señor. Tiene tal sed de obedecer que se subordina instintivamente a cualquiera que se designe su señor”. Me produce un gran rechazo la mirada tan fascista del ser humano y el uso del lenguaje que lo apoyaría en que esa es la verdad pues si es sed, si es rebaño, si es instinto, no hay cambio posible. Más adelante Freud revlndica el poder ético y creativo que puede tener una masa. Pero ve como “principal fenómeno de la psicología de las masas” la falta de libertad del individuo dentro de ellas. Sin embargo (en varios de sus artículos) Freud habla del amor como factor principal de cultura pues implica “una vuelta del egoismo en altruismo tanto en el individuo como en la humanidad”.[14]

 La hipótesis de que el individuo quiere ser gobernado y más que un animal gregario es animal de horda, miembro de una horda dirigida por un jefe para mí es discutible, “ansia extrema de autoridad” “sed de sometimiento”. Esto lo califica Castoriadis como una “significación imaginaria social instituida” y crítica que se piense como “un mal necesario”. “Hasta Grecia y fuera de la tradición grecoccidental, las sociedades están instituidas según el principio de un estricto cerco” (todo lo mío es bueno, lo demás es malo, perverso, extraño, inferior); ¿como romper el cerco? Al haberse creado en Grecia la democracia y la filosofía, ello está en nuestros orígenes y eso no es un modelo sino un “germen“. Si bien ese cerco social y sus significaciones imaginarias sociales, impide conocer y/o comprender una sociedad extranjera, también es cierto que algunas personas pueden comprender algo de dicha extraña sociedad, y eso habla de una potencialidad “universal” en los seres humanos de cierta comprensión para lo humano por los humanos, la raíz de ello estaría en “la imaginación creadora como componente nuclear del pensamiento no trivial. Todo cuanto fué imaginado por alguien con suficiente fuerza para modelar el comportamiento, el discurso o los objetos, puede en principio ser reimaginado (representado de nuevo) por algún otro”. Es claro que Castoriadis enfatiza, lo que generalmente se oculta; la historia es creación, no hay una verdad absoluta que deba (ni pueda) regirnos, el mundo no es unitario y si fué posible tener una democracia en Grecia – que constantemente cuestiona y modifica su institución, las reglas en que vive; el que establece las normas y leyes que los rigen “es el cuerpo de los ciudadanos varones, libres y adultos … “la asamblea del pueblo … es el cuerpo soberano operante ,..”.[15] Sería posible también ahora.

 Sin embargo hoy nos encontramos frente al orden del horror y de la negación del mismo, frente a lo indecible, lo casi innombrable, Castoriadis lo nombra “monstruoso”, “ceguera involuntaria”… surgen interrogantes golpeadoras: ¿es sólo ahora?; ¿o en todo caso ahora mucho más?; ¿estamos frente al “mal absoluto” sin su correspondiente Eros?; Hemingway planteaba al escenario de masacre, como “el escenario natural del hombre”; Nietzche describiendo a los atenienses nos dice: “… profundo placer que sienten en destruir en todas las voluptuosidades del triunfo y de la crueldad… hacia adentro, delicados, felicidad, orgullo, amistad… hacia afuera donde comienza lo extrajero, la tierra extraña, mucho mejores que animales de rapiña dejados sueltos… el animal tiene que salir de nuevo afuera…[16] “. Recordemos que Freud marcaba ésto como “el narcicismo de las pequeñas diferencias”, e interpretaba que la unión de los países socialistas, seria posible, mientas el enemigo común se diera afuera, pero también describía algunas razones de la destructividad que nos acosa, hacia nosotros y hacia los otros: “el ser humano no es un ser manso, amable, a lo sumo capaz de defenderse si lo atacan, sino que es lícito atribuir a su dotación pulsional, una buena cuota de agresividad. En consecuencia, el prójimo no es solamente un posible auxiliar y objeto sexual, sino una tentación para satisfacer en él la agresión, explotar su fuerza de trabajo sin resarcirlo, usarlo sexualmente sin su consentimiento, desposeerlo de su patrimonio, humillarlo, infringirle dolores, martirizarlo y asesinarlo. Homo homini lupus (El hombre es el lobo del hombre)… A raíz de esta hostilidad primaria y recíproca de los seres humanos, la sociedad culta se encuentra bajo una permanente amenaza de disolución... Hoy los seres humanos han llevado tan adelante su dominio sobre las fuerzas de la naturaleza que con su auxilio les resultará fácil, exterminarse unos a otros, hasta el último hombre. Ellos lo saben; de ahí buena parte de la inquietud contemporánea, de su infelicidad, de su talante angustiado. Y ahora cabe esperar que el otro de los dos ‘poderes celestiales’, el Eros eterno, haga un esfuerzo para.afianzarse en la lucha contra su enemigo igualmente inmortal, ¿Pero quien puede prever el desenlace?”. (Esta última frase -dice la nota a pie de página- fuí agregada “cuando ya comenzaba a ser notoria la amenaza que representaba Hitler”).[17]

