Subjetividad y cultura

La justicia no existe y reina la impunidad

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COMENTARIO AL LIBRO DE:

Edgardo Arredondo (2014). De médico a sicario. SEDECULTA (Yucatán)-CONACULTA: Yucatán, México, y Ediciones Felou en formato impreso y electrónico (e-book).

                                                                 Mario Campuzano

Esta es la segunda obra del autor: un médico ortopedista yucateco cuya afición a las artes y la cultura le ha llevado a incursionar en la literatura.  Su primera publicación fue una novela policíaca del género de novela negra, Detrás del horizonte, publicada en 2011 también por SEDECULTA- CONACULTA y por Ediciones Felou.

La novela negra en México tiene antecedentes en autores clásicos como Rodolfo Usigli y Carlos Fuentes, pero su desarrollo es tardío, con impulso a partir de Rafael Bernal (El complot mongol, 1969) seguido por autores como Paco Ignacio Taibo II y Elmer Mendoza. Pero, ¿por qué es importante este género literario en México? Eduardo Antonio Parra, en entrevista periodística, da una respuesta profundamente esclarecedora:

“La novela realista en México tenía que ser negra. Es la que retrata los bajos fondos y se puede desdoblar en novelas política y criminal… tiene mucho que ver con la psicología de la población mexicana. La está reflejando. Son novelas que exhiben una violencia extrema, a veces muy contenida, pero que traen el reflejo de lo que estamos viviendo. Una de las cosas que muestran varias de las novelas actuales que se escriben en este género es que la justicia no existe y lo que reina es la impunidad, como lo vemos en los periódicos y en las calles”[1].

La novela de Arredondo que comentamos, corresponde –estilísticamente- al género del thriller o novela de suspenso con el correspondiente ritmo rápido en un ambiente de acción ligado a una intriga. Temáticamente corresponde a un género de época: la literatura del narco, de la cual comenta Luis Prado en El País (sección Cultura) del 31 de marzo de 2012 (México):

“En la era del narco parecería evidente que el éxito de novelas como El poder del perro, de Don Wislow; La reina del Sur, de Arturo Pérez-Reverte; o Balas de plata, de Elmer Mendoza, se debe a que describen con solvencia no sólo la realidad, sino el momento que atraviesan las letras mexicanas…” Y cita a Emiliano Monge:

“Hay dos narcoliteraturas: la policíaca y la literaria. La segunda aborda el fenómeno no como personaje sino como escenario, como un espacio en el que tienen cabida tanto las historias de amor como la emigración y los parricidios. El aumento de la violencia social va siempre acompañado del aumento de violencias más íntimas”.

Y justamente esta novela que comentamos corresponde a ese tipo, el género literario del narco, en este caso escrita por un médico ortopedista del sur sobre los problemas del ejercicio profesional en sus colegas del norte. El protagonista es el doctor Román Arzamendi, un ortopedista recién egresado de la especialidad que decide emigrar al norte, cerca de la frontera, dentro del sistema hospitalario del Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS).

En ese personaje, y algunos de sus colegas de trabajo en el hospital, Edgardo sintetiza la grave problemática que tienen los médicos que trabajan en esa zona del país por la presencia de los carteles del narcotráfico y la nula protección de las autoridades, pero que se presenta igualmente en otras amplias regiones y comprende desde las extorsiones hasta la colaboración profesional forzada, el secuestro y el asesinato, lo cual da lugar a importantes riesgos personales y a dificultades de funcionamiento de las unidades hospitalarias por las renuncias, no sólo del personal médico, sino del personal de salud en general, así como la frecuente emigración de estos profesionales a sitios más seguros por las dificultades mencionadas.

El libro atrapa la atención del lector desde el primer momento y en su rápido ritmo va contando una historia donde desfilan múltiples personajes del mundo del narcotráfico y se muestran las líneas infinitas de penetración de sus intereses en la población y en las instituciones, algunas signadas por el interés económico pero otras por las relaciones familiares o amistosas o por coacciones imposibles de resistir, un cuadro social complejo que rompe el esquema infantil de los buenos y los malos.

