Subjetividad y cultura

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Impresiones sobre la participación de los EEUU y el impacto del golpe de estado brasileño de 2016 en Latinoamérica. Efectos sobre la subjetivancia [1]

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Gregorio Baremblitt [2] 

Resumen

En este artículo me propongo consignar algunas determinaciones y repercusiones internacionales de lo que considero un golpe de Estado contra la presidenta del Brasil, señora Dilma Rousseff. Refrendo mis consideraciones con detalladas citas de las últimas noticias.

Igualmente hago algunas consideraciones acerca del impacto sobre la producción de subjetividad alienada y sobre la de subjetivación democrática y revolucionaria.

Primera parte

Por múltiples razones que no podré sistematizar aquí por razones de extensión, sostengo que la mayoría de la población de la República Federativa del Brasil vive los fenómenos positivos y negativos que ocurren en su país como obedeciendo a causas prevalente o exclusivamente propias del territorio nacional.

Probablemente esa característica se debe, entre muchas otras razones, al tamaño continental del país, a la importancia idiosincrásica de la composición afro-descendiente de sus habitantes (menos importante en las otras naciones sud americanas) y a los procesos históricos de su fundación (que a rigor comenzó siendo un Imperio).

Eso sea dicho a pesar de que fuertes influencias de todo tipo, pero en especial tecnológicas y culturales (provenientes de los EEUU, de la Comunidad Europea y de las naciones de Oriente) inciden marcadamente sobre el pueblo brasilero.

Del mismo modo, creo que se puede afirmar lo expresado no obstante la importante participación del Brasil en el Mercosur, en los BRICS, en el ALCA y su tentativa de apoyar el bloque bolivarista de Latinoamérica.

Igualmente es relevante, pero no suficiente para eclipsar el citado auto-centrismo del pueblo brasilero, la disposición de sus gobiernos a colaborar con Haití y varios países africanos, así como su receptividad con respecto a muchos flujos migratorios, pasados y contemporáneos.

Es de constatar una fuerte idealización de su riqueza natural, de la benevolencia de sus peculiaridades climáticas, de su cultura popular, de sus hazañas deportivas y de su variedad poblacional y racial que supuestamente viven en armonía.

Existen algunas rivalidades, tales como las que cultiva con Argentina, que contribuyen a reforzar esa auto-referencia.

Inclusive la presidenta depuesta, persona irreprochable de antecedentes revolucionarios y de formación universalista, sustentó para los medios de comunicación que la maniobra de su impeachment se debió exclusivamente a causas internas.

La presunta “normalidad institucional”, la vigencia del “estado de derecho” y del orden constitucional sancionado en la Constitución de 1988, es repetidamente invocada como justificación para la defenestración de la primera mandataria y los miembros de su gobierno, así como para la unción de una campaña draconiana de persecución político judicial, sin duda necesaria, pero conducida con arbitrariedades e irregularidades flagrantes.

Es sabido que el Brasil es un país de una pésima distribución de la renta, que siempre tuvo índices estridentes de miseria, pobreza, analfabetismo y delincuencia, alcoholismo, tóxico dependencia etc., panorama en el que cabe destacar la comisión de 60,000 homicidios por año. Según varias estadísticas puede computarse en el país un estupro cada cinco minutos.

Según la orientación política de los ciudadanos y de los analistas, se ha hablado, nunca lo bastante, de que el proceso de dimisión presidencial fue un acto conducido con la mayor legalidad institucional y vino a salvar al país de una múltiple falencia; mas de otro lado se afirma que la citada operación fue un golpe “blanco” o “blando” orquestado por diversos sectores judiciales, parlamentarios, empresariales y latifundistas en colaboración con intereses del Estado y el Capitalismo mundial en vías de integración capitaneado por los Estados Unidos de Norteamérica.

Se ha señalado y expuesto también que el citado proceso ha llevado a una polarización radical entre los partidarios de cada uno de los polos en pugna. Esa contraposición ha conducido a una confrontación extremada entre esos segmentos de heterogénea composición interna. En varias ocasiones esa radicalización ha llegado a extremos de violencia, destrucción de propiedad privada, agresiones entre manifestantes, ataques brutales de la policía a los manifestantes, así como ha producido un lenguaje y actitudes beligerantes de integrantes de los partidos políticos, de miembros del poder legislativo y del judicial, etc. Ese enconamiento ha ganado también los ambientes de trabajo, los deportivos y otros espectáculos, así como a los grupos familiares y muchos otros.

Según la prensa la violencia inherente al reciente proceso electoral, que trataré más adelante, incluye veinte o más homicidios, estafas, amenazas, calumnias en las redes sociales, invasión de las comunicaciones particulares y su publicación no autorizada, destrucción de propiedad pública y privada, crímenes represivos, etc.

Tal acérrima confrontación viene a sumarse a la colosal violencia que el país registra de crímenes comunes: asesinatos con armas blancas y de fuego, secuestros, asaltos, robos, hurtos, fraudes etc.

Esa contraposición vista esquemáticamente desde el ángulo de un análisis socio-político- económico-cultural- semiótico, parece haber alcanzado una más clara distinción y asunción de clase, que siempre fue, si no ignorada, cuando menos endulzada por la comunicación de masas y por las religiones. Esa lucha todavía es calificada como siendo entre fuerzas de izquierda y de derecha, así como de un centro inclinado hacia una u otra de esas vertientes. No obstante, la población comienza a discriminar que esas designaciones no hacen justicia a la especificidad real de las posiciones.

Las actitudes y la militancia de muchos segmentos dan a entender que saben que se trata de la disputa entre un populismo neodesarrollista y un imperialismo neoliberal, con la activa participación de bancos, empresas, latifundios, grupos y bancadas parlamentarias de derecha conservadora y oligárquica, sectores militaristas y nazi fascistas, etc.

Por otra parte esa distinción clasista es objetivamente relativa porque existen varios sectores obreros, campesinos, empleados públicos y privados, profesionales liberales, pequeños empresarios y propietarios, que por su posición de clase han recibido durante el largo período de hegemonía populista, toda clase de beneficios y que, sin embargo, han adherido a la corriente neoliberal o al gigantesco partido “de centro” (PMDB) en el que “hay de todo y nada de bueno”. Los pequeños partidos de “izquierda tradicional” recitan versiones de la social democracia o del eurocomunismo, y tienen mínimos alcances. Es cierto que también existen algunos movimientos decididamente revolucionarios, así como hay organizaciones del Tercer Sector, partidos, segmentos eclesiásticos y figuras (pocas), “democráticos” que han adoptado ciertas posiciones, por así decir, progresistas. Muchos de esos movimientos son popularmente denominados los “sin”: sin tierra, sin techo, sin agua e innumerables otros.

Del otro lado, empresarios agropecuarios, bancarios e industriales, así como un amplio abanico de funcionarios altos y medios, han adoptado la tesitura neoliberal, para beneficiarse con los nuevos pactos y nombramientos correspondientes. Otras facciones se han adherido al neoliberalismo debido a una creencia equivocada de que esa corriente mundial les sería benéfica, y muchos ignoran que, según los casos, la libre entrada de esa tendencia en el país llevará necesariamente a perjudicar sus intereses por la subordinación a poderosas fuerzas extranjeras.

