Subjetividad y cultura

Irene Meler: pensamiento en acción. Campo social y subjetividad en las complejidades vinculares.

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Ariel Martínez

Instituto de Investigaciones en Humanidades y Ciencias Sociales

Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas

Universidad Nacional de La Plata

Argentina

Reseña: Meler, I. (2013). Recomenzar: amor y poder después del divorcio. Buenos Aires: Paidós.

En el libro “Recomenzar: amor y poder después del divorcio” (2013) Irene Meler nos brinda su reciente producción teórica realizada a partir de una investigación en el marco de su Tesis Doctoral sobre Familias Ensambladas.

En primer lugar, se trata de un tema cuya relevancia es indiscutible ya que, como refiere la propia autora, las transformaciones culturales propias de la vida contemporánea, signadas por una lógica del consumo, atraviesan la vida social y subjetiva. Esta dinámica también captura los vínculos de intimidad entre las personas. Es así que la familia, al menos en su versión moderna, atraviesa actualmente una profunda crisis. En este panorama social complejo la autora toma como objeto de estudio un estilo de familiarización que más se aproxima al modelo moderno, conocido como familias ensambladas, específicamente en sectores poblacionales medios. Bajo la categoría de familias ensambladas la autora denomina a aquellas uniones establecidas entre sujetos que con anterioridad han contraído (al menos uno de ellos) una unión conyugal electiva, que se pretendió indisoluble pero luego caducó.

Lo que aporta aún más originalidad al tema de investigación es el enfoque utilizado. El prisma a partir del cual estas constelaciones familiares son analizadas resulta de una articulación entre psicoanálisis y estudios de género, intersección que desde hace varias décadas ha dado lugar a un espacio de producción teórica muy prolífico.

Desde allí, las relaciones familiares son analizadas como vínculos atravesados por el deseo, el amor, pero también por relaciones de poder, hostilidad y odio. Este abordaje considera tanto la ambivalencia propia de todo vínculo humano, tal como nos enseña el psicoanálisis, así como las relaciones asimétricas de poder que existen entre los géneros que aún hoy, pese a la democratización creciente en materia de género, persiste. En última instancia se trata de comprender la forma en que las relaciones amorosas, la sexualidad, la comunicación y los conflictos conyugales se estructuran en función de las relaciones de género.

Ya desde el inicio, el título del libro nos presenta dos categorías: amor y poder, dos dimensiones, nominadas de diferentes modos a lo largo del libro, que producen un arco de tensión conceptual que la autora utiliza para desplegar un marco teórico complejo, que incluye un vasto conjunto de referencias a autores canónicos y también contemporáneos, locales (nacionales y latinoamericanos) y extranjeros (especialmente analiza con la misma atención y rigurosidad producciones provenientes tanto del pensamiento francés como norteamericano. Es posible detectar el interés por incluir diferentes filiaciones teóricas que enriquecen, no de manera ecléctica, y dan espesor y densidad conceptual a sus planteos.

El libro ofrece al lector tres partes claramente delimitadas. Un primer segmento presenta de manera exhaustiva aquello que se ha logrado conocer hasta el momento sobre el divorcio y los ensamblajes familiares. El segundo segmento del libro ofrece el marco teórico. Finalmente, en un tercer momento, se presentan los hallazgos de la investigación realizada.

En la primera parte, la autora elabora un estado de la cuestión sobre la temática que evidencia la escasez de estudios que toman como objeto las relaciones de pareja conyugal en segundas o terceras nupcias. Incluso ninguno de los estudios existentes da cuenta de las relaciones de género (entendida como relaciones de amor y poder en un contexto cultural signado por la dominación masculina). Durante este rastreo la autora establece un diálogo crítico continuo con las referencias a las que acude. No hay referencia teórica o empírica que no reciba un comentario o reflexión enraizada en su experiencia clínica o en su recorrido teórico, lo que enriquece ampliamente el material.

Las indagaciones existentes se organizan a partir del enfoque adoptado: histórico, jurídico o psicosocial. Tal rastreo nos enseña que los ensamblajes familiares no son un invento de la modernidad tardía, sino que se ha producido en varias épocas y lugares. También develan la tensión y los complejos lazos existentes entre las mentalidades y las regulaciones del marco legal. En esta línea algunos pensadores dan cuenta de la complejidad y ambigüedad de las familias ensambladas, incluso señalan el modo en que los roles parentales se superponen creando tensiones entre los sujetos involucrados. Ante este panorama muchos intelectuales proponen avanzar hacia mayores regulaciones legales, lo que redundaría en una disminución de numerosas fuentes de enfrentamiento y odio que surgen en las familias ensambladas. La autora señala que si bien el marco legal regula las complejas transacciones vinculares al interior de estas configuraciones vinculares, incluso la legislación vigente contribuye de modo significativo a estructurar las subjetividades, sin embargo estas transacciones exceden largamente los efectos del marco legal. En períodos como el actual las costumbres rápidamente cambiantes van reemplazando a fuerza vinculante de las leyes.

