Subjetividad y cultura

Críticas y propuestas contemporáneas a enfoques clásicos del psicoanálisis individual y grupal

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Mario Campuzano[1]

 

En relación al dispositivo individual del psicoanálisis han aparecido en la última época críticas epistemológicas y metodológicas sobre su enfoque clásico que han generado propuestas de cambio como el enfoque intersubjetivo (término que tiene un sentido diferente en el psicoanálisis grupal, como aclararemos más adelante) y el enfoque relacional.

La crítica postmoderna

Desde la perspectiva postmoderna de la falta de veracidad del esquema tradicional del científico como observador distante y objetivo, el nuevo enfoque de la ciencia se vuelve interaccional y constructivista, es decir, de una realidad construida en la interacción humana (construcción social de la subjetividad y de la realidad), más que de una realidad objetiva. Aplicada al psicoanálisis tiene tres áreas donde se ubica el problema conceptual y operativo planteado por estos nuevos enfoques, en contraste al modelo clásico:

         (1) La relación entre analista y analizando que se desplaza de la postura determinista de una distancia que busca objetividad entre investigador e investigado a una influencia bilateral sobre los fenómenos que suceden entre ambos que da origen a los modelos relacional e intersubjetivo del psicoanálisis individual que plantean un cambio en la relación analista- analizando con enfoque constructivista. En el psicoanálisis grupal el sentido del término intersubjetivo es muy diferente y se refiere a los procesos psíquicos entre el sujeto singular y los otros cuando están en situación de agrupamiento y no necesariamente a un enfoque constructivista de la relación.

         (2) La relación entre lo pasado y lo actual, con sus pares de opuestos: determinismo/ acontecimiento,  estructura/ coyuntura, proceso/ situación, donde los enfoques constructivistas le han dado un mayor peso a los procesos del presente, la revelación de las relaciones actuales más que la develación del pasado y sus efectos. De esta manera se abre el debate sobre la importancia de las influencias pretéritas, históricas, sobre todo del grupo primario familiar, en relación a las influencias posteriores, incluyendo las del presente entre analista y analizando o analista y conjuntos.

         (3) La relación entre lo bio- psicológico y lo social: que plantea la discusión sobre la importancia y correlación entre el determinismo psíquico y/o la construcción social de la subjetividad y de la realidad.

El problema de la relación: enfoque relacional e intersubjetivo entre analista y analizando en el psicoanálisis individual; enfoque relacional e intersubjetivo en el psicoanálisis grupal.

Quien abre camino al enfoque relacional es Fairbairn que sostuvo la hipótesis de que el ser humano no es un buscador de placer sino un buscador de objetos, dando lugar a una teorización exclusivamente psicológica de tipo relacional que no requiere del concepto de pulsión.

El enfoque relacional:

En la época actual quien ha promovido más el enfoque relacional en el campo del psicoanálisis individual es Mitchell que lo ha definido en los siguientes términos:

Según este punto de vista, la unidad básica de estudio no es el individuo como entidad separada cuyos deseos chocan con la realidad exterior, sino un campo de interacciones dentro del cual surge el individuo y pugna por relacionarse y expresarse. El deseo siempre se experimenta en el contexto de la relación, y este contexto define su significado. La mente está compuesta de configuraciones relacionales (Mitchell, 1988, pág. 14).

En otros términos, la perspectiva relacional considera que las relaciones con los demás, y no las pulsiones, son la materia prima de la vida mental. Mitchell considera otro de sus rasgos destacados el hecho de tener una visión social de la mente, situación que comparte con otras teorías psicoanalíticas:

El modelo relacional, en cuanto teoría social de la mente, de ninguna manera es el terreno exclusivo de las hipótesis psicoanalíticas. La teoría interpersonal y la teoría de las relaciones objetales forman parte de un movimiento más amplio de disciplinas estrechamente relacionadas y a la vez vinculadas con las teorías sociales de la mente… (Mitchell, 1988, pág. 29).

Esta perspectiva conduce a prescindir del determinismo pulsional ya que, como señala Coderch (que después de haber sido un kleiniano riguroso se ha afiliado al enfoque relacional y se ha vuelto uno de sus principales impulsores en los países de habla hispana): “Las pulsiones no estructuran la mente de los seres humanos, la matriz relacional es la que moldea y da expresión a las pulsiones y a las necesidades que de ellas se derivan” (2001, pág. 127) y, consecuentemente, “… la transferencia es co-creada y el analista interviene decisivamente, con todos los rasgos de su personalidad y de su técnica, en su desarrollo y evolución” (pág. 131).