Cabe observar también que el populismo local, a pesar de incluir varias corrientes, está protagonizado principalmente por el Partido de los Trabajadores (PT), por sus diversos políticos electos y por las centrales obreras y sub proletarias que le son adeptas, así como por otros partidos izquierdistas menores y varios movimientos de reivindicaciones de clase, género, edad, raza, lugar de residencia, condición laboral etc.

Es de lamentar que ese bloque histórico haya sido muy desprestigiado por la corrupción de sus líderes partidarios y representantes gubernamentales, así como por cierta inhabilidad política a todos los niveles de la administración pública, y en especial, de la presidenta. Esta última afirmación requiere muchas salvedades. Cabe insistir en la impoluta honestidad personal de la presidenta Rousseff. Ella fue guerrillera, presa y torturada por la dictadura militar que asoló al Brasil desde 1964 hasta 1985.

Probablemente es verdad que la ex presidenta no ha sido una mandataria diplomática, ni demasiado dispuesta a dialogar, más específicamente, a cooptar a los políticos profesionales brasileros. El problema consiste en que negociar con esa calaña implica necesariamente caer en diversas formas de corrupción, en las que la mandataria jamás hubiera incurrido.

Cabe insistir en que el bloque que llamamos neoliberal, en rigor está lejos de ser una expresión “pura” de esa orientación. A sus representantes partidarios y gubernamentales más conspicuos, en todos los niveles de su composición, se suman los de partidos y oligocracias conservadoras tradicionales, así como funcionarios ejecutivos, legislativos, judiciales y militares de extrema derecha y/o fascistas, en su mayoría también corruptos.

Los dos gobiernos populistas del presidente Luis Ignacio da Silva, notorio líder multitudinario y hábil negociador, fueron considerablemente prósperos, así como parte del primer mandato de su sucesora y representante Dilma Rousseff. Ciertas concesiones económico-políticas atrajeron a los capitales nacionales y a los internacionales, porque la coyuntura mundial era favorable. El precio de las acciones en empresas de energía, minerales y productos agropecuarios estaba elevado y los préstamos disponibles en alguna medida.

Cabe resaltar que la crisis mundial agravada en lo local por el bloqueo, por parte del parlamento, de medidas provisorias paliativas del gobierno de Dilma Rousseff, así como por la corrupción generalizada, y, al mismo tiempo, por la campaña implacable de judialización de la política dirigida por el Juez de primera instancia Moro y sus secuaces, fueron factores esenciales del deterioro del Partido y el Gobierno de los Trabajadores. Se instaló un temple litigante y un terror acusatorio y golpista en todos los ámbitos de la Nación, tendencia que contribuyó de maneras diversas e importantes a agravar la crisis, en especial la de la confianza necesaria para la inversión de capital.

Las consecuencias de esos fenómenos fueron dramáticas: se enraizó una grave recesión, aunada a la inflación, la desocupación (cerca veinte millones de desempleados entre trabajadores formales e informales), el aumento alarmante de la deuda interna y externa, los altos intereses de los préstamos bancarios y la caída vertical del producto interno bruto, “inadimplencia”[3] a todos los niveles, funcionamiento precario de los servicios públicos y privados de toda índole (trabajo, educación, salud, comunicaciones, transporte, seguridad, cultura, derechos humanos, atención en catástrofes ecológicas etc.). Muchos Estados (provinciales) declararon falencia y estado de calamidad económica y el gobierno Federal está sometiendo a la deliberación del parlamento una atroz medida de contención de gastos (PEC 55) a la que me referiré adelante con más detalle.

Corresponde observar que numerosos procesos judiciales tales como el denominado “Lavajato” (referente a la corrupción en la poderosa empresa estatal Petrobras) y varios otros, han sido desencadenados y sustentados predominantemente por “delaciones premiadas”, es decir por denuncias y confesiones forzadas de reos encarcelados perentoriamente sin derecho a habeas corpus. Los mismos, bajo la presión del encierro han “vendido” (verídica o falsamente) a sus partenaires ilícitos, y a otros inocentes, a

cambio de substanciales reducciones en sus condenas. En numerosas oportunidades estas acciones legales se han substanciado sin prueba, o con insuficiencia de ellas y con información obtenida con equipamientos clandestinos de escucha en las comunicaciones personales, lo cual no ha sido obstáculo para varias condenas. Los resultados de ese espionaje, cedidos por los investigadores, fueron publicados masivamente por los medios de comunicación, en flagrante violación de los derechos de Estado y de la privacidad personal claramente prescriptos por la Constitución Nacional.

El ex presidente Lula fue acusado de haber recibido de la Empresa privada Odebrecht y otras un departamento “triplex” en la playa de la ciudad de Guarujá (SP) y una quinta de fin de semana en el interior del país. Tales propiedades no están a nombre de Ignacio da Silva ni de ninguno de sus parientes, y aunque se hayan encontrado objetos de uso personal y familiar en el local campestre, no se ha localizado ninguna prueba escritural así como de alguna contrapartida irregular concedida por el ex gobernante a la citada Corporación.

Se acusa también a Lula de “obstrucción a la justicia” porque “voluntariamente” declaró que tenía un nombramiento como ministro de la Casa Civil de la presidenta Dilma, y que lo había recibido con el objeto de ser judicialmente invulnerable. El detalle es que tal nombramiento consistía en un borrador que no estaba firmado por la Sra. Presidenta. En éste momento (Diciembre de 2016), Lula está siendo investigado, a pesar de que ninguna de las declaraciones premiadas ha dado pruebas suficientes para procesarlo formalmente y mucho menos para condenarlo.

El gobierno populista, atacado por todos los flancos y contando apenas con el apoyo de una visible minoría parlamentaria, con el Partido de los Trabajadores, parte de las centrales obreras y una multitud favorable pero poco operante, no consiguió conjurar ese conjunto de ofensivas.

La presidenta Dilma Rousseff fue suspendida de su cargo, el vicepresidente Michel Temer asumió el gobierno, todo su gabinete ministerial fue substituido por figuras afines al bloque golpista, miles de funcionarios nombrados en los tres poderes fueron despedidos y suplantados y se está buscando, sin mucho éxito hasta ahora, realizar una gran reforma tendenciosa en todos los ámbitos. En fecha posterior, el ministerio de Temer perdió seis ministros acusados de fraudes.

La citada reforma (PEC 55), destinada a regularizar el presupuesto gubernamental y propiciar la entrada del capital foráneo, procedió a la toma de una serie de medidas que tendrían la capacidad de disciplinar aparentemente los parámetros y segmentos sociales alterados con graves e irreversibles pérdidas para asegurar el cumplimiento de los compromisos salariales, jubilatorios de las capas “menos favorecidas”. Como se vio posteriormente sería el proletariado y el subproletariado (junto con sectores de la clase media y aún de la pequeña empresa nacional) los que habrían de pagar la crisis y el crecimiento geométrico de la desigualdad de la renta.

El gobierno del vicepresidente, que asumió como presidente, astuto politiquero del abigarrado partido mayoritario, ha comenzado su tarea proponiendo a la cámara de diputados, una reforma constitucional que limitaría los gastos de Estado a una cantidad fija a la que sólo se aumentará el importe de la inflación del año anterior. Por otra parte reduciría el salario mínimo y los gastos de la unión, los estados y los municipios En primera votación esa alteración fue aceptada por la cámara de diputados y de la de senadores.

