Subjetividad y cultura

Hacia una comprensión sociocrítica de la salud mental: El concepto de coherencia como aproximación integradora

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Mtro. Christian O. Bailón Fernández[1]

mtro.christian.b.f@gmail.com

RESUMEN

Se propone la necesidad de construir un concepto integrador sobre la disfuncionalidad psicológica debido a las dificultades epistemológicas que supone la concepción de salud mental desde un marco meramente estadístico. En razón de ello, al reconocer la intricada complejidad de la interpretación del mundo actual, se asume que un acercamiento apto implica la captación de la globalidad en sus diferentes espacios. Entonces, debido a esto, se invita a la construcción de una aproximación conceptual con pretensiones integrales. En función de ello, se sugiere el concepto de coherencia, definida ésta, como aquella necesidad interna de organización de significados inherente a todo individuo que le da sentido a sus actos para sí mismo y para el mundo. Siendo así posible o no la convergencia entre las dimensiones complejas que le constituyen su totalidad viviente, y que en su desarrollo deriva en una simetría subjetiva que el individuo interpreta como bienestar que se ve reflejado también interaccionalmente, de modo que, a su vez, de suceder lo contrario, es decir, un estado de baja coherencia interna, deriva en una especie de enajenación representada en un detrimento de la simetría global del organismo, y que resulta en una interpretación deficitaria carente de la capacidad para reconocer y potenciar sus necesidades internas más auténticas, a la vez que, responde interaccionalmente a través de una desconexión entre las diversas dimensiones del individuo que constituyen su globalidad. Por último, se ofrece a partir de esta propuesta conceptual, un modo de trabajo que derive de esta perspectiva analizando sus ventajas frente a las concepciones tradicionales de salud mental.

Palabras Clave: bienestar, coherencia, enajenación, normosis, salud mental, subjetividad, totalidad

ABSTRACT

This article propose the need to build an integrative concept against socially dysfunctional and maladaptive representing the concept of mental health from the purely statistical framework given the crisis that has led to the same social organization of normality, knowing that the complexity of the world we live involves the global uptake in different space, then approximatively proposed the concept of coherence as a construct that wants to integrate the various approaches to mental health and between the human dimensions, defined as the capacity organizational convergence where the dimensions of the whole human developmental represent margins constitution complex symmetry wide scope and to higher orders individual and social wellbeing human subjectivity front the totality versus the alienation that involves poor global symmetry of the human being, a deficitary organization that lacks the ability to recognize and enhance their internal needs more authentic, it concludes with this proposal from a mode of conceptual work that derives from this perspective.

Keywords: alienation, coherence, mental health, normosis, subjectivity, totality, wellbeing 

INTRODUCCIÓN

A lo largo de la evolución de los conocimientos en salud mental, cada vez más nos encontramos ante relaciones intrincadas sobre su significado, a saber de época, la necesidad cada vez más como exigencia planetaria de integración impone comprender lo humano desde una visión más amplia que intente englobar todas las dimensiones que convergen en su complejidad; un mero ser parlante, ser sentiente, un organismo, un sistema interactivo o un ente conductual son a la luz de una mirada crítica actual posturas reduccionistas, la segregación de los conocimientos no parece admisible más, cambiando también las reglas del juego respecto al “método”, al invitar a cierta metanoia implicada en una actitud de apertura y diálogo, de cordialidad y de tacto frente a la construcción del conocimiento (Morin, 2005; Gadamer, 2001).

Esta exigencia en el estudio de la salud mental no es la excepción, por ejemplo, la normalidad estadística es insuficiente como criterio de salud mental, ya que la construcción axiológica que supone el desarrollo histórico de las sociedades y los individuos tiene exigencias valóricas mucho más puntuales en aras de una sensibilidad humanizante (Fromm, 2011; Zemelman, 2011;  Martin-Baró, 1998; Marcuse, 1993; Naranjo, 2005; Wilber, 2005; Grof, 2008).