El enfoque intersubjetivo:

Por otra parte la perspectiva intersubjetiva, desarrollada principalmente por psicoanalistas norteamericanos como Stern, Stolorow, Benjamin y  Ogden, tiene como antecedente a otro postkleiniano: Winnicott. La diferencia de este enfoque con el relacional es sutil y parece referirse al encuentro y proceso entre las subjetividades de analizando y analista concebido como sistema comunicacional. En esta línea “…los fenómenos psicológicos se entienden no como el producto de procesos intrapsíquicos en una mente aislada, sino siempre como el resultado de la recíproca interacción entre diferentes subjetividades” (Coderch, 2001, pág. 204).

En este dispositivo individual “la intersubjetividad… se refiere al interjuego dinámico entre las experiencias subjetivas del analista y el paciente en la situación clínica…Este nexo interaccional se considera la fuerza primaria del proceso del tratamiento psicoanalítico” (Dunn, 1995/2004, pág. 183) en vez de la fuerza impulsora de las pulsiones. Y como también establece este autor: “…en la literatura psicoanalítica actual el concepto de intersubjetividad constituye un importante desafío epistemológico y clínico al paradigma clásico…” que “…ve la base de la mente en las pulsiones y en los apremios ubicados en el cuerpo biológico” (Dunn, 1995/2004, pp. 204-205).

Los adherentes a este enfoque consideran pasar de la transferencia unidireccional al encuentro bidireccional; de la psicología de una persona a la psicología de dos personas; de la relación sujeto- objeto a la relación sujeto- sujeto.

Para la discusión de este enfoque vamos a seguir la revisión crítica del tema que hacen Dunn (1995/2004) y Paniagua (1997/2004).

No hay una postura única en este enfoque sino todo un abanico desde los que se mantienen más cerca de la postura clásica hasta los intersubjetivistas radicales alejados totalmente de ella. Ogden (1992a, 1992b, 1994) pertenece a los primeros y traslada la contratransferencia total, de origen kleiniano, al paradigma intersubjetivo aunque considera que las reacciones del analista son realidades creadas en virtud de la original “reacción que nunca se repetirá” de la pareja clínica (Dunn, pág. 1991). Pero este autor (pág. 190) acota los alcances de ese cambio: “…la reflexión acerca de la transferencia, por muy amplio que sea el concepto, no requiere una perspectiva intersubjetiva en el sentido estricto del término”.

Un autor más radical como Spezzanno (1993, 1995) también  es citado por Dunn, y él:

…discute el debate intersubjetivo/clásico según líneas evolutivas, epistemológicas y ontológicas. En contraste con Hoffman cree que las dicotomías intrapsíquico/interpersonal y “una persona” versus “dos personas” son valiosas herramientas, porque clarifican las diferencias entre los dos paradigmas. De acuerdo con Spezzano, el enfoque intersubjetivo explica las reacciones afectivas como modos de comunicación diseñados para provocar respuestas en los demás. Esto se opone a la perspectiva freudiana de la afectividad como un suceso intrapsíquico, cuyo propósito es reorganizar los estímulos internos que amenazan desequilibrar el equilibrio mental. Spezzano sostiene que la naturaleza de la conciencia de cualquier persona está inextricablemente conectada a la conciencia de los otros –sólo podemos conocernos a la luz de cómo nos conocen los demás-, y que la finalidad última de la conciencia es compartir sus contenidos con los otros, aunque esta finalidad es inconsciente (Dunn, pág. 1992).

Esta postura, típicamente constructivista y comunicacional, está más cerca de los postulados de ciertas orientaciones de la terapia familiar que de la postura psicoanalítica. Especialmente recuerda al enfoque de Watzlawick, Beavin y Jackson (1967, pág. 23), de la Escuela de Palo Alto, respecto a la comunicación pragmática que es la que afecta la conducta.