La Constitución brasilera, instituida en 1988, ya fue modificada en varias oportunidades, y se le agregó el PEC 55 (Plano de Enmienda Constitucional) concebido por el gobierno golpista. Está destinado a tornar irreversibles las medidas presupuestarias arriba mencionadas. Esas terrible restricciones están programadas para durar por diez años con opción a otros diez (¡!).

Con respecto a la “razzia” judicial, sin duda alguna pertinente porque el Brasil es uno de los cuatro países más corruptos del mundo, constituye una severa investigación y condena a esos delincuentes, tanto a los funcionarios y políticos como a los propietarios y directivos de empresas (privadas, estatales y mixtas, así como a todos los niveles de la población). Esta investigación era rigurosamente necesaria en el país. Pero la abusiva cruzada leguleya de Moro, instruida y apoyada, como veremos, por los EEUU, y destinada bastante prevalentemente a atacar al Partido de los Trabajadores, sus aliados y a sus representantes gubernamentales, perdió la oportunidad de una auténtica reinstauración de la justicia en el Brasil.

Los procedimientos del Juez Moro bordearon siempre arbitrariedades e ilegalidades. Por ejemplo: proceder a prisiones innecesarias durante las investigaciones de personas declaradamente dispuestas a declarar y colaborar con la justicia. Como adelantamos, ese magistrado hizo públicos aspectos confidenciales de los procesos en curso, grabó y publicó ilegalmente conversaciones privadas (entre ellas una entre la presidenta y el ex presidente Lula) y en una oportunidad arrestó a un ex Ministro de Hacienda que se encontraba acompañando la operación de su esposa de un tumor canceroso cerebral. Ese ex mandatario fue liberado cinco horas después por “constatarse” que, dado el estado de las investigaciones a su respecto, no podría interferir en las pesquisas, cosa de la cual la “omnisapiente Fuerza-tarea” da “Lavajato” ya debía estar completamente informada. Algo parecido acaba de ocurrir con un ex Gobernador de Río de Janeiro, que padece una conocida enfermedad cardíaca, que fue enviado a una cárcel ordinaria en la cual se descompensó y tuvo que ser internado para una intervención en una clínica privada.

Entretanto, espinosas denuncias (tan fundadas como las que fueron formuladas utilizando la modalidad venal antes apuntada) contra una serie de figuras poderosas y adeptas al nuevo modo-régimen- sistema que se quiere implantar, no son registradas o son recibidas y des-activadas por instancias del Poder Judicial aliadas del nuevo Torquemada. Especialmente las que afectan al PSDB (partido neoliberal del ex presidente Fernando Henrique Cardozo) Cabe destacar que la instauración de procesos y de condenas tiene un ritmo muy peculiar, funcionalmente sincopado con los acontecimientos políticos que evoca bastante la declaración en USA del FBI contra Hillarie Clinton, pocos días antes de las elecciones presidenciales. Las acciones del bloque judicial “morista” predominantemente dirigidas al PT y al PMDB (partido centrista altamente oportunista). La “purga” del PT y del PMDB es justificada por el Juez Moro “por ser los partidos que estaban en el gobierno y por lo tanto tenían dadas las condiciones para los crímenes económico políticos”.

El citado magistrado pidió reiteradas veces disculpas por las irregularidades de sus procedimientos, pero los legitimó en nombre de una “justa causa” de crucial importancia para la Nación. Obviamente después del tendencioso “perdón” volvió a cometer los mismos abusos. Paradojalmente, cuando con la complicidad de diputados y senadores de dudosísima catadura y bajo cociente intelectual, el Legislativo consiguió condenar a la Presidenta Dilma Rousseff, el criterio fue otro. Si la dignataria adoptó recursos constitucionalmente discutibles, estrictamente para honrar los programas sociales a cuyo cumplimiento se había comprometido, esa causa no fue considerada “justa” ni merecedora de disculpas. El mencionado Juez tuvo y tiene claras relaciones con organismos de Estado norteamericanos. Sus “purgas”, en principio necesarias, están afectadas por una clara dirección de ataque al populismo, así como de colaboracionismo con la implantación del Capitalismo Mundial Integrado en el Brasil a partir de su principal cabecera instalada en los Estados Unidos de América del Norte. No obstante, ese favorecimiento está claramente relacionado con las perspectivas neoliberales del momento, pero están teniendo, a principios de las súbitas y colosales transformaciones mundiales proteccionistas, un incierto destino.

Los procesos que afectaron a funcionarios y políticos, así como a las empresas estatales y privadas, nacionales o de capital mixto, se llevaron a cabo, en su mayoría, utilizando diversas modalidades de extorsión, prevaricación y delación premiada, y desde el punto de vista procesal, fueron insuficiente o nulamente probadas. Los acusados, ya presos sin derecho a fianza alguna son condenados, apenas con el fallo en segunda instancia sin derecho apelación a las instancias superiores. Y así fue que se “hizo justicia”.

Moro formó parte determinante de una conspiración largamente planeada y ejecutada tanto por los partidos de centro derecha, como por el Vicepresidente Temer y su camarilla de aliados, así como por abogados de larga tradición reaccionaria. Estos últimos secundaron a Moro en su campaña, especialmente en la acusación contra la presidenta y el ex presidente Lula. La AOB (Asociación de abogados del Brasil), así como varios miembros del Supremo Tribunal Superior (Corte Suprema) se pronunciaron, de diversas maneras, a favor de los procedimientos anti constitucionales de Moro.

Como anticipé, los dos gobiernos de Ignacio da Silva así como parte del primero de Dilma Rousseff fueron francamente favorables al desarrollo y la autonomía del país, y en especial a la mejor distribución de la renta y de una serie de grandes programas de beneficios en la población más necesitada.

A medida que esos procesos se iban substanciando, surgieron cada vez más porciones de partidos oportunistas, de diputados y senadores camaleónicos, de fracciones populares, especialmente de clase media urbana perjudicada por la crisis y por el ascenso social de la “ralea” brasilera, que se volvieron activamente contra la presidenta, su partido, y sobre todo contra el ex presidente Lula y su temida popularidad. Esta popularidad significaba un grave riego de victoria en las próximas elecciones presidenciales de 2018. Algunos analistas afirman que el descontento popular (y de otros segmentos tales como del propio legislativo, el judicial y las Fuerzas Armadas) se rebelarían contra el PEC 55 y concluirían por apoyar al ex presidente. Esa presunción, hasta ahora, no ha sido confirmada. Por el momento, sólo los estudiantes secundarios y universitarios han ocupado valientemente sus respectivos establecimientos (más de mil) en protesta contra el plan de gobierno. Estos sectores están siendo muy hostilizados por la policía, así como ignorados por los medios de difusión. Hubo algunas huelgas sectoriales a las que el gobierno Temer respondió favorablemente o no rigurosa y escandalosamente, según su peso productivo y de servicios.

La PEC propone, según anticipé, entre una vasta serie de medidas abusivas disminuir los salarios y pensiones de todos los funcionarios de Estado brasilero en 30 % de su valor actual, aumentar la edad de jubilación a setenta y cinco años para los hombres y sesenta y cinco años para las mujeres, imponer una serie de restricciones para todos los niveles de la educación y la salud públicas así como para la inversión en infraestructura, servicios estatales etc. Y tal atropello se está cumpliendo inexorablemente.

