Subjetividad y cultura

¿Dónde están nuestros muertos?…

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Mario Campuzano

 

La cabeza, me duele la cabeza, y casi no puedo respirar, estoy oprimido entre otros cuerpos, desnudos como yo, apilados en esto que parece ser un camión, pero ellos están fríos, no se mueven, yo tengo que moverlos, como pueda, para salir de aquí…

Los recuerdos me van llegando, poco a poco: hubo asamblea en la prepa y nos organizamos para ir a la marcha y mitin en Tlatelolco. Estábamos ahí, en la explanada frente al edificio Chihuahua oyendo a los primeros oradores cuando empezaron los disparos sobre nosotros, sobre los miles ahí reunidos, los disparos venían de todos lados: del helicóptero, del edificio Chihuahua y de otros edificios, así como de los soldados que nos habían rodeado y atacaban disparando y con la bayoneta calada… Salí corriendo cuando me di cuenta de la situación buscando llegar a Reforma, atravesando la explanada llena de cuerpos de los caídos, no logré llegar, un soldado me dio un culatazo en la cabeza y no supe más…hasta ahora… me deben haber dado por muerto, como éstos que pesan horrores y tengo que mover…

Logro por fin salir, ya es de noche, alcanzo a distinguir que estaba en un camión del ejército y hay varios más en fila, alrededor. Logro llegar a una casa, me auxilian, me proporcionan ropa, logro comunicarme con mi familia y, cuando es posible, van por mí y salgo de esta pesadilla, con una interrogante obsesiva en mi pensamiento: y los demás, ¿quiénes se salvarían?, ¿quiénes quedarían entre esos cientos de muertos y heridos que vi tirados en el piso de la explanada?…           

Javier no sabía que ahí cerca, afuera del sitio de su pesadilla, estaba un joven estudiante de medicina que también asistió al mitin pero logró salir ileso a la avenida Reforma y estaba observando, a la distancia, la continuación de los acontecimientos. Llegó un punto en que la balacera disminuyó de intensidad y frecuencia y arribaron camiones del ejército donde apilaron cadáveres y algunos probables heridos. Tenía estacionado en un lugar cercano su coche, fue por él porque había decidido seguirlos y su observación terminó cuando los vio entrar al Campo Militar No. 1.

Al día siguiente, en el Poli, algunos pocos alumnos y maestros se reunían y escuchaban a un médico que trabajaba en la milicia, desesperado pidiendo que hicieran algo, ya que estaban pasando cosas horribles con sus compañeros muertos y heridos… Nada pudo hacerse, cundía la desmovilización ante la intensa represión policiaca y militar, la ocupación de las escuelas por el ejército y la andanada propagandística de los medios de comunicación en contra del Movimiento Estudiantil.         

A un médico que trabajaba entonces en un servicio de urgencias le tocó atender a un oficial del ejército que había sido herido por el fuego cruzado. Le preguntó si hubo muchos muertos: cientos, le contestó. El presidente Gustavo Díaz Ordaz dio la cifra oficial a la prensa nacional y extranjera: 26 muertos y cien heridos.

ESCENAS DEL EXTERIOR

Llegamos a Argentina para asistir a un congreso algunos pocos colegas mexicanos. Para trasladarnos del aeropuerto al hotel contratamos un taxi y el chofer resultó ser un hombre de edad, como nosotros, lo cual permitió un diálogo sobre la situación actual y el pasado, llegamos al tema de los “desaparecidos” y nos comentó: ahora están buscando sus cadáveres, y algunos han encontrado, pero en muchos casos no lo podrán lograr, yo trabajaba el taxi también en esa época y pasaba diario por el cementerio de la “Chacarita” y el incinerador trabajaba día y noche…

Tras la insistencia de los padres de los estudiantes de Ayotzinapa “desaparecidos” de que les permitieran revisar los cuarteles del ejército, empezando por el de Iguala, una exilada guatemalteca me relata que cuando “desaparecieron” a su padre, hace treinta años en su país de origen, su madre lo primero que hizo fue acudir al cuartel del ejército a buscarlo, donde negaron tenerlo, siguió haciendo averiguaciones en otros lados unos días hasta que les avisaron que ellos también peligraban y huyeron a México en busca de asilo político.

Tardó muchos años en espera de que su padre regresara vivo, hasta que un día decidió hacer una ceremonia religiosa como forma simbólica de darlo por muerto. Pero hace un par de años aparecieron documentos donde se menciona su detención y su reclusión por tres meses antes de ser asesinado, sin que sus restos hayan sido encontrados. Esos datos le han removido su duelo inconcluso, su dolor interminable. No entiende cómo su padre se dejó detener con vida teniendo un arma y sufre enormemente pensando en las torturas que debió sufrir en esos meses. ¡Pobrecito!, cómo puedo aguantar tanto, qué cosas horribles le habrán hecho… Entiende por eso la desesperación de los familiares de los estudiantes de Ayotzinapa…

ESCENAS DE LA ACTUALIDAD

En octubre de 2014 la Comisión de la Verdad para Guerrero en voz de los comisionados Pilar Noriega García y Nicomedes Fuentes García rinde su informe sobre la guerra sucia de los sesentas y setentas en ese estado de la República. En el documento aparece la reseña de múltiples ejecuciones extrajudiciales en las instalaciones militares de Pie de la Cuesta y desaparición forzada de personas, así como desaparición de la evidencia de los cadáveres a través de entierros clandestinos, depósito de cadáveres en minas abandonadas, arrojo de muertos y heridos al mar en “vuelos de la muerte”, así como incineración de cuerpos. Destacamos dos de sus conclusiones: “demostramos que se cometieron masivamente delitos que no han prescrito” y “La impunidad que subsiste hoy se gestó desde aquellos años” (La Jornada, 14, 17 y 18 de octubre de 2014).

La versión oficial sobre la desaparición forzada de 43 estudiantes de la Normal Rural de Ayotzinapa carece de consistencia y ha sido refutada no sólo por los familiares de los desaparecidos, sino por diversas organizaciones jurídicas y científicas, pero los estudiantes, o sus restos, no aparecen. La insostenible historia tiene como único fin evadir la responsabilidad del nivel federal en los hechos acaecidos y circunscribirla solamente al nivel sacrificable de las autoridades municipales.

Aquí, allá, en el pasado, ahora, la demanda, hecha clamor, continúa: ¿dónde están nuestros familiares, nuestros amigos, nuestros compañeros militantes, nuestros conciudadanos?  En última instancia: ¿dónde están nuestros muertos?…

 

                                                          

        

2 respuestas a “¿Dónde están nuestros muertos?…”

  1. Capitan dice:

    Esta pagina esta muy buena

  2. Verónica E. Muñoz Lozano dice:

    Magnífico artículo, nos hace sentir, pensar, solidarizarnos con los desaparecidos y sus familias, salir de la insensibilidad y la indiferencia.

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