 Los intersubjetivistas muestran una gran insatisfacción no sólo con el concepto de transferencia, sino también con el de neutralidad analítica (la técnica clásica concebida para limitar lo más posible el impacto de la subjetividad del analista en el paciente y en el proceso del tratamiento), al punto que Resnik considera que la neutralidad analítica es una ilusión que debería ser reemplazada por una posición clínica más realista. Paniagua (pág. 219) cita su postura: “…como el anonimato es imposible, pero no sólo el anonimato completo, sino cualquier tipo de anonimato, deberíamos decantarnos por una actitud de autorrevelación”. Y para establecer el substrato epistemológico de las diferencias (pág. 217) cita a Gedo (1996, pág. 1243): “Los abogados de la perspectiva intersubjetivista, siguiendo los pasos de los hermenéuticos deconstructivistas, proponen una epistemología postmoderna basada en la supuesta imposibilidad de alcanzar jamás la objetividad”.

Y concluye (pág. 223) “Los analistas que piensan así quizá no se percatan de que esta postura filosófica lleva inevitablemente al solipsismo. El subjetivismo radical hace imposible cualquier pretensión científica del psicoanálisis…”

Dunn (pág. 185), en la comparación de ambos enfoques establece:

Los analistas clásicos no niegan la subjetividad del conocimiento, ni ignoran el hecho de que la realidad nunca puede ser conocida de modo total. Sin embargo, opinan que el funcionamiento del yo contiene un elemento de autonomía respecto de las presiones internas y externas, lo que significa que, hasta cierto punto, una persona puede percibir con precisión la naturaleza de un objeto fuera de su marco de referencia personal. La irreductibilidad de nuestra subjetividad no nos condena a la ignorancia total ni a concepciones erróneas, tampoco es necesario anclarnos en el absolutismo. No es, en otras palabras, una proposición de todo o nada…

Y termina en una evaluación donde considera los efectos positivos de este debate (pág. 205): “No importa cuál sea el impacto final de la manera en que se conceptualice y en que se practique el psicoanálisis, el desafío intersubjetivista ha profundizado y ha agudizado la importancia de la vida psíquica del clínico, como soporte de la situación psicoanalítica y en el proceso del tratamiento”

Debe destacarse que estos son cambios de enfoque en la relación analista/analizado y se refieren siempre al ejercicio del psicoanálisis individual clásico de tres a cinco sesiones a la semana que requieren esas condiciones de trabajo, con regresión acentuada, para poder operar.

Estas críticas dentro del psicoanálisis individual, a pesar de que abordan la temática de las influencias intersubjetivas, relacionales y sociales, han dejado de lado los aportes del psicoanálisis grupal, tanto los de Kaës que ha elaborado un texto buscando dialogar con los psicoanalistas de la International Psychoanalytic Association (Kaës, 2007)[2], como los desarrollos latinoamericanos en relación al enfoque vincular (Pichon- Riviére; Berenstein y Puget; Bernard; Pachuk y Zadunaisky; Campuzano, Izaurieta, Hernández)[3].

René Kaës publica sus investigaciones a partir de los setentas en relación al contexto de descubrimiento de la grupalidad (Kaës, 1976, 2007). El conjunto de sus investigaciones están orientadas a lograr la sistematización de una teoría psicoanalítica de los grupos y una metapsicología de los conjuntos intersubjetivos. Sus investigaciones le llevan a la conclusión de que las pulsiones no se apoyan solamente en el cuerpo, como establece la teoría freudiana clásica, sino en las agrupaciones y los vínculos, lo cual apunta a la necesidad de desarrollar una tercera tópica.

El enfoque relacional y el intersubjetivo en el psicoanálisis grupal:

Un psicólogo clínico y psicoanalista de New York, Richard M. Billow (2003), ha buscado la integración de conceptos kleinianos-bionianos con el pensamiento relacional contemporáneo en el campo de la psicoterapia de grupo. Si bien la lectura de su libro se ha difundido no ha creado hasta el momento un nuevo enfoque. Más recientemente Juan Tubert-Oklander (2013, 2014), en México, ha publicado un par de libros en esta línea.

La crítica intersubjetiva y relacional tiene sentido dentro del marco estrecho de la concepción clásica del psicoanálisis individual, pero trasladar sus conceptos al psicoanálisis grupal, como lo hacen los últimos autores mencionados, es volver a los errores iniciales del traslado mecánico de enfoques del dispositivo individual al dispositivo grupal sin considerar las especificidades psicodinámicas del ámbito de los grupos, es decir, implica quedarse en el psicoanálisis aplicado a los grupos y no avanzar en el desarrollo de una clínica psicoanalítica de los grupos, movimiento que reseñaremos a continuación.