El juez Moro, además de los premios recibidos, de conferencias exorbitantemente pagadas, solicitadas y proferidas en función de su fama inquisitorial, así como los reiterados viajes y cursos con profesores norteamericanos sobre combate al terrorismo y a la corrupción, se sospecha que tiene contactos orgánicos con el Departamento de Estado, la CIA y el FBI. Estas tres dependencias parecen estar íntimamente relacionadas con el “golpe blanco o blando”, (como se acostumbra a decir), y con el “asalto legaloide” a la enorme mayoría de la población brasilera. Las citadas “reformas” (ver más adelante), cuyo verdadero “cerebro” es el Ministro de Hacienda (Ex Presidente del Banco Central) en verdad favorecen decididamente al Capital Financiero, y el especial al bancario, nacional e internacional.

Abusando de las “generosidades” del Internet me he tomado la libertad de citar parcialmente (o casi transcribir), cinco artículos – noticias que considero muy esclarecedores para lo que pretendo expresar en éstas líneas y que entiendo como importantes para los lectores latinoamericanos.

Agradezco sinceramente a los autores y espero no haber sido demasiado excesivo en la transcripción. Creo que esa extensión se justifica por la intención de fundamentar, más de lo que conseguiría apenas con estas “impresiones”, la certeza de que el grave panorama de la situación brasilera, es, entre otras determinaciones, un grave efecto de una conspiración internacional, y si se quiere, supranacional.

Segunda parte[4]

 

Fragmentos del artículo “Tres figuras claves en la Crisis del Brasil que tienen relación con los EEUU”

 

(Portada actualidad. Publicado: 19 may 2016 11h 47min GMT)

 

El presidente Michel Temer

“De acuerdo con unos cables de 2006 y que ha filtrado WikiLeaks, el presidente interino de Brasil, Michel Temer, fue informante de los servicios de inteligencia de Estados Unidos a través de la embajada de ese país en Brasil. En una publicación que ha aparecido en el sitio web de estos activistas, figura un documento enviado desde Sao Paulo (Brasil) con destino al Mando Sur de EE.UU. con sede en Miami (Florida). El documento analiza la situación política en Brasil durante la presidencia de Luiz Inácio Lula da Silva y muestra las reflexiones de Temer sobre las opciones electorales de su partido para ese año. En concreto, el actual presidente interino augura una victoria de su partido, el PMDB (Partido del Movimiento Democrático Brasileño)”. Un detalle sobre el Presidente Temer es que es acusado de financiamiento de las campañas por medio de una “caja dos”, transgresión que podría impedirle presentarse a un cargo electivo por un periodo de ocho años, aunque esa prohibición no le impediría continuar como presidente interino.

Glenn Greenwald, un periodista y abogado afincado en Brasil, ha publicado en The Intercept que este nombramiento puede servir a los intereses de una tercera parte en vez de a los de la nación y que los actuales responsables de gobernar el país planean “nombrar a Goldman Sachs” y a los integrantes del FMI “para regular la economía” o, de lo contrario, instalar un equipo “no representativo” y “neoliberal”.

“El líder del ‘impeachment’ en el Senado tiene sospechosos vínculos estrechos con EE.UU”

El senador Aloysio Nunes, integrante del PMDB y responsable del juicio político contra Rousseff en el Senado, visitó Washington durante tres días. Esto ocurrió sólo un día después de reunirse con diferentes personas, entre las cuales se encontraban algunos miembros de la Comisión de Relaciones Exteriores del Senado de EE.UU., representantes de la empresa lobista Albright Stone Bridge Group —presidida por la ex secretaria de Estado de Bill Clinton, Madeleine Albright— y el ex embajador norteamericano en Brasil, Thomas Shannon, según informó The Intercept.

Por su parte, el codirector del Centro para la Investigación Económica y Política, Mark Weisbrot, reveló a RT que Shannon “ha estado involucrado en otros golpes de Estado” que se han producido en la región, incluidos el de Honduras en 2009 y el de Paraguay en 2012, y que el propio Nunes se ha pronunciado en repetidas ocasiones a favor de que Brasil establezca unas relaciones más estrechas con EE.UU., en un intento de remediar el escándalo de espionaje entre Brasil y ese país.

Liliana Ayalde, embajadora de EE.UU., con experiencia en golpes

Finalmente, la actual embajadora estadounidense en Brasil, Liliana Ayalde, también puede presumir de haber participado en el derrocamiento de Gobiernos extranjeros según recoge un informe periodístico.

En 2008, Ayalde ocupaba el mismo cargo en Paraguay cuando el ex presidente de ese país, Fernando Lugo, estaba bajo la amenaza de un juicio político: en 2012 fue suspendido de su cargo. El 1 de agosto de 2013, Ayalde tomó posesión de su cargo en Brasil, que ha vivido un “impeachment” contra Dilma Rousseff.

Carlos Eduardo Martins, profesor de sociología de la Universidad de Sao Paulo, afirmó a Telesur que esta embajadora “actuó con gran fuerza durante el golpe de Estado” de Paraguay y ahora emplea “el mismo discurso” en Brasil, ya que argumenta que las instituciones brasileñas no pueden resolver esa situación. (TELESUR. ARG. ED. DICIEMBRE 2016.)

Fragmentos de “Impeachment de Dilma” divide opiniones en América Latina. Mónica Yanakiew. Correspondiente de la Agencia en Brasil

Argentina, el principal socio de Brasil en el grupo regional Mercosur, reaccionó con cautela frente a la destitución de Dilma Rousseff, cuyo mandato será concluido por su vicepresidente, Michel Temer. En una nota divulgada este miércoles 31, El Ministerio de Relaciones Exteriores afirmó que “…respeta el proceso institucional verificado en el país hermano” y reafirmó su voluntad de continuar el proceso de integración en un contexto de “respeto a los derechos humanos, a las instituciones democráticas y al derecho internacional.”

Fragmentos del artículo Los impactos do golpe na política externa. Escrito por Alexandre Ganan de Brittes Figueiredo[5]

“Para romper com las amaras de un status quo internacional dado es preciso que se opte por eso (por la autonomía[6]) y, a partir de allí, se formule un camino táctico y estratégico. No es fácil llegar a esa opción. Primero, porque ninguna sociedad es uniforme, y las clases sociales lógicamente formulan pensamientos diferentes en relación con la inserción internacional (en nuestro caso particular el anuncio de la concepción de la política externa que surge con Temer y Serra comprueba que la opción por la soberanía proviene de los trabajadores, no del capitalismo). En segundo lugar, la tentación determinista es grande, difundiendo la creencia de que nada puede ser cambiado, que el tablero del poder ya está dispuesto de la única forma posible.

Una de las estrategias de mantenimiento del status quo producida por las grandes potencias es la cooptación de las elites de futuros rivales eventuales, asociada a la difusión a gran escala de los productos culturales del centro (el llamado soft power, “poder blando”).