Como el objetivo de la autora consiste en analizar las relaciones de género en familias ensambladas, su interés se dirige específicamente a indagar las relaciones de pareja. No hay demasiadas investigaciones empíricas al respecto. Aun así, la autora tematiza líneas conceptuales respecto a este tipo de vínculo, sobre todo se preocupa por exponer el carácter histórico del amor conyugal a partir de múltiples referencias teóricas de autores provenientes de múltiples disciplinas.

La autora deja claro que el interés de los investigadores se dirige hacia los hijos de matrimonios divorciados y vueltos casar. A este punto la autora dedica un capítulo en el que expone resultados de investigaciones realizadas en diferentes puntos del mundo, que luego va precisando a las particularidades de la realidad latinoamericana y, finalmente, de Argentina, en el cual, de acuerdo a las tendencias demográficas expuestas, crece la difusión de modelos alternativos a la familia nuclear biparental. Específicamente ha resultado de interés para varios investigadores el modo en que los conflictos propios de la separación de la pareja parental impactan en la salud mental de los hijos. A este respecto también se expone una amplia gama de desarrollos e investigaciones, donde emergen diferentes líneas problemáticas: entre otras, el carácter borroso de las barreras del incesto, claudicación parental, caída prematura y traumática de la idealización infantil de los padres. Asimismo la autora también denuncia sesgos ideológicos frecuentes en aquellas investigaciones donde se intersectan familia, diversidad y salud mental.

Por otra parte el libro nos ofrece un recorrido que tiende a delimitar algunas características estructurales específicas. Ante este propósito es posible constatar las dificultades específicas que afrontan estas “nuevas” familias: imprecisión de las fronteras de la familia reorganizada, no existen denominaciones establecidas para los nuevos vínculos del parentesco, la mayor parte de los niños viven el divorcio de los padres como una crisis grave, antagonismo entre bienestar de los adultos y el de los niños, aspecto sexual no sujeto al tabú del incesto, deterioro de prácticas parentales, etc. Es posible establecer coincidencias notables entre divorcio, nuevos matrimonios y sufrimiento emocional en toda la red familiar. La pregunta que surge es: ¿se trata de un nuevo tipo de familia con una estructura particular y relaciones específicas? Lo específico parece estar en su carácter patógeno. Entre los términos que sobrevuelan las teorizaciones registradas por la autora sobre este tipo de familias encontramos los siguientes: coaliciones, aislamiento, rivalidades, intromisiones, entre otros.

Ante este panorama sombrío la autora ofrece esperanzas de que el tiempo y el trabajo psíquico colectivo permitan diseñar modelos de disolución conyugal y de recomposición familiar menos patógenos. En palabras de la autora: “me inclino por considerar que las primeras generaciones de divorciados, casados en segundas o terceras nupcias, y sus hijos, padecen de serias dificultades, mayores y diferentes de las que enfrentan generalmente los miembros de familias nucleares integradas. Entiendo que es posible suponer que en el futuro, una vez que se haya logrado una transformación de las prácticas, los valores y las representaciones colectivas, el sufrimiento psíquico y los conflictos vinculares decrecerán. Este supuesto se apoya en una concepción no esencialista del ser humano, es decir, que más bien cree en su plasticidad para generar cambios culturales y subjetivos, actitud que sin embargo, no niega los elevados costos de la transición”.

La autora también examina el modo en que ciertos marcos teóricos sancionan, de manera explícita o subyacente, como patológicos o inadecuados los nuevos arreglos familiares, lo cual es un obstáculo a la hora de propiciar elaboraciones constructivas. En esta línea la autora critica el recurso abusivo a modelos estructuralistas como recurso privilegiado a la hora de explicar las nuevas dinámicas familiares.

Otro tema a remarcar es el que refiere al problema de las categorías con las que contamos, más precisamente sus límites, para dar cuenta de estas presentaciones vinculares propias de las transformaciones posmodernas. En este sentido la metáfora para referir a estas familias deja de ser la de célula. La autora propone la idea de constelación ya que sus implicancias semánticas contemplan la diversidad de definiciones y percepciones desde la perspectiva de los propios integrantes.