También en el psicoanálisis grupal se ha dado el debate entre formas deterministas y constructivistas de abordar la relación psicoanalista/otros, pero se ha generado a partir del abordaje de problemas como la concepción del vínculo, de la alteridad y de la importancia de los factores actuales por sobre los históricos.

En este ámbito la necesidad de utilizar un enfoque interpersonal o intersubjetivo no ha dependido esencialmente de un cambio de visión epistemológica y metodológica de la relación analista/analizando, sino de la necesidad de construir teorías adecuadas al  dispositivo de una pluralidad de sujetos reales, por eso el término intersubjetividad tiene un sentido muy diferente dentro del psicoanálisis individual y el psicoanálisis grupalEn el psicoanálisis grupal se refiere a la comunicación entre las subjetividades individuales cuando están en situación de agrupamiento, con la correspondiente necesidad de realizar un monto de trabajo psíquico:

La noción de trabajo psíquico por y en la intersubjetividad es inteligible en el modelo del acoplamiento entre las organizaciones intrapsíquicas: los anudamientos que las mantienen juntas son los lugares de pasaje, transformación o estasis de una subjetividad a otra, mientras que el acoplamiento y los puntos de anudamiento establecen el continuo intersubjetivo (Kaës, 1994, pág. 255).

Por tanto ha implicado pasar de un psicoanálisis aplicado a los grupos a una asunción de su singularidad que implica tomarlos como un contexto de descubrimiento de los fenómenos grupales a través del método psicoanalítico.

El vínculo, la alteridad

El concepto de vínculo como relación externa fue iniciado por Pichon- Riviére en los cincuentas, en Argentina, aunque la publicación de sus descubrimientos fue hasta los ochentas en que uno de sus discípulos redactara el contenido de un curso dado por Pichon de 1956 a 1957 (Pichon-Riviére, 1985).

En el enfoque argentino de las configuraciones vinculares se ha abordado el tema del vínculo y del otro desde sectores con posiciones más clásicas como Marcos Bernard (2006) que fuera cabeza durante muchos años del Departamento de Grupos hasta otros sectores, más influidos por las búsquedas de Berenstein y Puget (1997, 2001, 2004, 2007), que plantean enfoques constructivistas y relativistas como es notorio en la cita siguiente de Aguiar y otros (AAPPG, 2004, pág. 259):

En la contemporaneidad estamos asistiendo a una “revolución epistemológica” que ha llevado a una puesta en cuestión del “mito objetivista” y en tela de juicio el “mito del sujeto”. Desde una mirada vincular la subjetividad no puede ser un carozo, una estructura fija, un núcleo estable e independiente. Estamos dejando de pensar en términos de substancias, esencias o estructuras para acceder a la fluidez y variabilidad.

Las concepciones interactivas son no dualistas, se caracterizan por ser dinámicas, múltiples y complejas.

            Algunas de las nociones claras que la atraviesan son:

            – Vínculos: sistemas abiertos y organizaciones complejas.

            – Dinámicas no lineales.

            – Emergencia, historia y devenir.

            – Acontecimiento, azar e imprevisibilidad.

            – Flujos, tensiones y circulaciones.

            – Escenarios, espacios de posibilidad.

            – Juegos de productores: de sentidos, de subjetividad, de nudos.

Todas ellas están en el centro de nuevas formas de pensar, sentir, actuar en un mundo sacudido por agitaciones diversas en que parece que todo lo sólido se desvanece en el aire en una vertiginosa transformación.

La alteridad se ha trabajado en estos sectores siguiendo autores como Deleuze, Guattari y Levinas, sobre todo este último de quien comentan Aguiar y otros (AAPPG, 2004, pág. 264): “A su tiempo Levinas, radicalizando la postura de Buber, pretende afrontar la alteridad en toda su desnudez, que es su irreductibilidad”. Por ello establecen (pág. 261):

En el territorio intersubjetivo cuando hablamos del otro, ya no como obturante del desamparo, sino como imposición de una diferencia, no sólo apuntamos a la alteridad no previsible sino que también abrimos la figura del otro como condición subjetivante…

Lo interesante y excepcional es que estas posturas diferentes y hasta opuestas han podido coexistir en el mismo espacio institucional, se han influido mutuamente y falta saber si -pasados los momentos de crisis y radicalismo del cambio de enfoques teóricos- serán capaces de pasar a movimientos dialécticos y posturas integradoras. Carlos Pachuk (AAPPG, 2004, pág. 12) en el Prólogo del número especial de la AAPPG que conmemora sus cincuenta años lo plantea como una tendencia de pluralidad: “Nos dirigimos quizás a una dirección colectiva con la coexistencia de muchas líneas de pensamiento y prácticas que implican la posibilidad de estar con los otros y su diferencia”. Este autor publicó posteriormente (Pachuk y Zadunaisky, 2010) un texto sobre psicoanálisis grupal con enfoque vincular y constructivista.