 Me sigue impactando la claridad y lucidez de Freud… Efectivamente Hitler llegó; y ahora ¿qué predomina en la cultura actual, qué realidades nos pesan, qué imaginarios nos habitan?; ¿todo pasado fué mejor?; ¿menos destructivo? Estamos habitados en este siglo por la memoria de dos guerras mundiales, por la destrucción de Hiroshima y Nagasaki, por varias revoluciones, por la creación de estados socialistas, por la destrucción de ellos y entre ellos, por nuevas fuerzas luchando, y al parecer los horrores que Kafka magistralmente nos contaba, acerca del aparato burocrático, se han convertido en nuestro máximo amo: la burocracia hasta el absurdo; escuchemos: “Analicé millares de documentos. Perseguí incansablemente con mis preguntas a especialistas e historiadores. Busqué aunque en vano, un solo exdeportado capaz de probarme que realmente había visto con sus propios ojos un cámara de gas. (Faurisson, en Vidal Naquet, 1981). ‘Haber visto realmente con sus propios ojos’ una cámara de gas, sería la condición que da la autoridad de decir que la cámara existe y persuadir así al incrédulo. Aún hay que probar que la cámara está en el momento en que se la vio. La única prueba aceptable de que mataba es ía de que uno esté muerto. Pero si uno está muerto no puede atestiguar que lo esté a causa de la cámara de gas. El querellante se queja de que lo han engañado acerca de la existencia de las cámaras de gas, es decir sobre la situación llamada solución final. Su argumento es el siguiente: para establecer que un local es una cámara de gas solo acepto como testigo a una víctima de esa cámara de gas, ahora bien, según mi adversario, solo debe haber víctimas muertas pues de otra manera esa cámara de gas no sería lo que se pretende; no hay pues cámara de gas”. (!) (Lyotard: “La Diferencia”).[18] Parte de este fin de milenio tiene este terrorífico sin-sentido, con sucesos tan graves; esto no sólo es del orden de lo siniestro, sino implica verdaderamente una burla, y evidentemente una renegación, como diría Castoriadis, no es “perdonable”, ni “castigable”.

 Qué lugar tendría el psicoanálisis en este mundo lamentable si nuestro sufrimiento se da como una batalla entre nuestro interior, nuestros fantasmas, nuestro cuerpo acabante, y lo execrable del mundo exterior; qué hacemos cuando ese mundo que nos ha conformado, tiene estas características, que nosotros mismos hemos creado, si el avance “tecnológico”, ha sido utilizado para oprimirnos más, para encerrarnos, para encarcelar nuestra imaginación, nuestra creatividad, para seguir sujetándonos ahora de forma totalizante; (vivimos en una “jaula de hierro”, en una “pesadilla de autodominio, dice Bernstein citando a Weber).[19] Esta situación de desesperanza, de pérdida de caminos, también ha afectado el deseo de lucha por lo más propio, por la búsqueda de la verdad personal, por el intento de desujetarnos; si bien siempre fué un camino buscado pero resistido (tenemos el deseo de saber y de no saber), tengo la impresión de que la resistencia común al psicoanálisis, ha proliferado; el psicoanálisis no ofrece una solución, tampoco la verdad, sino una búsqueda, una exploración; no ofrece una acto mágico o un dios, o un recetario con normas a seguir, no da un decálogo, sino una posición de lucha y protesta; un conocimiento sí, de nuestra agresión pero precisamente para no actuarla; se ha puesto el énfasis en el descrédito de algunas verdades, se enfervoriza el maquillaje, la cirugía plástica, la moda “soy chica palacio…“), la mentira, el disfraz; ¿quien eres sí no posees una tarjeta de crédito?; más que la “credencial para votar con fotografía” como nuestra identidad, es la tarjeta de crédito, la que abre las puertas nacionales e internacionales, aunque después te vuelvas loco, te dé una crisis depresiva, o te metan a la cárcel.