El segundo segmento constituye el corazón del libro. Se trata de un marco teórico que excede ampliamente los alcances de la investigación empírica que sustenta. Constituye una investigación bibliográfica en sí misma de gran rigurosidad y complejidad. El marco teórico aquí construido modela una plataforma analítica que posee la potencialidad de  sostener investigaciones que apunten a indagar otras configuraciones familiares actuales que se localizan dentro del espectro de la diversidad. Aún más, los desarrollos de este marco teórico son ineludibles para cualquier investigación que se localice en el entrecruzamiento del psicoanálisis y los estudios de género.

Allí se ofrece un análisis crítico que marca un itinerario, cada capítulo de este trayecto se propone desmontar y deconstruir, pero no sin propuestas que la propia autora ofrece como recursos posibles para una comprensión de las manifestaciones cambiantes que nos ofrece la realidad.

En primer lugar la autora se centra en la categoría de género, traza una genealogía del concepto, así como sus diferentes alcances y dimensiones: concepto teórico y como dispositivo de regulación social. Vemos así como la categoría de género se traslada, en EEUU, desde el ámbito de la lingüística hacia las ciencias biológicas, luego hacia el campo del feminismo para dar cuenta del carácter construido de la subjetividad sexuada. El concepto de expande hacia todos los niveles de análisis que configuran campos disciplinarios cuyo objeto son los seres humanos.

Por otra parte la autora localiza el debate que gira en torno a si la categoría de género es, o no, pertinente para el campo del psicoanálisis. El pensamiento de la autora se ve fuertemente influido por autoras norteamericanas contemporáneas que ofrecen desarrollos en la articulación del enfoque de género y el psicoanálisis intersubjetivo, a partir de allí no duda en afirmar que el género es sumamente pertinente para el psicoanálisis. Para la autora el psicoanálisis es una ciencia social, en ese sentido adhiere a una perspectiva constructivista del psicoanálisis que le permite afirmar, entre otras cosas, que el sujeto adviene a un mundo regulado por los sistemas de género, por lo cual no sorprende que, por ejemplo, los destinos de la pulsión y las defensas predominantes sean diferenciales según el género, lo que marca, a su vez, tendencias epidemiológicas diferenciales para varones y mujeres. En este contexto, el recurso a la categoría de género ha permitido comprender el modo en que los sujetos han construido su sentimiento íntimo de feminidad o masculinidad, y el modo en que esa construcción es a la vez social-histórica y biográfica, y contribuye a la configuración de deseos, valores e ideales y proyectos de vida.

Luego, la autora dedica un extenso y detallado capítulo para pensar teóricamente a la familia. Se centra en las tendencias sociales actuales signadas por la transición, la inestabilidad y la coexistencia de diferentes formas de familiarización. También expone enfoques antropológicos: evolucionismo, funcionalismo, estructuralismo, y posestructuralismo (en su versión de los estudios queer), a partir de varios autores. Las críticas de la autora no se dirigen a los enfoques o autores de modo tal que se aceptan o rechazan en bloque, más bien se analiza en detalle sopesando aspectos positivos y negativos que coexisten en cada punto de vista según el caso. Este capítulo es un complejo entretejido de intertextualidades donde emerge Bourdieu (entre otros como Foucault, Castoriadis) como uno de los pensadores privilegiados para la autora, quien, a la hora de comprender el matrimonio renuncia a reglas abstractas y universales, y lo piensa como la resultante de evaluaciones no conscientes acerca de las relaciones de poder en juego. Este capítulo guarda una gran complejidad y ofrece una propuesta teórica para comprender la subjetividad en los complicados anudamientos entre psiquismo y cultura, de cara a comprender la diversidad actual y su impacto en los modos particulares de subjetivación en el interior de las nuevas configuraciones familiares.

Una vez planteado esto, la autora avanza realizando un trabajo de deconstrucción y análisis crítico del edificio freudiano acerca de la sexualidad femenina y de la feminidad. Sintéticamente, se trata de exponer los sesgos androcéntricos y sexistas entramados en algunos aspectos clásicos de la teoría. Con el fin de desenmascarar el carácter epocal de algunas observaciones psicoanalíticas, la autora esgrime argumentos convincentes que cuestionan los siguientes pilares: la pasividad de las mujeres, el masoquismo femenino, el narcisismo femenino y las particularidades con que se concibe el super yo de las mujeres. Nuevamente, al movimiento crítico o deconstructivo siguen relatos o modelos alternativos que la autora construye a partir de múltiples referencias al respecto.