Desarrollos en México: el modelo vincular- estratégico

Los desarrollos en México del enfoque vincular fueron iniciados desde los ochentas, en compañía de Miren Izaurieta y Teresa Hernández, dando lugar a la publicación de artículos y libros sobre la sucesiva comprensión del problema en la terapia de parejas y luego en la comprensión de los grupos psicoanalíticos. Este extraño itinerario siendo todos psicoanalistas grupales lo explico por la ventaja que nos dio iniciar en un campo diferente al de nuestra práctica clínica principal: los grupos terapéuticos psicoanalíticos en un tema  apasionante: la dinámica y psicoterapia de parejas, que nos permitió establecer la importancia de los vínculos (y de la teoría correspondiente) antes de buscar romper los paradigmas dominantes en nuestra institución en el campo del psicoanálisis grupal. Un ejemplo claro de los obstáculos epistemofílicos para el aprendizaje planteados por Pichon- Riviére, en ese caso la dificultad de salir de posiciones institucionales confortables y de consenso, aunque limitadas e insuficientes para la comprensión amplia de las dinámicas grupales y para impulsar su avance científico.

En nuestro enfoque el concepto de vínculo está correlacionado con aquello que Grinberg, Langer y Rodrigué llamaron “grupo psicológico” y se refiere a relaciones cercanas con conocimiento mutuo donde consecuentemente existe una construcción psíquica común y compartida (Kaës, 2007). Las situaciones de “grupo sociológico”, donde domina la serialidad, corresponderían a una situación vincular inexistente (los pasajeros de un autobús que esperan en la estación, por ej.) o situaciones de vínculo más laxo que preferimos denominar “lazo social” donde, como máximo, puede haber sentido de pertenencia a un conjunto, por ejemplo de pertenencia a una ciudad. Las organizaciones, según su dimensión, pueden estar más cerca de los fenómenos de grupo psicológico o de grupo sociológico.

El psiquismo tiene origen biológico y vincular ya que se constituye en la relación del bebé con sus padres o cuidadores de los cuales depende para su sobrevivencia y conformación humana y a través de los cuales recibe la educación de los afectos y la influencia de la cultura. A partir de las formulaciones de Piera Aulagnier (1975) es claro que la madre no solamente es un continente nutricio y afectivo para el bebé y también la dadora de las experiencias vinculares primarias que definirán las posteriores, sino que es, simultáneamente, la transmisora de la cultura.

Los objetos internos y sus relaciones responden a la lógica del psiquismo y del inconsciente. Los vínculos responden no sólo a la lógica del psiquismo, sino a la lógica de la realidad externa y la alteridad, por lo cual tienen otra dinámica y otras influencias. El otro, los otros, son el enfrentamiento con la dura constatación de que son seres diferentes irreductibles a las proyecciones de nuestros objetos internos y que no son  pasivos sino capaces de respuestas propias y variadas a esas proyecciones ya que el vínculo entre personas tiene características de bilateralidad e interactividad. La realidad externa no sólo tiene lógica distinta a la psíquica, sino tiene una fuerte capacidad de influencia y presión sobre los individuos a través de sus reglas, códigos e instituciones, de la educación, de la cultura, de los medios de difusión y del imaginario social.

Pero en dispositivos grupales diseñados para facilitar la regresión y la aparición del inconsciente, como son los grupos psicoanalíticos, se producen fenómenos de realidad psíquica a nivel interpersonal y grupal que requieren abordarse desde la lógica del inconsciente.

El modelo vincular-estratégico se diferencia de otros enfoques vinculares en que las concepciones siguen centradas en la importancia del individuo, sus pulsiones y su mundo interno, aunque considerando siempre la interrelación con su entorno familiar, grupal, social, o sea, con su red vincular que co-construye su psiquismo. Nacemos y nos construimos psíquicamente en agrupaciones y vínculos y uno de los desafíos centrales del desarrollo es lograr pasar de la indiferenciación sincrética inicial a la diferenciación individual y la autonomía. Y a lo largo de toda la vida los grupos son espacios privilegiados de transformación y potencial crecimiento.

