Subjetividad y cultura

Imagen: pixabay.com

El color del cuerpo en la novela Hay que amar mucho a los hombres[1]

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Simone Hazan[2]

 

Este trabajo pretende analizar la novela Il faut beaucoup aimer les hommes (Hay que amar mucho a los hombres), de Marie Darrieussecq, que fue escrita y galardonada con el premio Médicis en 2013. El título del libro es tomado de la siguiente cita extraída del libro La Vida Material, de Marguerite Duras (1987): “Hay que amar mucho a los hombres. Mucho, mucho. Amarlos mucho para amarlos. Sin esto, no es posible, no se les puede soportar.”

Solange es una actriz francesa que vive en Los Ángeles. No ha tenido papeles principales, pero figuras importantes de Hollywood la han escogido para actuar en sus películas y no le va mal, está pagando su casa en la zona exclusiva de Bel Air.

La historia inicia en una reunión en casa de George Clooney, que al igual que otras figuras del mundo cinematográfico que aparecen en la novela, no es mencionado por su apellido sino como “George”. Allí se produce el encuentro entre Solange y el personaje denominado Kouhouesso.

“Ella lo vio, a él y sólo a él. En una velada en casa de George. La mayoría de los invitados estaban allí, pero ella penetró en un campo magnético. Una esfera de aire más denso que los excluía a todos. Estaba silenciosa. Su presencia la volvía silenciosa y sola. La voz le faltaba: no tenía nada que decir. Un campo de fuerzas irradiaba de él, palpable, deslumbrante, el soplo de una explosión fija. Estaba siendo atravesada por una onda que la desintegraba. Sus átomos estaban pulverizados. Estaba suspendida y ya quería eso: la desintegración.” (Darieussecq, 2013, pág. 19; las traducciones son mías).

A partir de este momento en que la protagonista es captada en el campo magnético de la presencia de Kouhouesso, no parece querer ni poder escapar de la atracción que la hará seguirlo, literalmente, hasta el fin del mundo. Desde ese primer encuentro en que saldrá corriendo detrás de él a la calle después de que él abandone la velada sin despedirse, que lo llevará a su casa y que harán el amor, la novela es una sucesión de eventos en los que ella se abandonará cada vez más a él, dejando de lado todo lo que en su vida no la acerca a él. Después de la primera noche, ella se quedará esperando una llamada, y de llamada en visita se la pasará acechándolo todo el tiempo, porque el hombre que ella ha decidido amar no planea los encuentros entre ellos, llama o llega cuando se le ocurre, y a los apasionados mensajes de texto que ella le envía, contesta con dos o tres palabras distantes. Solange ya casi no se atreve a salir de su casa por miedo a que él llegue y no la encuentre, y hasta descuida su carrera por no alejarse de él. Y claro, las pocas veces que se da permiso de dejar que se instale por unos instantes algo de distancia física entre ellos, sucede que él le manifiesta que la estuvo buscando, ¿dónde andaba? Al mismo tiempo, ella se mantiene agarrada de unos pocos indicios que le hacen creer que sí la ama: la forma como le hace el amor, las escasas palabras que parecen indicar que se fija en ella, el que por una vez pronuncie el nombre de ella y no la llame “Babe” o “Sugar”.

La razón aparente por la cual Kouhouesso no parece ver a Solange es lo que la autora llama su gran idea: este actor, que tampoco es muy reconocido, ha decidido realizar una película basada en la novela de Joseph Conrad, El corazón de las tinieblas (1899), ambientada en África e inspirada por una estancia que el autor tuvo en el Congo colonial.

La novela narra el viaje de Londres a África de un marinero llamado Charlie Marlow, en búsqueda de un tal Kurtz, jefe de una explotación de marfil. En el camino, Marlow será testigo de la situación extrema en que viven los colonos europeos, su brutalidad hacia los nativos africanos. Uno de los personajes femeninos de la trama es la prometida de Kurtz: “Representa la inocencia de la sociedad victoriana, que ignora las atrocidades cometidas en el continente africano, creyendo en la bondad de la misión civilizadora. Tiene una imagen idealizada de Kurtz y desconoce el horror ante el cual ha sucumbido su prometido (Wikipedia).”  La novela fue adaptada en 1979 por Coppola en su famosa película Apocalypse now (1979), trasladando la historia de África a Asia, en el contexto de la guerra de Vietnam.

