Subjetividad y cultura

El estudio de la desigualdad social desde el análisis de la riqueza y el poder heredados

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Mario Campuzano

Ricardo Raphael (2014). Mirreynato. La otra desigualdad. Planeta: México.

El autor es abogado, politólogo y periodista. Ha ejercido la academia en el CIDE, ha trabajado como periodista tanto en los medios escritos como en la televisión y ha escrito varios libros sobre la realidad nacional, de los cuales el que comentamos parece ser el más exitoso hasta el momento, porque logra abordar desde una escritura periodística ágil una investigación política-social profunda, centrada en el mal desempeño de los gobernantes explicado por una tradición hereditaria del poder en las élites políticas y económicas dominantes desde décadas atrás.

En la introducción cuenta un poco sobre la génesis de esta publicación de difusión popular concebida después de la publicación, coordinada por el autor, del Reporte sobre la discriminación en México 2012, que le produjo el mismo desencanto que a muchos otros científicos sociales les aparece al darse cuenta del impacto  tan limitado de sus investigaciones académicas. De ahí que continuara después con la utilización del material de investigación en artículos periodísticos para derivar, al final, en la concepción de este libro tras el impacto que causó la publicación de uno de esos artículos denominado “La dictadura de los mirreyes” donde afirmaba lo que considera una obviedad: “que si México no iba bien en mucho se debía a la mediocridad de sus élites y al tipo de educación que reciben los hijos de las familias mexicanas más opulentas” y, párrafos más adelante justifica el interés del tema: “Ahora sé que se trata de un sujeto al que debe prestársele mayor atención. No creo que se trate de un individuo inocuo y tampoco merece condescendencia: estoy convencido de que es el síntoma social de una enfermedad que grita para exigir mayor cuidado y la manifestación palmaria de un régimen que nació maltrecho por su moral y sus instituciones”.

Así, llega a la tesis central del libro: el mirrey es el sujeto que mayor privilegio obtuvo con el cambio de época y por ello el régimen actual puede ser bautizado como Mirreynato.

También deja claro que no es un efecto aislado, sino generalizado en la población nacional:

El mirrey no es un personaje aislado de su entorno: en la vida real reúne características que los mexicanos compartimos en grados distintos. La principal diferencia con el resto es que, por las luces que atrae su posición social, cuanto hacen o dejan de hacer se vuelve más notorio. Es un signo excéntrico –fuera del centro- de nuestra sociedad, pero no por ello una manifestación aislada; probablemente muchos nos comportaríamos parecido si contáramos con su capital e influencia social. Puede constatarse la manera en que muchos se vuelven ostentosos, corruptos, impunes o discriminadores apenas hay una oportunidad para aprovecharse de la desigualdad persistente.

 “…El mirreynato es un régimen moral donde predominan la ostentación, la prepotencia, la impunidad, la corrupción, la discriminación, la desigualdad, el desprecio por la cultura del esfuerzo, el privilegio que otorgan las redes familiares y un pésimo funcionamiento del ascensor social…”

En cuanto al tema de la desigualdad social y la impunidad el autor da datos esclarecedores y señala:

“La mejor muestra de la indolencia con respecto a lo que ocurre en lo que ocurre en los márgenes de la sociedad –frente a la arbitrariedad que arrostra el desposeído- se puede encontrar en las cárceles mexicanas… llama la atención observada dentro de los centros de readaptación social, tanto locales como federales, poblados por jóvenes de escasos recursos y bajo nivel educativo”.  Y el autor no aborda una realidad ampliamente denunciada y no escuchada: que muchos de ellos son “culpables fabricados” por las policías mediante confesiones obtenidas bajo tortura, mientras los reales perpetradores gozan de completa impunidad, como ahora sucede con varios de los consignados por la matanza de Ayotzinapa.

Redondea la discusión sobre la pésima impartición de la justicia en México con el argumento de una jurista, Ana Laura Magaloni, en relación a la institución mexicana del Ministerio Público –que en otros países es la Fiscalía- que considera nació con el propósito de imponer control sobre los adversarios políticos y sobre una ciudadanía rebelde y desobediente. Por ello quien desempeña esa función no se entiende a sí mismo como defensor del pueblo, como abogado de las víctimas, y mucho menos como garante del debido proceso judicial. Un ejemplo flagrante contemporáneo es la diferencia de actitud de la Procuraduría General de la República con respecto a las acusaciones en España a Humberto Moreyra, ex presidente del PRI, en relación a “lavado de dinero” al servicio de los carteles, a quien el gobierno mexicano proporcionó ayuda en España y silencio en México sobre las acusaciones que pesaban sobre él, y la actitud judicial persecutoria aunada a una intensa campaña mediática contra Kate del Castillo en relación a la entrevista realizada por Sean Penn al Chapo Guzmán, que fuera facilitada por ella y que el gobierno tomara como una exhibición que los afrentaba; más acentuado aún en los casos del Dr. Mireles en Michoacán y Néstora Salgado en Guerrero que como líderes civiles de fuerzas armadas para combatir el narcotráfico y los delitos asociados (secuestros, extorsiones, asesinatos, etc.) lograron erradicarlos en su zona de influencia lo cual no fue tolerado por los políticos, policías y militares cómplices y protectores de los delincuentes que enviaron a la cárcel bajo falsas acusaciones a los líderes y algunos de sus seguidores.