Uno de los ángulos más importante del debate contemporáneo sobre el psicoanálisis es el mantener la concepción de la fuerza de las pulsiones como la fuente del impulso psíquico o sostener énfasis en la determinación de la sociedad y la cultura sobre los individuos. Nuestro enfoque no considera estas influencias como dilemáticas, sino como fuentes de una permanente tensión que influyen sobre todos los individuos aunque en forma diferencial en cada situación y momento, por ejemplo, es claro que las experiencias fundantes de la infancia tienen una relevancia especial y permanente, aunque sean modificables por experiencias posteriores. Por eso este modelo no establece prioridad a la influencia del contexto sobre el individuo como en algunas concepciones vinculares donde se plantea una psicología y psicopatología de los conjuntos en alternativa a la de origen pulsional, ya que consideramos a lo social como co-constitutivo del ser humano y de su psiquismo.

Este pasaje al psicoanálisis multipersonal busca entender al individuo en situación de agrupamiento donde interactúa con otros y con el conjunto, donde influye y es influido, donde se establecen y coexisten procesos intrapsíquicos, interpersonales y grupales en todos los cuales se producen fenómenos de realidad psíquica. Es necesario por eso destacar que el inconsciente intrapsíquico freudiano y el de los vínculos intersubjetivos y del grupo son descriptivamente iguales, pero hay diferencias en sus cualidades y formación dinámica ya que el inconsciente intrapsíquico se forma en cada individuo por sucesivas capas de represión a partir de la represión originaria  (origen en el pasado) y corresponde al sistema del inconsciente. En cambio el inconsciente producido en los vínculos intersubjetivos y en los agrupamientos se produce sólo en estas condiciones de vincularidad, es situacional, y corresponde al tiempo presente. Es decir, descriptivamente es inconsciente ya que no hay conciencia de los efectos producidos pero dinámicamente, de acuerdo a los conceptos psicoanalíticos clásicos, no lo es ya que el enfoque tradicional considera solamente la construcción de psiquismo lograda mediante el apuntalamiento de la pulsión en las funciones corporales y la relación con la madre y no la construcción de psiquismo individual y la formación de realidad psíquica lograda mediante el apuntalamiento en otros vínculos y el grupo (Kaës, 1978/1982, págs. 271-272), lo cual es un punto central de polémica y de definición de posturas.

En la situación regresiva de los grupos psicoanalíticos de extraños las pulsiones, con sus representaciones psíquicas inconscientes y los afectos ligados se vuelven los impulsores de los movimientos psicodinámicos ya que, como Kaës (2007, pág. 146) lo precisa “…la naturaleza y la fuerza de las pulsiones movilizadas en los miembros del grupo determinan las cualidades y la potencia de las ligazones y desligazones en el ensamble de las psiques”.

De esta manera se pueden apreciar tres niveles de generación de fenómenos psíquicos inconscientes: el intrapsíquico, el interpersonal y el grupal.

En cuanto al abordaje técnico este modelo busca utilizar al máximo la peculiar dinámica que el dispositivo grupal genera como es su capacidad de comunicación en tres modalidades: discursiva o verbal, preverbal y figurativa o dramática amén de la multiplicidad de transferencias que ofrecen distintos sitios para la interpretación.

La interpretación seguirá los movimientos de la transferencia en esa modalidad grupal de ubicaciones diversas y se interpretará a partir de la modalidad transferencial utilizada para la expresión de la situación psicodinámica del momento, aunque es de destacar que en los grupos psicoanalíticos que no se coordinan bajo el artificio de llevar toda comunicación a la transferencia central, la modalidad más frecuente de expresión transferencial no es sobre la central sino sobre las laterales. El enfoque vincular permite, así, pasar del dominio de la transubjetividad, propio del enfoque del grupo como totalidad, al aprovechamiento máximo de los fenómenos de INTERSUBJETIVIDAD. Lo que se transfiere son contenidos psíquicos diversos y en el modelo vincular- estratégico los contenidos que abordamos son los objetos y relaciones internos exteriorizados que configuran la estructura de carácter y determinan las elecciones vinculares a través de un juego de oferta y demanda de relaciones que se ejemplifica en la viñeta clínica que presentamos un poco más adelante y resulta visible en la forma de comunicación figurativa o dramática.