 Pero preguntarte realmente ¿yo quien soy, qué quiero?; ¿dolerte con el dolor de los otros?; ¿poner tu agresividad al servicio de tu creatividad y hasta de la posible solidaridad?; ¿desculpabilizar tu sexualidad?; ¿amar tu trabajo?; ¿aprender a compartir no al servicio del deseo del otro, sino por la satisfacción y el placer que ello te implique?; ¿comprender el predominio de las relaciones sadomasoquistas?; ¿contribuir a lograr una mayor autonomía individual y social? Desde mi punto de vista, ésto propuso y sigue proponiendo el psicoanálisis. No quiere decir que no me dí cuenta de que también todos estos “desvalores”, corrupción, explotación, lucha por el poder, enajenación social, impunidad, anti-ética, no formen parte del comportamiento de algunos psicoanalistas, bien lo sé, pero ellos no representan lo que el psicoanálisis como teoría y práctica, propone. Es verdad que hay mucho “psicoanalista” (o así llamados) que consciente y/o inconscientemente, se encuentran inmersos en la enajenación social y se creen poseedores de un saber que los separa y los distingue de los otros, toman el lugar de los dioses, el lugar no de un “supuesto saber”, sino que evitan ver el “supuesto”, y seguramente abusan de este poder imaginario y simbólico. Nosotros tenemos muy claro que el saber en la práctica psicoanalítica se va produciendo en la relación y por la relación del paciente con el analista; es gracias a nuestros pacientes que podemos “ser analistas”.

 Sin embargo somos conscientes también de la existencia de profesionales del “campo psi” que han colaborado (y siguen haciéndolo) en “perfeccionar” por ejemplo, las prácticas de la tortura, a través de distinguir los puntos más débiles del torturado. Esto es horrorizante y sigue mostrando la descomposición que estamos padeciendo. Es claro que la producción cinematográfica y televisiva actual nos muestra niveles totales de violencia y omnipotencia, como parte de la vida cotidiana, como algo a lo que habría que acostumbrarse y esto es también dramáticamente contado por nuestros escritores actuales, como Paul Auster por ejemplo que en “El país de las últimas cosas”, nos describe un lugar en la absoluta miseria, el hambre es total, la muerte como la solución, los muertos comidos y usados en las calles, toda una organización alrededor de sobrevivir o mejor morir: “… sólo puedes sobrevivir si aprendes a prescindir de todo… me repetí a mi misma que la solución perfecta consistía en no desear nada, no tener nada, no ser nada. Al final llegué a vivir casi como una piedra… Vagan por las calles al acecho a todas horas, hurgando entre la basuras por un bocado, corriendo enormes riesgos por la migaja mas insignificante. No importa cuánto puedan conseguir, nunca será suficiente; comen sin llenarse nunca, abalanzándose sobre la comida con una urgencia animal, escarbando con sus dedos huesudos y sin cerrar jamás las mandíbulas. Casi todo lo que comen se escurre, baboso, hacia la barbilla, y aquello que logran tragar, suelen vomitarlo pocos minutos después. Es una muerte lenta, como si la comida fuera un fuego, una locura, abrasándolos desde el interior. Piensan que comen para sobrevivir, pero en realidad, son ellos los que acaban siendo devorados… [20]

 ¿A eso queremos llegar, o estamos llegando?; ¿cómo lo negamos?; ¿qué nos transmiten los medios publicitarios?; responder a ésto implicaría una investigación enfrentada seriamente[21], sin embargo voy a exponer dos ejemplos sólo, que me golpean: “Transplante cerebros sin cirugía: Lo mejor de todo: cada vez que usted encienda un proyector In Focus transplantará sus ideas a la mente de su audiencia…”[22] ¿Qué les parece?, tenemos una nueva forma de hipnosis moderna; ¿qué grado de manipulación social se desea o se cree tener, que podemos transplantar ideas a la mente de la audiencia? El segundo ejemplo supongo que todos lo conocen, pues al menos cada tercer día, recibo la siguiente propaganda: Esperar hasta… el año 2003, para tener una profesión?; no es posible. ¿Qué futuro quiere par sus hijos?; ¿qué alternativas tienen? “Qué modelo de sujeto se propone y se promueve” se pregunta Enrique Guinsberg.[23] El ataque a la posibilidad de adquirir conocimiento, es masivo; en lugar de pensar estrategias colectivas que posibilitaran en medida creciente, cuantitativa y cualitativamente, la culturización de los pueblos, se propone cancelar a nuestros hijos, cada día y cada vez más.