La política exterior desarrollada a partir del gobierno de Lula, coordinada por Celso Amorim, Samuel Pinheiro Guimarães y Marco Aurélio Garcia, enfrentó a esos dos tigres (…). Brasil dejó de alinearse automáticamente a las directrices de la política exterior norteamericana, construyendo un camino proprio. Los ejes de esa política son bastante conocidos, estudiados y hasta comentados por los que la formularon. La presencia de Brasil en articulaciones como el G20 y los BRICS denota el protagonismo del país en la propuesta de un nuevo orden internacional. La integración regional ocupó un papel central para proyectar a Brasil en esa dirección. Por eso, los que formularon una política exterior “activa y altiva” reforzaron el Mercosur e impulsaron la creación de “Unasul”, afirmando nuestro destino sudamericano. Si el Mercosur fuese un país, sería el segundo más grande del planeta, una de las cinco mayores economías, la mayor reserva de petróleo, hierro, agua potable, proteína (vegetal y animal) y casi la mitad de la reserva bioenergética del mundo.

El Mercosur consolidó la alianza estratégica entre Brasil y Argentina. Además, la creación del Fondo de Convergencia Estructural (FOCEM) enfrentó el problema de las disparidades regionales.

También por influjo brasileño fue instituido Unasul en 2008, como una instancia de gobierno regional. Unasul tiene, entre sus objetivos, una nueva política integración, de gran espectro…

La participación de Brasil en la firma del Acuerdo de Teherán, en 2010, por el cual Irán se comprometía a aceptar las medidas de cooperación con el sistema internacional en lo concerniente al enriquecimiento del uranio, generó reacciones y boicot de las potencias centrales. Ese dispositivo denotó una preocupación más por esquivar el protagonismo brasileño que en solucionar lo que los medios de comunicación presentaban como el problema internacional más importante: el programa nuclear iraní.

Internamente las reacciones también provinieron de los socios menores del stablishment internacional. Los sectores locales de elite combatieron con todas sus fuerzas los éxitos de la política internacional del gobierno de Lula. Esos grupos, partidarios de lo que José Luis Fiori llamó “cosmopolitismo de mercado”, acepta ganancias económicas inmediatas a cambio del abandono de un proyecto brasileño autónomo de poder y liderazgo internacional. La política externa del gobierno interino se basa en esa perspectiva. O sea que la llegada de José Serra a Itamaraty y el decálogo anunciado por él en el lacto de toma de posesión de su puesto demuestran la decisión de deconstruir los pilares que sustentaron el reciente ascenso de Brasil en el escenario internacional.

En verdad, el desarme del estado social es otra cara de la moneda de desarticulación de los instrumentos de poder en Brasil en la esfera internacional.

El ataque al multilateralismo y a los acuerdos de comercio de “nueva generación” significan para USA, así como para otras economías grandes que se relacionen con países más vulnerables, la generación de grandes ventajas: no pasan por el ámbito amplio de la OMC, y justamente por eso, posibilitan más fácilmente la ampliación de sus zonas de influencia. En esa “nueva generación” no hay solamente acuerdos bilaterales de comercio, sino también la negociación de mega acuerdos, involucrando a muchos estados, bajo la tutela de los actores de las economías centrales. Las siglas TISA, TPP y TTIP deberían ser ampliamente conocidos por los movimientos populares por los riesgos que nos traen.

Aprendieron la lección con el fracaso de ALCA, derrotada por una enorme movilización popular. A partir de ese evento, la estrategia para el TISA establece que sus disposiciones serán negociadas en secreto, sin la participación de la sociedad civil. Más aún, su contenido será divulgado después de cinco años de su entrada en vigor. Gracias a Wikileaks, que dio acceso a centenas de miles de documentos secretos del estado norteamericano, hemos tenido acceso a algunas de esas disposiciones previamente mencionadas. Por sí solas ellas bastan para dejar claro el objetivo de construir un ambiente económico favorable para las grandes corporaciones a costa de los más pobres, en un mundo en el cual el mercado sustituirá a la democracia […] se trata de un mismo objetivo: constituir áreas de libre comercio a favor, principalmente, de empresas norte-americanas y de sus socios europeos y japoneses, todos igualmente asustados por la competencia potencial de los BRICS […]. (Este artículo fue retirado de internet. ¿Censura?)

Revelaciones

09 de octubre de 2016, 12:10 horas

Julián Assange revela que la crisis migratoria en Siria fue un plan de EE.UU. ‘WikiLeaks y su fundador Julián Assange vuelven a revelar información importante de cara a las próximas elecciones de EE.UU. Por un lado filtraron discursos pagos de Hilary Clinton declarándose a favor del “libre comercio y las fronteras abiertas”, y por otro lado revelan el plan del país norteamericano para “vaciar” Siria de sus habitantes a fin de derrocar al Gobierno de Bashar Al Assad. A horas del segundo debate presidencial entre Hilary Clinton y Donald Trump que tendrá lugar esta noche, el portal WikiLeaks vuelve a publicar filtraciones que involucran a la candidata demócrata. Primero la plataforma lanzó fragmentos de discursos a puertas cerradas de la ex secretaria de Estado donde se pronuncia ante los banqueros a favor del “libre comercio y las fronteras abiertas”, y toma una postura contraria a la que utiliza en esta campaña electoral. La nueva filtración de WikiLeaks, que incluye 2.050 de más de 50.00 correos electrónicos del jefe de la campaña de Clinton, John Podestá, quien acompaña a Bill Clinton y Hilary desde 1993. Los documentos son transcripciones de los discursos que Clinton dio desde que dejó la Secretaría de Estado en 2013 hasta el inicio de su campaña presidencial, y que le dejaron cerca de 26 millones de dólares en honorarios. Parte de esos discursos son los que su contrincante en las primarias, Bernie Sanders, había insistido para que los hiciera públicos en febrero pasado, sin éxito.

La ex primera dama que ahora se opone al Acuerdo Transpacífico (TPP por su sigla en inglés) igual que su rival republicano Donald Trump, decía en aquel entonces que “sueño” era “un mercado común continental, con libre comercio y fronteras-abiertas”.

En 2013 Clinton mostró su apoyo al libre comercio ante un banco brasileño, una posición contraria a la que defiende en su campaña ante un electorado que ha girado hacia el proteccionismo.

También aparecen discursos suyos de 2014 ante miembros de las financieras Goldman Sachs y Black Rock, donde Clinton se refiere a la distancia que la separa de la clase media estadounidense. A su vez figuran correos firmados por el Consejo para la Política de Defensa de Estados Unidos que se refieren a la política exterior de la nación norteamericana. En uno de ellos se menciona a Irán, Rusia y al presidente de Siria, Bashar al-Assad como unas “amenazas” a la seguridad tanto de Estados Unidos como de Turquía. EEUU provocó la crisis migratoria en Siria”. Julián Assange, fundador de WikiLeaks, reveló este sábado que el inmenso desplazamiento de ciudadanos sirios hacia otras naciones es una de las estrategias que desde 2006 maneja EE.UU. para derrocar al gobierno de Bashar Al Assad. Según publica la prensa siria Assange reveló información significativa sobre los planes del país norteamericano para deponer al Gobierno sirio, así como de sus maniobras en asuntos relacionados al mercado petrolero y de armamentos.

Los datos revelados por el periodista australiano, refugiado en la embajada ecuatoriana en Londres desde 2012, señalan que una de las estrategias adoptadas por EE UU fue “vaciar a Siria de sus habitantes, a través de la provocación de olas de desplazamiento masivo que llevaron al país árabe al borde del colapso”. A su vez resalta que la estrategia de Washington es paralizar la nación árabe y generar conflictos humanitarios y complejos “que ahora demuestran la hipocresía occidental que está detrás de la política europea de puertas abiertas”. En ese sentido pone el ejemplo de una declaración el gobierno sueco durante la guerra de Irak de que su participación en la guerra fue por aceptación de los refugiados en Suecia. Assange destaca que las agencias de inteligencia y las empresas dedicadas a la industria bélica tienen interés en la continuidad del conflicto en Siria, debido a que si esto acaba disminuirían sus ingresos, y es por eso que para él, esas compañías generan más ataques en el país.