En este sentido, como ejemplo, es que se acuño entre un grupo crítico de los conceptos de salud mental actuales la terminología “normosis” para designar:

El conjunto de normas, conceptos, valores, estereotipos, hábitos de pensar o de actuar, que son aprobados por consenso o por la mayoría de una determinada sociedad y que provocan sufrimiento, dolencia y muerte: algo patogénico y letal, ejecutado sin que sus autores y actores tengan conciencia de su naturaleza patológica. (Weil, Leloup y Crema, 2003, p. 22)

 

COHERENCIA COMO CONSTRUCTO INTEGRAL DE SALUD MENTAL

 Se propone el concepto de coherencia como núcleo epistémico de salud mental, definiéndolo como aquella necesidad interna de organización de significados inherente a todo individuo que le da sentido a sus actos para sí mismo y para el mundo. Siendo así posible o no la convergencia entre las dimensiones complejas que le constituyen su totalidad viviente, y que en su desarrollo deriva en una simetría subjetiva que el individuo interpreta como bienestar que se ve reflejado también interaccionalmente, de modo que, a su vez, de suceder lo contrario, es decir, un estado de baja coherencia interna, deriva en una especie de enajenación representada en un detrimento de la simetría global del organismo, y que resulta en una interpretación deficitaria carente de la capacidad para reconocer y potenciar sus necesidades internas más auténticas, a la vez que, responde interaccionalmente a través de una desconexión entre las diversas dimensiones del individuo que constituyen su globalidad, pues “la única forma en que un sistema puede mantenerse adaptado es preservando su propia coherencia interna” (Guidano, 1991, p. 53, traducción propia).

Como propusiera Zonis citado en Fernández (2008): “El individuo que es incapaz de ordenar el mundo de forma satisfactoria y coherente experimentará una devaluación y degradación de los componentes de la representación de su yo.” Esto supone así, que un individuo con mayor coherencia interna logra una mayor simetría entre sus afectos, sus pensamientos y sus conductas, éstos en relación a la totalidad del individuo no se representan escindidos o disimiles, logrando por ende un individuo con esta organización un alto reconocimiento de las propias necesidades internas. En un individuo con alta coherencia interna no hay un “yo” dividido como sugiere la palabra esquizofrenia, pues el crecimiento o desarrollo psicológico significa que los individuos pueden generar construcciones integradoras desde sus cogniciones, afectos y conductas cada vez más complejas sobre la realidad interior y exterior que le significan cambios positivos en su humanidad (Romero, 1994).

Dicho esto entonces, el pobre desarrollo de esta coherencia, es decir la incoherencia, supone por lo tanto una desorganización interna, una enajenación, o alienación de los diversos elementos que constituyen la totalidad humana o la subjetividad global de un individuo y de su pobre reconocimiento subyace una ignorancia ó desconexión de las propias necesidades internas en detrimento de la simetría interna, como propone González (1994):

La alienación del hombre…en cualesquiera de sus formas, expresa la incapacidad de éste para seguir sus necesidades más auténticas, aquellas que conducen a su crecimiento. El hombre enajenado responde irracional y compulsivamente a necesidades que de forma despersonalizada se imponen a su individualidad y que por la propia pobreza de su personalidad, desarrollada en un medio enajenante, no puede trascender. (p. 156)

De la propia conciencia de las necesidades psicológicas más auténticas comienza la coherencia interna, en tanto que supone un proceso de autoconocimiento que surge del reconocimiento de sí a partir de la escucha y la dialogicidad íntima del individuo consigo mismo, lo cual posibilita el enriquecimiento del self vía la actualización subjetiva que culmina en una reorganización interna.

IMPLICACIONES CONCEPTUALES DEL TÉRMINO EN SALUD MENTAL

Lo sintomático desde esta óptica resulta ser una organización interna poco coherente, escindida, con una fuerte dispersión y asimetría entre las diferentes dimensiones y necesidades que engloban al individuo que percibe superiores a su  capacidad de organizarlas y por ende a darles un sentido amplio y constructivo, de modo tal, que lo psicoterapéutico supondría la construcción a partir de la subjetividad del individuo de pautas que significarían mayor coherencia para su estructura interna. Correspondiente a nuestro análisis el profesional de la salud mental debe proporcionar el suficiente “ruido” que desestabilice las pautas problemáticas desde la dimensión en que emergen y se manifiestan, a la vez que posibilita a través de un espacio de reflexividad concientizadora, la posibilidad de “reconstruir gradualmente la coherencia interna (la racionalidad existente detrás de la aparente falta de lógica de las emociones perturbadoras)” (Guidano, 1991, p.  72, traducción propia) que signifique en una organización alternativa mayormente constructiva y posibilitadora desde los parámetros de la subjetividad del individuo, pues un organismo en equilibrio se plantea como aquel en evolución permanente, sin grandes fluctuaciones asimétricas, con una conexión coherente y aceptable en cuanto a los elementos que lo constituyen (Manrique, 1987).