 Bien dice Lyotard: “En el próximo siglo no habrá pues más libros. Un libro es algo demasiado largo para leer, siendo así que el éxito consiste en ganar tiempo…” (!);[24] como nos advertía Freud, parte del malestar en la cultura, se debe a que seguimos “falsos raseros”, por ejemplo poder, éxito y riqueza como ideales, menospreciando “los verdaderos valores de la vida… Estamos organizados de tal modo, que sólo podemos gozar con intensidad el contraste y muy poco el estado”.[25] Yo me pregunto si este fin de siglo y fin de milenio nos amenaza como una situación límite. ¿Sólo tenemos ese tiempo y nos caemos?; ¿como llegar al final del precipicio y desbordarnos irremediablemente? Esta angustia frente al paso del tiempo, pienso está amplificada en nuestro imaginario por el corte; fin de siglo, fin de milenio, fin de todo, tenemos que apurarnos, tenemos prisa (esto además era multiplicado por la amenaza de la guerra nuclear… que ¿no está más?). “La muerte está escondida en los relojes… ansia de agotar la multiplicidad de lo escribible en la brevedad de la vida que se consume”; escribía Italo Caivino en “Seis propuestas para el próximo milenio”[26], poco antes de morir, y no pudo escribir la sexta, pero nos dejó cinco, que les recomiendo lean. Y yo atrevidamente, un poco en broma y un poco en serio, propondría la sexta: por un psicoanálisis ético, sea “individual” o “grupal”, pues siempre fué parte (y es) de nuestra ocupación y preocupación, cómo llevar esta práctica, este camino que intenta develar las grandes mentiras singulares y sociales, a un mayor número de personas; nos fuimos desarrollando en el trabajo grupal, estudiando y también construyendo el análisis grupal, no sin sufrir el ataque ideológico al trabajo colectivo, correspondiente a la fuerza que puede lograr. También la teoría psicoanalítica nos ha permitido tener una escucha diferente, no sólo en el campo de la clínica, sino en las enredadas relaciones sociales, a través de los grupos, las instituciones, las comunidades. Ya no miramos y escuchamos los “hechos sociales” desde un punto de vista sólo fenomenológico, sólo de conductas, sólo de situaciones de “yoes” conscientes; las relaciones sociales se dan entre personas y eso implica por lo menos, dos dimensiones, lo consciente y lo inconsciente, lo que se dice y lo que se calla, lo claro y lo oscuro, y en medio todos los colores, lo que se repite con insistencia sin percatarse y desde luego la dimensión del imaginario social.

 Castoriadis[27] también propone un psicoanálisis “bien hecho”: “Me impresiona enormemente cuan poco hacemos de lo que somos y también observar cómo en un psicoanálisis realmente bien hecho, el prisionero afloja gradualmente las ataduras que lo mantenían sujeto, para terminar desembarazándose de ellas”. Pienso que este autor nos propone una profunda reflexión, desde la sociología, la historia y el psicoanálisis, hacia la creación de sociedades autónomas, aunque marcando hoy una retirada general al “conformismo”, donde el proyecto de autonomía “individual y social”, se está evadiendo por no decir desapareciendo…”[28].

 Propongo estudiar esa posibilidad. Incluso encuentro posiciones menos pesimistas acerca de las opciones de fin de milenio y del próximo milenio, donde se nos propone tomar como ejemplo otra manera de gobernarnos: “el mandar obedeciendo” de los indígenas chiapanecos, vigilando la autoridad, revisando la relación entre quienes mandan y quienes obedecen,[29] y esto es análogo al análisis que realiza Castoriadis de la democracia ateniense y de la sociedades que nombra heterónomas regidas desde el exterior, hacia la búsqueda de la autonomía compartida en lo singular y en las relaciones sociales, sin embargo veo complejo el “mandar obedeciendo” resulta atractivo, pareciera impulsar la democracia y la autonomía… pero me hace dudar que persiste el “mandar” y el “obedecer”. De todas maneral valdría la pena seguir reflexionándolo. Dice este autor (entre otras muchas cosas importantes): “El pueblo dicta la ley, el pueblo puede equivocarse, el pueblo puede corregise. Este es un magnífico ejemplo de una eficaz institución de autolimítación”.