Por último el fundador de WikiLeaks asegura que, “hay una relación directa entre la guerra en Siria y mantener un precio bajo del petróleo, por eso el Banco Central estadounidense rechaza elevar las tasas de interés en coordinación con Francia y Gran Bretaña para esa estrategia en todo el Oriente Medio”.

Tercera parte

 

Comentarios sobre la gestación internacional del Golpe, de su repercusión en Latinoamérica y algunos otros países así como en la subjetivancia

 

La repercusión del golpe en Latinoamérica expresa inequívocamente la división inter e intranacional que afecta a los países de este medio hemisferio. Los gobiernos de Venezuela, Uruguay, Chile, Ecuador, Bolivia y Nicaragua, siempre han sido más o menos afines al régimen de Dilma Rousseff. Si se han pronunciado o no contra el golpe, o más o menos enfáticamente, dependió, en parte, del cambio circunstancial de gobiernos, como es el caso, por ejemplo, de Bolivia, donde Evo Morales no consiguió la reforma constitucional que posibilitaría su tercer y productivo mandato, y de Uruguay donde el presidente electo por el Frente Amplio expresó su aprobación al gobierno neo-liberal de Macri.

Por otra parte, todos los partidos, movimientos y organizaciones progresistas y revolucionarias, aún los de países alineados con los EEUU y del propio país hegemónico, e igualmente de México, Perú y Chile (miembros del Mercado del Pacífico), se han declarado prevalentemente a favor (o no se han declarado contra) del golpe y por lo tanto no lo han entendido como tal. También lo han hecho núcleos de difusión de Honduras, Costa Rica y la República Dominicana.

El discutido presidente de Venezuela, Maduro, había advertido tiempo atrás a la presidenta Rousseff acerca de la posibilidad de un golpe comandado por los EEUU. Al parecer la presidenta y sus consejeros no adjudicaron demasiada credibilidad a la experiencia del mandatario venezolano.

La inmediata declaración de “respeto” por el golpe, del presidente argentino Macri, es un analizador inconfundible de la filiación neoliberalde la conspiración.

Desde luego es fácil “prever” los hechos después de que han ocurrido, pero la cúpula populista debía haber advertido la peligrosidad del panorama que, de cerca y de lejos, la rodeaba.

Las opiniones son muy dispares en lo que atañe a si esa cúpula hizo, o no, todo lo posible para prevenir o evitar el golpe. Nunca se sabrá todo lo necesario al respecto.

Desde luego lo que debieron haber hecho fue no participar, ni remotamente, en ningún esquema de corrupción, sea en beneficio personal o en el del partido.

En el marco mundial constituido por la vigente y casi universal regresión a la derecha del mundo contemporáneo, la reactivación de los separatismos y nacionalismos más o menos fascistas, la “nueva interpósita guerra fría” (llamada híbrida) ruso-americana, el terrorismo internacional, y los gravísimos conflictos de Oriente Medio perturbando la provisión energética de occidente, los apetitos y temores norteamericanos no podían sino volverse sobre las riquezas y peligros latinoamericanos.

Es sabido que la superioridad de USA está un tanto sofrenada en todos los niveles, no solamente por el hecho de que la crisis mundial se inició en su economía, sino por una cierta tendencia decadente que se nota en su condición de capital del Imperio Capitalista. Según me parece, la crisis que sufre el Capitalismo Mundial Integrado no es exclusivamente una conmoción cíclica. Se trata del costo mafioso, del dispendio de la corrida armamentista y del aparato de seguridad, de la cantidad y modalidades de la caída de la tasa mundial de extracción de plusvalía, de la agudización del saldo negativo en el equilibrio precario entre salarios y consumo, pero, sobre todo, por la hegemonía improductiva del capital financiero y su entrópico dominio.

Como fue mencionado anteriormente, el crecimiento económico y político de China, India, Rusia y África del Sur, así como algunos de los llamados Tigres Asiáticos, China e India, implica una competencia nada despreciable que debe ser neutralizada con un estrechamiento de las relaciones con los aliados (como Japón, Alemania, Francia y el Reino Unido) y nuevos mercados “cautivos”.

Fieles a esa línea, las agencias más poderosas de los medios locales de comunicación, que pertenecen a seis o siete familias acaudaladas (por ejemplo la red Globo de TV y los periódicos Folha de São Paulo, la revista Veja y muchos otros, así como sus agencias en el exterior), se politizaron ostentosamente, (mucho más que lo habitual) a favor del golpe, y contribuyeron abrumadoramente para su efectuación, especialmente por medio de su gran influencia sobre capas de clase media-media y media-baja. Muchos de los miembros de esos estamentos llenaron las calles con manifestaciones en las que (a pesar del pretexto de la corrupción) se asumía plenamente una supuesta situación de clase perjudicada por la orientación de “bienestar social” del gobierno petista.

Consecuencias del golpe en las elecciones municipales

Los resultados de las elecciones municipales que acaban de realizarse (Septiembre-Octubre de 2016) parecen indicar cuatro novedades notables. La primera es una proporcionalidad considerable de votos blancos y nulos, que teniendo en cuenta el hecho de que el sufragio es obligatorio, resulta expresiva de un desaliento con respecto a la “clase política”, su corrupción, su volatilidad, su oportunismo, su poca cultura, su preocupación predominantemente exclusiva por sus propios intereses carreristas y remunerativos y los de las clases dominantes.

Tal vez, en un sentido algo más profundo, esa abstención tenga que ver con una crítica a la democracia representativa indirecta propiamente dicha, como incapaz de atender a las necesidades y deseos de un pueblo afectado por una brutal desigualdad de todo tipo de bienes y servicios.

La segunda evidencia consiste en una caída vertiginosa (con mínimas excepciones) de la cantidad de votos del Partido de los Trabajadores (PT) y en general de las agrupaciones de izquierda. El largo mandato de cuatro períodos del PT, la sustentación de un Estado de Bienestar (justísimo, pero artificioso), prodigado a costa de un aumento considerable de la deuda pública interna y externa y la visible participación del PT en la degradación ético-política generalizada, no resistieron al impacto de la crisis mundial.

En tercer lugar se nota una inclinación a la elección de candidatos con liderazgos deportivos, mediáticos y religiosos, así como dotados de cierto éxito empresarial y financiero. Los mismos afirman reiteradamente “no ser salvadores de la patria”, pero fueron votados como si lo fuesen.

El mayor partido brasilero (PMDB), al cual pertenece el presidente Temer, así como muchos gobernadores, ministros, diputados, (federales y estatales), secretarios, prefeitos (intendentes) y concejales (vereadores), no parece haber ganado todo lo que su antitética conducta les prometía.