Se sigue la expresión del inconsciente en las pulsiones que promueven el establecimiento de vínculos con otros y, como consecuencia, el movimiento de las transferencias y las identificaciones, así como las resistencias y el conflicto psíquico, tanto en su forma discursiva como preverbal y escenificada, tanto en su forma transferencial como extratransferencial y psico-genética. Se busca interpretar el conflicto psíquico en todo el triángulo mencionado, aunque iniciando en su expresión transferencial.

Al igual que los colegas del cono sur (Casanova y otros en: AAPPG, 2004, pág. 336) concebimos al inconsciente como abierto y deslocalizado donde la represión, como otros mecanismos psíquicos, responden a una doble apoyatura: la propia del sujeto singular y la de la trama vincular en que se halla inmerso, lo cual nos ha llevado a establecer formas de registro e intervención bilaterales e interactivas.

Viñeta clínica de un grupo de admisión: Modelo vincular- estratégico, importancia del diagnóstico y de las escenas vinculares en la comunicación figurativa.

Después de la consigna de trabajo en relación al grupo de admisión y sus objetivos inicia una mujer de edad media (Juana) que estuvo desde la sesión anterior la cual incita a que hable un hombre joven, Joaquín. Él menciona su estado de angustia y desasosiego tras su separación marital, de cómo trata de estar siempre ocupado para no tener las sensaciones de vacío y ansiedad que le agobian, también menciona momentos de ideación suicida y, cuando la angustia le desborda, la necesidad de hacerse heridas en la piel para que el dolor le haga controlarse. Muestra bastante claridad de su situación, habla también de sus logros laborales y de la felicitación que por ello recibió de sus padres, aunque no le son suficientes, dice: quiero que alguien me reconozca, pero alguien que tenga que ver conmigo, que me acompañe.

Se da un intercambio de opiniones con una mujer, también joven, Natalia, que después de un tiempo le señala: no encuentras una meta, la hiciste tu meta, la convertiste en un faro para seguirla, para darle sentido a tu vida, la onda no va por ahí, después va a ser otra persona, se va a ir, debes buscar otras cosas que te gusten, que te llenen.

Ella habla, a su vez, de sus propias necesidades de compañía, de haber sido muy demandante de presencia y atención de un novio que la terminó cuando concluyó los estudios que realizaba acá y regresó a su lugar de origen, en el interior del país.

Se arma una escena en la transferencia lateral que muestra, a través de la externalización de sus objetos y relaciones internas, la psicopatología caracterológica de ambos. Él, demandando ayuda, con necesidad de una pareja que funcione como yo auxiliar; ella, como hija parental ayudadora, pero con fuertes demandas de satisfacción anaclítica. Una escena de colusión oral (Willi, 1975) donde la diada comparte la fijación en el mismo tema del desarrollo psicosexual aunque uno con expresiones regresivas (el hijo demandante de guía) y otra con expresiones progresivas aunque igualmente dependientes (la madre-niña que guía y ayuda). Hay total coincidencia entre la expresión figurativa en la transferencia lateral y la expresión discursiva sobre los vínculos extratransferenciales, lo cual se aprovecha para su interpretación.

El grupo se va organizando en torno al supuesto básico de dependencia y tienden a identificarse con el tema de los vínculos dependientes, tema que se vuelve el organizador psíquico inconsciente de esta sesión grupal.

Él habla de la dificultad de estar solo y se aprovecha para señalar:

Ese es el origen de todo: la dificultad de estar solo y estar bien con uno mismo.

Llegaron después dos nuevas integrantes que se incorporaron al tema: una, Irene, destacando la dependencia a su familia de origen a pesar de vivir en pareja y otra, Mariana, con la dificultad de superar la separación de un hombre con quien sigue manteniendo dependencia afectiva. La líder inicial habla de cuánto necesita que los demás la necesiten y cuenta una historia llena de pensamiento mágico sobre un chamán que no sabe si es real o imaginario que la induce a tomar la identidad de otra mujer con la cual ha funcionado durante temporadas que vive en otros lugares del país. En busca del diagnóstico de esta situación menciona la enorme cantidad de estudios clínicos y de gabinete que le han hecho en diversas instituciones médicas, incluyendo estudios neurológicos y psiquiátricos, dándole diagnósticos como esquizotipia y otros, aunque sin ningún resultado con los tratamientos farmacológicos prescritos desde un enfoque neurológico y de psiquiatría organicista. Yo establecí, en el grupo de admisión, el diagnóstico de carácter fronterizo simbiótico con estados periódicos de disociación mental[4] y personalidad múltiple.