 Notas al pie

[1] CALVINO, I Punto y Aparte; Ed. Tusquets; 1995

[2] “La nuestra no es un Época corriente. Se esfuerza bajo la tensión de lo inhumano experimentada en una escala de magnitud y de horror singulares; y no esta lejos la posibilidad de un catástrofe”. Calvino, I “Punto y Aparte”; Ed. Tusquets; 1995 STEINER, G. Lenguaje y Silencio, Ed. Gedisa; Mex; 1990.

[3] DURKHEIM, E. Las formas elementales de la vida Religiosa, Edit. Coyoacán, 1995.

[4] FOUCAULT, M; Vigilar y Castigar, Edit. Siglo XXI

[5] STEINER; Lenguajes y Silencio, ibid.

[6] Todos los subrayados son míos.

[7] SAXE, E; Brügger, C; El ‘Globalismo Democrático Neoliberal’ y La Crisis Latinoamericana, Cuadernos Prometeo No. 15; Heredia, Costa Rica; 1996

[8] SAXE, E; Ibid.

[9] RODRÍGUEZ Araujo, O.; EZLN, Un Catalizador de la Sociedad y del Poder en México, en Política y Cultura otoño de 1995, año 3, no. 5; UAM-X.

[10] TEIXEIRA, J.; San Juan Chamula, La Divina Tragedia (en prensa).

[11] FREUD, S.; Mas allá del Principio del Placer. Ed. Amorrortu.

[12] LEGENDRE, P., El Amor del Censor, Edit. Anagrama.

[13] DURKHEIM, E.; Las Formas Elementales de la Vida Religiosa Ed. Coyoacán; 1995

[14] FREUD, S. Psicología de las Masas y Análisis del Yo, Edit. Amorrortu.

[15] C.CASTORIADIS, C, ôLa Polis Griega y la Creación de la Democraciaö en Los Dominios del Hombre. Las Encrucijadas del Laberinto, Gedisa, España, 1994.

[16] NIETZCHE, F.; La Genealogía de la Moral; Ed. Alianza, México, 1995.

[17] FREUD, S.; El Malestar en la Cultura; Ed. Amorrortu.

[18] LYOTARD, J.F.; La Diferencia; Ed Gedisa; España, 1991.

[19] BERNSTEIN, R. J.; “Introducción” en Habermas y la Modernidad, la Reimpresión Ed. Rel; México; 1995.

[20] AUSTER, P.; El país de la ultimas cosas, Ed. Anagrama; España; 1996.

[21] Recomiendo la lectura del artículo de Enrique Guinsberg.

[22] Revista Vuelta, agosto de 1996, México.

[23] GUINSBERG, Enrique. “El Psicoanálisis y el Malestar de la Cultura Neoliberal” en Revista Subjetividad y Cultura, No. 3, Editorial Plaza y Valdéz, Octubre de 1994.

[24] LYOTARD, ibid.

[25] FREUD, S.; ibid.

[26] CALVINO, L, Seis Propuestas para el Próxmio Milenio

[27] CASTORIADIS, C., ibid. p.6

[28] CASTORIADIS, C, El Mundo Fragmentado, Editorial Nordan-Comunidad, Montevideo, Uruguay, 1993. Vease al respecto el interesante artículo “Historia y Modernidad. Propuesta para el fin de siglo” de

[29] SOSA, Raquel, revista. Memoria, septiembre; 1996.

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    Subjetividad y Cultura acepta colaboraciones para sus diversas secciones: artículos, notas clínicas, comunicaciones breves, reseñas y comentarios de libros y películas, así como cartas de interés relacionados con el estudio de la subjetividad, la teoría y práctica del psicoanálisis, individual y grupal, en cualquiera de sus variantes y aplicaciones, especialmente si se correlacionan con el ámbito cultural y sociohistórico.



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