Destaca en la trama de la novela los momentos en que se tiene que encarar la difícil decisión de quedarse en el lugar donde se ha logrado conquistar un lugar profesional, un prestigio y una red social de relaciones, a veces incluyendo una pareja o una familia, pero donde también existe un nivel de riesgo a veces difícil de medir y siempre distorsionado en el nivel subjetivo por la amenaza de perder todo y tener que volver a empezar en otro lugar en condiciones desfavorables. Este conflicto es retratado con crudeza, así como el alto costo de equivocarse en esa decisión.

También relata en forma a veces divertida y a veces dramática la vida hospitalaria y, en especial, la vida de los cirujanos que el autor conoce tan bien. Es de destacar como un acierto la consecución de una tensión dramática permanente que mantiene el interés del lector y le impide abandonar su lectura hasta culminar con el inesperado final.

En resumen: una novela de acción muy bien lograda, ágil, divertida y dramática, que se lee de un tirón pero que tiene la capacidad de inducir, por su contenido, reflexiones importantes en relación al país y a sus autoridades, ligadas al narcotráfico en amplia medida dando lugar a un cogobierno de alianzas cambiantes con la población atrapada en medio.

En esta novela aparece centralmente el mundo de los médicos, pero situaciones semejantes se dan con otros profesionales como los ingenieros y los constructores en general, dentistas, veterinarios y aun con modestos maestros de enseñanza elemental. Por supuesto también con comerciantes, hoteleros y restauranteros que a veces no pueden cubrir ya las cuotas exigidas por la extorsión y tienen que cerrar sus negocios, generando en algunos casos panoramas desoladores como la zona fronteriza mexicana donde otrora existieran múltiples comercios florecientes. Los empresarios también pueden ser sujetos de extorsión que les orille al cierre o que les lleve a reducir en forma importante sus actividades en función de la inseguridad. En fin: la agonía de actividades de servicio, empresariales y de negocios, así como de los pobladores sujetos a una sangría que les va llevando a la inanición.

La situación de los médicos así como la de los otros casos mencionados se suele ocultar por los medios, salvo cuando llega a los casos extremos del homicidio y eso es lo que ha sucedido últimamente en que han aparecido notas periodísticas sobre casos de médicos, residentes de especialidad o pasantes de medicina asesinados en distintas partes del país, lo cual ha generado un movimiento de protesta de los pasantes de medicina tras la muerte de la doctora María Teresa Adona Ponce, egresada de la Universidad Autónoma de Guadalajara, quien prestaba sus servicios en el municipio Romita en Guanajuato; el 8 de junio de 2015 murió en Sinaloa el médico Luis Oswaldo Duarte, neumólogo pediatra, que fue levantado antes de que su cuerpo sin vida apareciera en el interior de su automóvil; el pasado 26 de octubre Paulina Méndez residente de traumatología en el Hospital General Regional de León fue asesinada en un asalto. El año pasado fue asesinada también María Concepción de la Torre que prestaba servicio social en el municipio de Soyapa, Sonora. En Guerrero ha habido manifestaciones de protesta, no sólo de médicos sino de todo el personal de salud, por las condiciones de extorsión y acoso; en ese estado han llegado al extremo de conseguir los delincuentes la nómina de maestros para someterlos a cuotas quincenales. En Morelos hay situaciones semejantes, en el sur de Veracruz los médicos hicieron huelga de servicios y manifestaciones públicas para destacar el alto número de secuestros que han sufrido, o sea, es un problema extendido en amplias zonas del país.

En un sondeo en nueve estados de la República se encontró que 75 % de los médicos encuestados han tenido un incidente de inseguridad, principalmente como extorsión telefónica, asalto a mano armada o robo de vehículo[2].

                                              

 


[1] La Jornada, Cultura, pág. 7a, jueves 25 de junio, México.

[2] La Jornada, domingo 21 de junio y lunes 22 de junio de 2015.

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