En cuarto lugar el partido del ex presidente Fernando Henrique Cardozo (PSDB) renació de sus cenizas pseudo socialdemócratas, en realidad decididamente liberales, y obtuvo éxitos contundentes (a pesar de que no numerosos) con la elección del prefecto de São Paulo (Estado de mayor producción y concentración de la renta en el país), la notoriedad del gobernador de ese poderoso Estado, Alkimin (que suena como candidato a la presidencia) y el nombramiento del candidato a la presidencia derrotado en elecciones pasadas, José Serra, para el cargo de Ministro de Relaciones Exteriores. Recientemente, tomando en cuenta la rotunda impopularidad del Presidente Temer, su hasta ahora fracasado plan económico y el hecho de que tiene un proceso judicial pendiente sobre su cabeza, se ha comenzado a especular con su defenestración y un proyecto de elecciones indirectas. La presidenta del Supremo tribunal de justicia está protagonizando una campaña publicitaria, mes o menos velada, que la hace una probable candidata al cargo.

Creo (como ya anticipé ampliamente), que el golpe que defenestró a la presidenta Dilma Rousseff, y que junto con la campaña de judialización de la política capitaneada por el Juez Moro, causó una grave duda acerca de la popularidad de la pseudo democracia indirecta, del Estado en su conjunto, de la clase política, del papel “imparcial” de la comunicación social y de la independencia entre el Estado y las religiones (varios representantes de la sectas religiosas que proliferan en el país fueron elegidos en altos cargos)

Han abundado los comentarios acerca de que, si las recientes elecciones municipales no hubiesen sido obligatorias, el número de votos blancos y nulos habría alcanzado cifras tan alarmantes como significativas. ¿Fuga? ¿Abandono decepcionado del campo de disputa? ¿Auto-represión? ¿Depresión? ¿Estrategia de desplazamiento para otro campo de lucha? ¿Voto útil simbólico a favor de los derrotados? Probablemente un poco de cada una de esas motivaciones.

Por otra parte, el número de víctimas de la violencia comicial, varias de ellas fatales, ascendió a noventa personas. Esa performance no es inusual en América Latina, pero es notable en la historia del Brasil moderno. Los eufemismos del tipo de la “cordialidad generalizada del pueblo brasileño” y de su “tolerancia racial” están, por todo lo dicho, gravemente cuestionadas.

Los acontecimientos relatados han causado consecuencias contradictorias a grande, media y pequeña escala. Por un lado, numerosas masas han ganado las calles, en todo el territorio nacional, caracterizadas por un agudo antagonismo, que lejos de ser pacífico, como se han empeñado en propalar los medios golpistas, ha presentado todos los tipos de hostilidad imaginables.

Es preciso tener muy presente que un ejercicio competente y justo de las funciones de un gobernante, en un país continental como el Brasil, con la colosal desigualdad en la distribución de la renta, con grados de miseria y de pobreza calamitosos, con tensas diferencias clasistas, de instrucción, regionales, sexuales, etarias religiosas y raciales… es de por sí muy difícil, o si se quiere, (como decía Freud), imposible. A no ser, está claro, con una participación plena o con un protagonismo orgánico y directo de la población.

Paradojal, pero habitualmente esas condiciones, que hacen indispensable la aplicación de mecanismos crecientemente perfeccionables de instrucción política y de consulta popular continua, se han encaminado, tradicional y actualmente, hacia el manejo del poder (no sin excepciones) por una alianza autoritaria y perversa. Como ya anticipé, se trata de un contubernio entre un estamento político profesional y una partidocracia de corruptos y demagógicos, un conjunto empresarial elitista corruptor y monopólico, y una máquina de Estado venal, corrupta, incompetente y sobre dimensionada.

La producción de subjetividad y de subjetivación

Los acontecimientos ocurridos desde los últimos años del mandato de Dilma Rousseff han llevado al pueblo brasilero a una polarización extrema y persecutoria, en la que una disociación relativamente artificial ha dividido y confrontado grandes sectores cuyos intereses y voluntades singulares, según me parece, estaban erróneamente agrupados y opuestos. Facciones de la clase media que apoyaron al bloque golpista, no se verán favorecidos ni justipreciados por la tesitura que se avecina. Lo mismo acontecerá con parte del “funcionalato” adherente al nuevo régimen que será barrido por la orientación “optimizante” utilitaria del mismo. El malestar de esos segmentos ya se está tornando evidente.

Probablemente algo similar ocurrirá con los partidos políticos, amenazados por una reforma diezmadora y con la prohibición de subsidios electorales y empresariales, así como con algunas empresas nacionales, que ya protestan contra las privatizaciones dedicadas al capital externo. Lo mismo acontece con las oligarquías locales del interior, que no aceptan el poder discrecional del nuevo bloque dominante.

Igualmente el poder legislativo, habituado a cambiar sus adhesiones por prebendas, recibirá menos de lo que espera, (entre otras razones porque el Estado federal y los estatales están quebrados) y entorpecerá así los cercenamientos y redistribuciones que el nuevo gobierno y su subordinación extranjera requieren. Tendremos así nuevas persecuciones (reales o imaginarias), mitomanías, inconsecuencias, hipocresías etc. A ésta altura, seis de los integrantes del gabinete ministerial de Temer, ya han renunciado, o han sido demitidos de sus cargos.

Entiendo como ineludible hacer constar que, desde mi punto de vista, uno de los peores maleficios de esa escisión-confrontación consiste en la creación de una ilusión de exhaustividad según la cual ese conflicto, y la “naturaleza” de sus términos, agotan las opciones, tanto las posibles como las impensadas de Utopías Activas.

Peor aún: a su decididamente desigual manera y alcances, en función del triunfo o de la derrota, las dos orientaciones plantean sus objetivos ideales “últimos” insuficientes, al mismo tiempo en que desprestigian a las propuestas utópicas como históricamente fracasadas y sobrepasadas. Vivimos, pues, una reducción escotómica de los horizontes escogibles. Un escepticismo melancólico.

Los dos “bandos” enfatizan en el valor del imperio de la Ley (especialmente de la Constitución) y en la normatividad del Estado de Derecho y sus instituciones, siendo que advierten palmariamente que la leyes, en su esencia y en las interpretaciones dominantes que se hace de ellas, tienden a la preservación de la propiedad privada, de la persona de los propietarios y a la individualidad de los derechos. Tenemos así una mistificación perversa del “contrato social” que resuena con el contrato que reglamenta las prácticas sadomasoquistas.

Por otra parte los procedimientos adoptados, especialmente por el poder Judicial y el Legislativo, substancialmente propios del Estado de Excepción, traen a la memoria (explícita o no) de los militantes y de la masa más o menos a-política, el recuerdo traumático, inconsciente o no, del golpe militar de 1964 y del régimen dictatorial que lo sucedió. Tal vez más allá de ese retorno de lo parcialmente negado (y aunque el Imperialismo contemporáneo es otro), afecta las subjetividades el de las mortíferas hazañas del poder yanqui, allende los planes Camelot y Cóndor, y de las invasiones a países centroamericanos. La historia “objetivo-subjetiva” está marcada por Hiroshima y Nagasaki, Corea, Vietnam, Laos, Camboya, Afganistán, Irak, Jordania, Granada, Panamá, Colombia etc.

El terror de Estado, tanto el del Estado burgués, como el del bolchevique, como el hitleriano o el de las actuales mezclas de Dictaduras del proletariado con funcionamiento económico capitalista (China, Cuba, Corea del Norte) es, sin duda, mucho peor que el de la Democracia pseudo representativa. Ese terror no solo reside y es rememorado constantemente en todos los medios, museos, monumentos, denominaciones y bancadas militares y neo-nazis, sino que ha sido continuamente evocado por la presidenta suspensa, víctima de inenarrable tortura. La cicatriz es reticulada.