Aparte del hecho de estar obsesionado con su gran idea, la novela no profundiza mucho en la psicología de Kouhouesso, aunque se pueden distinguir fácilmente unos rasgos explotadores, consistentes en, por ejemplo, dejar que Solange le haga regalos y pague todas las cuentas cuando salen juntos, sin que él haga ningún esfuerzo para corresponderle. De su infancia nos enteramos que nació en Camerún después de tres hermanos muertos, que a los dos años fue declarado muerto pero curado y nombrado por una bruja que la madre contrató. Esa bruja había reconocido que el niño era un “abikù”, un niño-demonio nacido para morir. Al reconocer el carácter demoníaco de Kouhouesso, la bruja salvó su vida; pero posiblemente la estancia de unos días con la bruja, de los que él mismo piensa que pasó enterrado hasta el cuello, en una edad que según nos dicen Mahler et al. (1975), las separaciones de la madre pueden generar daños importantes, hizo que Kouhouesso no soportara las relaciones cercanas. Así, no parece haber pasado de las sub fases de ejercitación y reacercamiento, y cada vez que se acerca a Solange, tiene que desaparecer por un buen rato; hay que agregar que ellos dos comparten mucho más que una simple atracción, como lo atestiguan sus comunicaciones en francés, idioma que él habla con un acento deliciosamente exótico para los oídos de ella. Pero el carácter narcisista y manipulador de Kouhouesso no le permite dejarse ir en esta cercanía, ya que le da terror la dependencia.

En cuanto a Solange, no es difícil hallar los datos psicodinámicos de su historia que la hacen vulnerable a quedar presa de una relación en la que es descuidada y usada: para empezar, la muerte de su hermano mayor antes de su nacimiento favoreció a que ella no pudiera ser vista por lo que era, sino sólo como una hermana de remplazo (Kancyper, 2004). En este sentido, podemos oír en su nombre la palabra “ange” (ángel), como una representación inconsciente del hermano muerto que pudo ser introducida inadvertidamente por los padres al nombrarla [3].

Solange pasó su infancia en el país vasco francés, un lugar muy provinciano que la acomplejaba, y se consideraba gordita y no muy atractiva. Su padre, al igual que Kouhouesso, tenía una gran idea, algo que ver con los aviones, y también tenía una mirada que siempre se dirigía a lo lejos, nunca hacia ella, Solange. De la madre se habla poco en la novela, parece más bien ausente. En la adolescencia Solange se embaraza y tiene un hijo, mismo que es cuidado por los padres de ella, una figura abandonada también, feo y cada vez más gordo y cuya foto ella esconde para que Kouhouesso no la vea como una persona mayor. Así, a pesar de que ahora es actriz y que la consideran guapa, Solange ha conservado su inseguridad de fondo, constantemente preocupada por detalles como su edad o la insuficiencia de sus pechos. Tiene que comprar al hombre que ama, y de esta forma va cayendo cada vez más en el abismo de la sumisión.

Es muy revelador que durante la primera noche en que él ha anunciado su visita y que la hace esperar hasta la madrugada, Solange tenga una conversación vía Skype con su mejor amiga la psicoanalista, a quien cuenta de este nuevo encuentro, asegurándole que el sentimiento que la ha sumergido es algo nuevo, que no se trata de ninguna repetición. Como ilustrando la manera con la cual en los momentos en los que más inmersos estamos en la compulsión a la repetición, sentimos la necesidad de negarlo, queriendo creer que nada de lo que nos está pasando repite aquella dolorosas situaciones de la vida.

Así, Solange aceptará jugar el papel, tan deseado por ella, de la prometida, en la película que Kouhouesso terminará realizando, no en el Congo sino en Kenia. Soportará invitar al objeto de su deseo a París, ser abandonada allí en el momento en que ambos iban a tomar el tren para visitar a la familia de ella en el país vasco, permanecer varias semanas sin noticias de él, viajar sola a Kenia sin saber prácticamente nada de lo que la espera. En ese país hasta recurre, ella también, a los servicios de una bruja para poder lograr que él la ame, cosa que no se producirá nunca.