Significando ello, que las metas psicoterapéuticas buscan alterar los modos en que el sistema mantiene su organización, entonces buscando que las intervenciones faciliten una reorganización del sistema presente que provoque una diferencia cualitativa mayormente adaptativa (Kenney, 1994).

En razón de ello, emerge la necesidad de establecer una relación simétrica y horizontal entre la persona y el profesional, de modo que este provea un espacio de cercanía que funja como dispositivo subjetivador a través del diálogo, esto corresponde con la importancia de la construcción de un ambiente óptimo para reconocer y hacer brotar los afectos y los pensamientos negados, reprimidos o acallados.

Siendo así que, esta atmósfera evoque un descubrimiento desde sí y para sí del individuo en un universo de autorreflexividad en donde sólo es acompañado por el profesional para que a través de la interrogación en conjunto emerjan  narrativas que promuevan la reorganización interna con mayor coherencia, en este sentido, la intervención no podría situarse meramente en alguna dimensión específica del individuo sino más bien, en el análisis del individuo en relación a sus premisas lingüísticas, a sus afectos y a sus conductas pero también en relación al propio contexto para promover una conscientización dialéctica desde la cual surjan construcciones complejas de significado plenamente transformadoras de la realidad subjetiva y objetiva del individuo.

LA PERSPECTIVA SOCIAL DE LA SALUD MENTAL DESDE LA COHERENCIA

Se fundamenta en razón de esta óptica, que la salud mental no es de orden meramente individual, sino que está relacionada sistémicamente con las configuraciones sociales que constituyen a los individuos:

La identidad personal es al mismo tiempo producto de la sociedad y producto de la acción del propio individuo. A esta consecuencia se llega como resultado de comprender a la persona humana como un ser de historia: la identidad personal se forma en la confluencia de una serie de fuerzas sociales que operan sobre el individuo y frente a las cuales el individuo actúa y se hace a sí mismo. Al actuar el individuo genera una realidad y la conoce como tal, pero a su vez la acción misma es hecha posible por las fuerzas sociales que se actualizan en el individuo. (Martín-Baró, 1989, p. 123)

De tal manera que lo que se ha llamado alienación es un estado de incoherencia dentro de la dinámicas constitutivas de la organización social, que por ejemplo en Latinoamérica, por vía de la colonización simbólica a partir de una lógica de lo útil, lo eficaz, lo cuantificable, lo controlable, lo presenciable, es asumido como fundamento prioritario de lo real, directrices ideológicas regidas mediante los principios de orden, control, eficacia, productividad, cuantificabilidad que la teoría crítica ha llamado razón instrumental:

“Al abandonar su autonomía, la razón se ha convertido en instrumento…Su valor operativo, el papel que desempeña en el dominio sobre los hombres y la naturaleza, ha sido convertido en criterio exclusivo…Las nociones se han convertido en medios racionalizados, que no ofrecen resistencia, que ahorran trabajo. Es como si el pensar se hubiese reducido al nivel de los procesos industriales sometiéndose a un plan exacto; dicho brevemente, como si se hubiese convertido en un componente fijo de la producción.” (Horkheimer, 1973, p.32)

Esta configuración ideológica frente a la totalidad del individuo adquiere un carácter alienante, pues además de la adoctrinación existencial que resulta en la constitución de sujetos divididos, con un margen de desorganización interna sistémica e individualmente significativa en términos de salud mental, resulta que al constreñir las diversas dimensiones existenciales del individuo que implican su concientización subjetivante, se constituye una desconexión que se ve objetivada a partir de la incoherencia entre discurso, acto y afectos, es decir, en la constitución de un sujeto ausente, disociado, descompuesto internamente:

El hombre, al subordinarse a un logos racional, ha condicionado todas las formas de relación con el mundo a las exigencias de explicarlo, con lo que ha contribuido a potenciar algunas de sus facultades, como las intelectuales, en desmedro de otras como las emocionales. Por ello, cuando se plantea una ampliación de la relación con el mundo se rompe con un logos de esa naturaleza, siendo congruente con la incorporación a la actividad del pensar de la dimensión existencial…(Zemelman, 2002, p. 12)

En el imaginario social, existe un marcado énfasis en una política de la eficiencia, la especialización y la especificidad hacia soluciones concretas, tales demarcaciones teóricas han influido en nuestra perspectiva ideológica, de modo que constituyen un modo de identidad social, como dijera Horkheimer (2002), “el pragmatismo refleja una sociedad que no tiene tiempo de recordar ni de reflexionar” (p. 77), entonces, la reflexividad es en sí misma aquella función interna que engloba el ser íntegro individual, que le permite su reorganización interna, adquisición de coherencia y que es aquello que se encuentra restringido precisamente en el individuo alienado:

“…Por medio de la reflexión se nos revela nuestra capacidad y condición de sujetos autónomos, nos empezamos a construir como sujetos éticos, descubrimos entonces, como decía Spinoza, nuestra “potencia de actuar”, nuestra libertad; ahora, aquello que somos y podemos ser depende de nosotros, de lo que queremos ser. Se abre, así, en el orden de la moral establecida lo que Foucault llama el espacio de las “prácticas de sí”: el sujeto ya no es un dato, un elemento de las relaciones establecidas, él es un “efecto”, el resultado de un proceso inmanente; ha de construirse a sí mismo y por sí mismo…” (Ramírez, 2006, p. 114)

De modo que la forma de pensamiento es sustituida por ideas estereotipadas, lo que constituye una deficiencia en la capacidad para el desarrollo de la subjetividad y pensamiento que permitirían la creación de una historia personal de sentido, cultivadora de la interrogación reflexiva, la independencia intelectual y el disenso razonado orientando hacia prácticas transformadoras. (Horkheimer, 2002; Lipman, 1998; Freire, 1997)

CONCLUSIONES: PARA UNA HERMENEÚTICA ECOLÓGICA DESDE LA COHERENCIA EN SALUD MENTAL

Debido a que el espectro conceptual de la salud mental no pertenece únicamente al campo de la psicología clínica, sino que también refiere al ámbito legal, educativo y social entre otros, a partir de este desarrollo se propone el concepto de coherencia desde una perspectiva hermenéutica, definida como el entendimiento de que “el todo debe entenderse desde lo individual, y lo individual desde el todo” (Gadamer, 1998, p. 63), esta propuesta, se percibe capaz de comprender la complejidad y las diferentes dimensiones que engloban al individuo y su contexto holísticamente, de manera que si “la confluencia de todos los detalles en el todo es el criterio para la rectitud de la comprensión…La falta de tal confluencia significa el fracaso de la comprensión” (Gadamer, 1998, p. 63).

Se comprenden estos preceptos hermenéuticos en el sentido de la comprensión de la coherencia, que se plantea como una posibilidad metodológica alternativa para comprender e intervenir en la génesis, relación histórico-socio-política y organización de la salud mental, y que al asociarse esta concepción con la hermenéutica supone la construcción de un análisis ecológico desde el todo con las partes y desde las partes con el todo que permita desentrañar desde los ámbitos de significado del individuo los parámetros desde los cuales sostiene la visión de sí mismo y el modo en que estos significados son coherentes ó incoherentes con su constitución global, para del trazado de este mapa orientativo, se pueda a través de la dialogicidad con el individuo construir una perspectiva más integradora, coherente, simétrica y transformadora sobre su organización psicológica.

La proposición del concepto de coherencia como núcleo fundamental de salud mental se corresponde también con el concepto etimológico de educar, educere, guiar desde dentro, que es el fin primigenio de todo acto educativo significativo y que supone internalizarse en la sensibilidad del otro a través del reconocimiento intersubjetivo de sus necesidades profundas; proporcionando la mediación hacia órdenes de mayor coherencia, simetría y equilibrio que humanamente signifiquen crecimiento, desarrollo y bienestar subjetivo e intersubjetivo.

Por último, en la medida en que lo que está involucrado psicológicamente es todo el ser entre sus diferentes dimensiones que están interconectadas como globalidad, como un todo, es necesario que el profesional de salud mental tenga la capacidad para situar su receptividad en el trabajo abarcativo, incluyente de todas las dimensiones que componen lo humano, para que en la mediación compleja entre las distintas variables implicadas, pueda brindar un espacio dialógico que promueva en el ejercicio de una constante consciencia reflexiva, una praxis transformativa integral.

REFERENCIAS:

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[1] Licenciado en Psicología por la Universidad del Valle de México, Maestro en Ciencias de la Educación por la Universidad del Valle de México, con diversas especializaciones en los ámbitos educativo y psicológico. Consultor, Investigador y Docente en Psicología, Desarrollo Humano y Educación. Actualmente colaborador de la Universidad Antropológica de Guadalajara, es autor de diversos artículos de investigación publicados en revistas nacionales e internacionales. Sus líneas de investigación están dirigidas hacia el análisis Psicológico, Sociológico, Filosófico y Educativo desde el paradigma de la Complejidad y la Teoría Crítica.

 

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