Esos desgarradores relatos presidenciales, que aparentemente no producen ningún efecto en la sensibilidad de la masa inorgánica adherida al golpe, seguramente actúan, a otros niveles subjetivos, para determinar su preferencia por el terror blando neoliberal, “porque las cosas podrían ser peores” o “porque es mejor ser cómplice que opositor a los poderosos”, o porque “el que se quemó con leche ve una vaca y llora”.

Dicho todo lo metafóricamente que se quiera, en esa masa, la vivencia política adquiere colectivamente las características de la llamada “Enfermedad de pánico”, o una fobia a la afirmación de la soberanía del país, la independencia económica y la libertad política del territorio nacional y su población.

Para el amplio y vago espectro de subjetividades que el conflicto entre heterogéneos opositores uniforma con el mote de “coxinhas” (gourmets selectos de muslos empanizados de pollo), Vs. “mortadelas” (consumidores de un embutido barato, cuando tienen acceso al mismo), se establece una recíproca proyección y atribución especular paranoide de la culpabilidad por la crisis y por el golpe. Esa reciprocidad, que sin duda condena al sector “mortadela” que no es igualmente culpable en la realidad, crea entre vencedores y vencidos tanto una quimera megalómana de “solución definitiva”, por parte de los unos, como una disposición vengativa por parte de los otros.

En el medio de esos bandos, están los sectores de la clase media a los que denomino “salames”, porque han apoyado el nuevo régimen, creyendo que su orientación desigualmente restrictiva no habría de perjudicarlos.

La innegable, o por lo menos frecuente coincidencia entre la condición de negro, nordestino, sin tierra, sin casa, sin trabajo, sin renta, sin documentos, iletrado, inmigrante ilegal o interno trashumante, transexual, mendigo, marginado, marginal etc. Agrupa un conjunto de minorías ostensivamente mayoritario para un país que ya fue la quinta economía mundial.

Manifiesta, o disimulada, francamente discriminado o inconscientemente estigmatizado, despreciado, maltratado y temido, ese pueblo-marginado-extraño-dentro- de-un- pueblo tiene como contrapartida el horror de las calles, de los espectáculos masivos, de los automóviles blindados, los condominios-bunkers (de lujo y de clase media) con escuelas, hospitales, y hasta iglesias propios; florecen también los inmensos edificios con 24 horas de vigilancia armada, las empresas privadas de seguridad, la industria armamentista para ataque-defensa internos y para la exportación (Brasil es el cuarto productor y exportador mundial de armas cortas). El espacio público se ha tornado una tierra de nadie que sufre un estado de excepción de hecho. Las prisiones, sobre ocupadas por tres veces sus capacidades son escenario del asesinato de varios cientos de detenidos pertenecientes a distintas facciones del tráfico de drogas. Siete estados de la Unión piden intervención de las fuerzas federales.

¿Cuál será el futuro de ese fúnebre paisaje? ¿El Brasil será una Corea del Sur, una África del Sur, una Australia? ¿O un Haití, una Honduras, o una Nueva Orleans?¿El Partido de los Trabajadores se repondrá lo suficiente como para hacer proliferar sus raíces en el auténtico pueblo del Brasil y constituir una oposición digna, honesta y eficiente?¿Los movimientos de los “Sin”, especialmente (además de lo ya mencionados) los “Sin empleo”, “Sin salarios pagos al día”, “Casi sin jubilación”, “Sin mejores programas sociales”, “Sin privacidad comunicacional”, “Sin habeas corpus”, “Sin referéndums ni plebiscitos” etc, etc, etc. Se unirán contra la dictadura interina, contra Ali Babá y sus cientos de ladrones parlamentarios? ¿Contra los traficantes de milagros? ¿Contra la condición brasilera de “Estado esclavo asociado”? ¿Tendrá que enviar tropas a Siria, Afganistán e Irak para luchar contra un Irán nuclear, Al Qaeda y el Estado Islámico? ¿O tendrá que combatir con sus aliados de los BRICS, en Siria y otros lugares?.¿O el pueblo brasileño luchará por su democracia directa, por su legalidad y por su independencia, como lo hizo en las manifestaciones masivas de las “Directas ya” y las similares que se sucedieron en repetidas oportunidades?

Si la gran conspiración brasileña se ha atrevido a tomar todas las incalificables medidas que pergeñó hasta ahora, no es solo porque tiene las “espaldas calientes” con el apoyo de los EEUU (apoyo éste que se tornó gravemente improbable con la victoria electoral de Donald Trump) Ese complot:¿Cuenta también con la supuesta pasividad, la indiferencia, la ignorancia, la credulidad y la escasez del pueblo brasileño? Depende, pues, de los citados movimientos, de las organizaciones libertarias, de los partidos políticos rescatables, de los líderes populares y de cada ciudadano y ciudadana que el golpe no prospere y que no se instale definitivamente en el país la lógica y la ética económico políticas del Gran Capital. El pueblo brasileño tiene antecedentes como para apostar en que lo conseguirá.

No es preciso esperar a que se consolide el régimen golpista para que se verifique que provocará el desmantelamiento de todo cuanto garantice algunos beneficios para la mayoría de la población. Es pavoroso constatar que la lucha puede extenderse por una o dos generaciones, pero si no se incrementa ahora tendrá muchas más dificultades para vencer en el futuro. Indudablemente no tengo ninguna receta para esa gigantesca militancia indispensable. Pero las manifestaciones, las ocupaciones, las huelgas, ya comenzaron tímidamente, toda otra modalidad de desobediencia civil puede ser eficaz. Pero es preciso no caer en lo que las fuerzas de la dictadura legaloide denominan violencia, así como se necesita estar atento a las penetraciones facinerosas con las que las citadas fuerzas infiltran las operaciones populares.

Todas las maniobras de la confabulación hasta ahora triunfante han sido implantadas para poner el país al servicio del neoliberalismo; paradojalmente en todos los grandes bloques económico políticos se nota una fuerte tendencia a una retracción nacionalista- proteccionista y un vuelco del capital sobre los campos nacionales. Para vender la nación habrá que cobrarla muy barata, y aún existe el riesgo de que su stock quede encallado.

No tengo respuestas para las preguntas esenciales aquí formuladas, ni proyectos precisos para ésta coyuntura. Apenas tengo impresiones. Me pareció que debía comunicarlas.

Belo Horizonte, Brasil, enero de 2017


[1] Neologismo del autor que significa producción de subjetividade alienada y de subjetivación libre y creativa.

[2] Gregorio F Baremblitt es Médico Psiquiatra, Analista Institucional, Esquizoanalista y Esquizodramatista.

[3] Falta de capacidad para pagar las deudas o para hacer gastos (N del T).

[4] La traducción de los fragmentos que están en portugués es responsabilidad de Miguel Matrajt.

[5] Alexandre Gana de Brittes Figueredo es abogado y “bacharel” en Historia, habiendo concluido ambos cursos en la Universidad de São Paulo. Hizo su maestria y doctorado en Integração da América Latina el PROLAM-USP. Es colaborador del Instituto de Estudos Contemporâneos e Cooperação Internacional (IECInt).

[6] Nota de Gregorio Baremblitt.

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