La relación se termina después de la filmación con una frase de él que, ante las súplicas de Solange, le escribe que “hay que darle vuelta a la página”. Pero la humillación final se produce el día de la presentación de la película, para la cual ella compró boletos de avión invitando a su familia y su amiga. Llegan al evento en ropa de gala, a él lo ve a lo lejos, y presencian toda la película sin que pase una sola de las imágenes de escenas en las que ella fue filmada en el papel de la Prometida: Kouhouesso había eliminado ese rol, había borrado a Solange de la película.

Esta historia ilustra cómo uno busca en su vida amorosa repetir las mismas ausencias que conoció en la infancia. Muchas escenas de la novela parecerán familiares a cantidad de mujeres que han esperado a un hombre de la forma como Solange esperaba a Kouhouesso, y que han creado un cuento de hadas a partir de casi nada, un romance a partir del menor indicio de vínculo. Es interesante notar que el libro del que fue tomada la cita que da origen al título de la novela es una recopilación de pequeños relatos autobiográficos de Marguerite Duras; la cita en cuestión consta de las últimas frases de un texto titulado “Los hombres”, en el que Duras describe una homosexualidad latente, según ella presente en todos los hombres, y que si se hiciera manifiesta en cada uno de ellos, acabaría con el género humano. Así, estamos hablando de una ausencia generalizada en los hombres, de la búsqueda incesante de algo que va más allá de lo que les pueda ofrecer cualquier mujer.

Pero además de mostrar dicha ausencia y el hueco que provoca en las mujeres, el libro de Darieussecq parece transmitir otro mensaje, diferente del primero y como disociado de él. En este sentido, nos podemos preguntar cuál es el papel del color de piel en la historia, cómo se entreteje con el resto de la trama, y tal es el objetivo de esta segunda parte del trabajo.

Desde el principio de la novela, se hace hincapié en la diferencia racial entre los dos protagonistas. Ella es blanca, él negro; ella es europea, él africano. Además, la autora enfatiza especialmente el aspecto físico de él: su alta estatura, su color oscuro, su pelo peinado en dreadlocks o rastas. Asimismo, el tema de la novela de Conrad se relaciona con prejuicios raciales y colonización, destacando la idea de que hay poca diferencia entre la gente supuestamente civilizada y los que se describen como salvajes.

Algunas escenas de la historia tratan explícitamente estos temas, y en el discurso de Kouhouesso es manifiesta una protesta permanente contra el colonialismo y la segregación, tanto en el ámbito político-histórico como en el social. Por ejemplo, cuando Solange lo lleva a alguna cena con sus amigos, sea en Los Ángeles o en París, él se queja después de haber sido víctima de discriminación o visto como bicho raro. Durante un episodio real en el que ambos están forcejeando porque Solange quiere que él pernocte con ella y él se niega, llega la policía preguntando si él la está acosando. Por otro lado, el cineasta parece estar preso de una especie de malinchismo a la africana, pues a raíz de que Solange, quien a los dieciocho años actuó en una película de Godard, le cuenta que el director suizo se la pasaba jugando tenis durante la filmación, Kouhouesso también empieza a practicar este deporte.

Esta diferencia de colores hace también que la misma Solange se cuestione acerca del papel de África y del color negro en su vida —su padre nació en Dakar— y se haga preguntas que en su vida se había formulado: “¿Será que ella era los Blancos?” “¿La veía él como una Blanca? Ya había sido amada por sus nalgas, por su talento, por su notoriedad, jamás por su color. ¿O acaso todos aquellos hombres, todos los Blancos que la habían deseado hasta entonces lo habían hecho sólo con esta condición de que fuera blanca?” (pág. 65).