Se señala que han estado hablando de dos temas centrales: la dificultad de estar solos y la dificultad de darle sentido y asumir la responsabilidad de la propia vida, el extremo de lo cual es Juana que anda buscando quién la necesite cambiando su identidad de manera mágica para evadir la responsabilidad sobre su vida.

Irene menciona cómo la dependencia a su familia de origen la ha llevado a tener dificultades en su trabajo por no cumplir con procedimientos establecidos. Su comportamiento regresivo, además, ha llevado a que su jefa le quite sus responsabilidades iniciales y la reubique en un lugar de mínima exigencia.

Se le interpreta: de tanto hacerte la chiquita lo logras y entonces te sientes frustrada porque pierdes todo lo logrado previamente.

La sesión prosigue alrededor de los temas de dependencia y regresión, que son interpretados en repetidas ocasiones.

Al final de la sesión se deriva a grupo terapéutico a uno de los miembros más activos: Natalia. A los demás se les pide continúen viniendo al grupo de admisión y a Juana se le esclarece su situación: “…puedes venir al grupo de admisión el tiempo que sea necesario, pero mientras no tengas una demanda terapéutica clara, mientras no te hagas responsable de un mínimo que permita un trabajo psicoanalítico no podemos hacer nada por ti en esta modalidad de tratamiento”.

Comentario:

En esta sesión, muy resumida, queda clara la necesidad de un diagnóstico psicodinámico para establecer indicaciones terapéuticas y poder organizar una línea interpretativa eficaz, además de la utilidad de un enfoque vincular.

Este grupo estuvo constituido por carácteres fronterizos simbióticos donde, además de la dependencia, aparecieron las habituales sensaciones de vacío, ansiedad difusa y flotante, autolesiones, ideación suicida y dificultad de autocontrol. Apareció el caso extremo de Juana, con acentuadas defensas disociativas que, en el pasado, dieron lugar a multitud de exámenes clínicos y paraclínicos en instituciones médicas para tratar de conseguir su diagnóstico, sin mayores resultados por el enfoque biológico de las evaluaciones sin considerar la posibilidad de su origen psíquico.

En el grupo de admisión se evaluó que su falta de visión sobre sí misma la hacían inanalizable, a pesar de lo cual se buscó darle oportunidad de hacer un poco más de conciencia en sucesivas sesiones, pero no acudió a ninguna otra.

Apareció una escena derivada de la proyección de los grupos y relaciones internas de dos de los participantes que en forma de comunicación figurativa y discursiva hacían demanda y oferta de sus necesidades vinculares  que resultaron complementarias en la reedición de la relación dual fundante y mostraban su estructura caracterológica preedípica simbiótica y sus preferencias vinculares, información muy valiosa y temprana, además de útil para propósitos interpretativos.

Colofón:

La paradoja que enfrentamos en la actualidad es que,  ahora que logramos tener a punto la teoría y la técnica de la psicoterapia psicoanalítica grupal, con los consecuentes beneficios para el tratamiento de los pacientes, esta práctica clínica se encuentra amenazada de desaparición por el desastre económico del país derivado del modelo económico neoliberal y el saqueo sistemático de los bienes de la nación implantado por la élite en el poder, situación que causa depauperación general y reduce a niveles críticos la demanda psicoterapéutica. Proceso por el que ha pasado Argentina y ahora se instala en México.

BIBLIOGRAFÍA

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[1] Médico, psiquiatra, psicoanalista. Miembro de la Asociación Mexicana de Psicoterapia Analítica de Grupo.

[2] Kaës, René (2007). Un singular plural. El psicoanálisis ante la prueba del grupo. Amorrortu: Buenos Aires, 2010.

 

[3] Pichon- Riviére, E. (1979).  Teoría del vínculo. Nueva Visión: Buenos Aires.

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[4] Los estados de disociación tienen un lugar privilegiado en la historia del psicoanálisis ya que el método psicoanalítico tiene sus antecedentes en una paciente, Anna O,  tratada por Breuer y Freud como una histeria que presentaba, entre otros síntomas,  una escisión de su personalidad, una de ellas era “normal” a la vez que triste y ansiosa; la otra era “mala”, grosera, agitada, destructora.    Para estos difíciles y extraños casos se recomienda la lectura de: Grotstein, James S. (1981). Identificación proyectiva y escisión. Gedisa: México, 1983.

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