Una vez realizada esta crítica de los aspectos clásicos, la propuesta es una exploración de aspectos o líneas actuales de la teoría psicoanalítica compatibles con el enfoque de género. La autora explora una amplia gama de líneas teóricas, norteamericanas y francesas, para apropiarse de aquellos aspectos depurados de un fuerte biologismo que alimentan un psicoanálisis intersubjetivo de corte construccionista social.

El paso siguiente es articular los estudios psicoanalíticos con los estudios sociales. La exploración se dirige a teorías sobre los procesos socioculturales. La autora entiende la subjetividad como una producción construida de modos diversos en contextos colectivos cuyas prácticas, valores y representaciones varían de modo amplio a lo largo del tiempo y a lo ancho del espacio. Es por ello que es necesario el análisis de la índole de lo social y su articulación con el nivel del análisis de lo subjetivo. La referencia fuerte es Foucault, Bourdieu, Castoriadis, entre otros. Su foco apunta a articular las teorías del deseo y las teorías del poder, marcando la tensión entre ambas, sin reducir una a la otra. A este respecto destaco la aguda crítica que la autora realiza al giro lingüístico posetructuralista de Judith Butler, anclado en ciertas líneas de Foucault. Tal crítica, muy compleja para desplegarla en este momento, inscribe a la autora en una localización particular, singular, propia de su posicionamiento teórico. La autora, si bien aboga por un construccionismo social a la hora de pensar la subjetividad, no lleva este modelo hasta sus últimas consecuencias. La autora no aboga a favor de un idealismo, un determinismo simbólico desvinculado de la biología de los cuerpos, pero claramente tampoco cae en biologismos o esencialismos. Esto resulta de especial interés, pues su preocupación por características específicas del cuerpo de las mujeres, a tener en cuenta en toda lucha por la paridad entre los géneros, se encuentra sopesada por un modelos psicoanalítico de corte construccionista, lo que la rescata de cualquier forma de esencialismo. Tal posicionamiento constituye una localización compleja en las discusiones feministas entrampadas en el dualismo contruccionismo/esencialismo, y es producto de su ubicación en la intersección entre un psicoanálisis no biologista y la categoría de género en su genealogía feminista.

Finalmente, esta sección del libro es coronada por un complejo capítulo, titulado “Cómo conocemos”, en él se exponen desarrollos de corte epistemológico pero revisitados desde el psicoanálisis, el feminismo y los estudios de género. La autora construye marcos epistemológicos que están a la altura de la especificidad  de su objeto de estudio, también rigurosamente construido. En este punto, la autora ofrece una serie de desarrollos que, también, son un insumo importante e indispensable para toda investigación que entienda la subjetividad en los términos propuestos.

Finalmente, el lector se encuentra con una tercera parte del libro. Aquí la autora expone los hallazgos de la investigación realizada. Se trata de estudios de caso realizados a partir de entrevistas individuales a parejas conyugales residentes en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires y conurbano bonaerense. La autora explora el trabajo, la parentalidad y la conyugalidad (esta última desglosada en sub áreas: ejercicio de la sexualidad, la comunicación entre los integrantes de la pareja y la toma de decisiones). La autora caracteriza a cada relación de pareja a partir de una tipología elaborada por la autora anteriormente para analizar las relaciones de género en parejas conyugales, clasificadas en parejas tradicionales (dominio masculino franco), parejas transicionales (dominio masculino atenuado), parejas contraculturales (dominio femenino) y parejas innovadoras (con una tendencia hacia la paridad). La complejidad del análisis de la autora es enorme y toma en cuenta otros aspectos de los aquí enunciados.

En suma, se trata de un libro de un gran valor teórico y clínico. Su estilo de escritura de la autora es claro, más allá de la complejidad conceptual propia de estos temas no abandonada por la autora, cada lector puede aproximarse al libro de acuerdo sus conocimientos previos. No se trata de un libro expulsivo para quien esta sea una primera inmersión en el tema, así como tampoco es un libro que no tiene nada que decir a quien tenga un recorrido significativo. En suma, el libro confirma, una vez más a Irene Meler como una referente indiscutida en la temática. Su trayectoria, sobre todo su producción sostenida desde hace décadas en la intersección Psicoanálisis y Estudios interdisciplinarios de género, podemos observar que este libro constituye, por así decirlo, un punto de decantación donde claramente confluyen sus lecturas teóricas y su experiencia clínica. Heredera del pensamiento de Nancy Chodorow y Jessica Benjamin, su interés apunta a conmover preceptos culturales patriarcales para diluir las huellas eróticas de la subordinación presentes en la subjetividad femenina.

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