Un tema central en el libro es el de la corrupción donde Raphael recuerda una entrevista periodística colectiva con el presidente Peña Nieto en el año 2014 donde éste afirmó que la corrupción es tanto pública como privada y es un problema cultural.

Uno de los periodistas presentes se resistió a la lectura presidencial del problema y argumento que los mexicanos obedecen las leyes tan pronto cruzan la frontera con Estados Unidos, por tanto la corrupción no habría de ser un asunto relacionado con la cultura de las personas sino con el funcionamiento de las instituciones.

El autor del libro lleva entonces la interpretación de la frase presidencial al sentido de que no se trata de la cultura general del ser humano o la que eventualmente podrían compartir todos los mexicanos, sino de los valores o las valoraciones que el gobernante en turno hace sobre trayectorias como la de Carlos Hank González y aquellos que han intentado imitarlo durante muchos años, en ese pasaje que va de cachorros de la Revolución a mirreyes contemporáneos.

Y concluye, contundente: “La corrupción pronuncia gravemente las desigualdades En una estructura de oportunidades lastrada por la corrupción, los más pudientes obtienen la mejor tajada del Estado y sus leyes, no importa si aparecen en la portada de las revistas de sociales o su vida es narrada en los narcocorridos prohibidos. México es un país desigual porque tiene una élite muy corrupta y ésta es así porque ha logrado que las instituciones prodiguen impunidad, fueros y privilegios; que discriminen, pues, entre mexicanos. Es la cultura del Grupo Atlacomulco y del emblemático Hank González la que reproduce la desigualdad y no la cultura general de una población que muy poco se beneficia de ella…”

El autor recuerda al sociólogo francés Alain Touraine que solía decir a sus alumnos que México no puede ser considerado un país pobre por la extensión de su territorio, por el número de personas que la habitan, por la talla de su fuerza laboral, por sus riquezas naturales y por las oportunidades que pueden derivarse de la vecindad con un país poderoso.

En efecto, se trata de un país que no es pobre sino trágicamente desigual y por eso tantas personas que viven en él padecen pobreza.

Para explicar el tema de la desigualdad, Raphael recurre a un indicador conocido como el coeficiente GINI en honor al economista italiano que lo inventó.

 “En ese coeficiente es posible medir la desigualdad de una economía antes de la intervención del Estado –previo a que cobre impuestos, realice transferencias a favor de la población o ejerza el gasto público-, y hacerlo después de que suceda la acción del gobierno… Bélgica, Australia, Finlandia y Eslovenia exhiben variaciones en su GINI antes y después de la intervención estatal que llegan a ser de hasta 44%. El promedio de corrección entre los países integrantes de la OCDE es de 14.4 %.

Sin embargo el caso mexicano es extraño: la mejoría es de sólo 1.8%. Su coeficiente es prácticamente el mismo antes y después de la acción del Estado…El problema radica en el papel jugado por el gobierno mexicano a la hora de cobrar impuestos, gastar la hacienda pública y transferir recursos a quienes más lo necesitan. Si, como los libros de bachillerato recuerdan, el Estado es la suma que conjuga territorio, población y gobierno, resulta obvio dónde está el problema.

Las instituciones públicas mexicanas se han diseñado para que la estructura de oportunidades favorezca a unos cuantos y deje marginada a la gran mayoría; así fue en el pasado con Porfirio Díaz y así lo está siendo de nuevo durante el Mirreynato. Ambos son regímenes que tienden al privilegio y al cierre social sin que su población más numerosa haya sido capaz de modificar tal circunstancia, aun si en esta etapa histórica del país el voto debería servir para contener la administración injusta del ingreso…”

Sirvan esos extractos para mostrar la importancia de este libro, imprescindible para entender las causas socioeconómicas del desastre de este país sistemáticamente saqueado por las élites políticas y económicas.

                                                              

  

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