Pero para Solange la negritud de Kouhouesso no es ningún obstáculo, al contrario. Ella le expresa que le encantaría visitar África, deseo que él rechaza despreciativamente, decretando que el África no existe. Durante una estancia a la orilla del océano, Solange convive con familias negras, carga bebés de ese color de piel y se identifica con un mundo que le recuerda el entorno provinciano de su infancia, cuando ella ignoraba su propia belleza. Es como si Solange se sintiera negra, parte de una población excluida o de segunda categoría. Sin embargo, todos estos esfuerzos son vanos porque Kouhouesso sigue sin verla ni escucharla. Durante una conversación que se desarrolla en el período en que él entrevista actrices para el papel de un personaje femenino negro, Solange y Kouhouesso discuten para determinar si la actriz de Surinam Lola Behn es negra o no. Para Solange, no lo es, pero Kouhouesso determina que sus 26% de africana sí la hacen negra. Este detalle es muy significativo porque al final de la novela, el lector se entera de que después de Solange, que Kouhouesso tuvo una relación de pareja con Lola Behn, misma que se encontraba en casa de George el día que la actriz francesa lo conoció. Es decir que en realidad todo estaba determinado desde esa velada, la atracción que él sentía por Lola y su preferencia porque ella sí era negra. Este supuesto es confirmado por un comentario hecho por él a la mitad de la trama, en el que se refiere a una mujer con la que no sabía si George estaba involucrado, y de la que por lo tanto se mantuvo a distancia. Así, en su relación con Solange, Kouhouesso invirtió la relación dominador/dominado que en la época colonial llevaba subyacente la equivalencia entre dominador y blanco, dominado y negro. Ahora él era el dominador, el que explotaba y despreciaba a la blanca Solange, y además, matando un segundo pájaro con el mismo tiro, negaba la necesidad de una mujer amorosa que hablara su lengua materna.

Todo lo anterior me lleva a pensar que en la novela de Marie Darrieussecq, el color de piel representa una marca invisible que en la mente de cualquier ser humano, designa aquello inaccesible que vendría a suplir una falta, y al mismo tiempo representa esa falta. Así, para Kouhouesso lo negro era motivo de una mezcla de sentimientos como el orgullo, la vergüenza y la ira, simbolizando por un lado unas raíces amadas e investidas positivamente, y por el otro el pretexto para la segregación y la explotación. Para Solange, el color de piel no representaba nada hasta que lo conoció a él, momento en que se identificó con el color negro como el de la baja estima de sí por una parte, pero también con lo deseado fervientemente y con la aceptación.

El color de piel, las creencias religiosas y las opiniones políticas, todos elementos que sirven para discriminar, presentan para los grupos que creen compartirlos el atractivo tramposo de la pertenencia a un grupo homogéneo. Sólo analizando y aceptando nuestras carencias podremos rebasar dicha necesidad ilusoria para lograr la aceptación de los demás con sus diferencias.


[1] El primer borrador de este trabajo fue presentado en el LV Congreso Nacional de Psicoanálisis titulado El cuerpo del psicoanálisis, el psicoanálisis del cuerpo, México, D.F., en octubre de 2015. Agradezco a Mario Campuzano, Raúl Miranda, Margarita Szlak y Rose-Marie Venegas por sus comentarios y sugerencias.

[2] Asociación Psicoanalítica Mexicana, simhazan@gmail.com

[3] La etimología del nombre Solange no tiene nada que ver con lo dicho aquí (Le journal des femmes); pero es interesante señalar que después de que leí mi trabajo en el Congreso Nacional, Rose-Marie Venegas contó que en dos ocasiones me había oído pronunciar “seule ange”, algo así como “ángel solo”.


Referencias

Darieussecq, M. (2013). Il Faut Beaucoup Aimer les Hommes. P.O.L., Folio.

Duras, M. (1987). La Vie matérielle. Saint-Amand: Folio, 2005. [La Vida Material. Barcelona, Plaza y Janés: 1993.]

Kancyper, L. (2004). El Complejo Fraterno. Buenos Aires: Lumen.

Le journal des femmes. www.journaldesfemmes.com

Mahler, M., Pine, F. & Bergman, A. (1975), El Nacimiento Psicológico del Infante Humano, Capítulos 1 y 2, 13-48.

El corazón de las tinieblas, en Wikipedia. Recuperado de https://es.wikipedia.org/wiki/El_coraz%C3%B3n_de_las_tinieblas

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