Subjetividad y cultura

Consideraciones Psicosociales de la corrupción: una aproximación hermeneútica

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Christian Omar Bailón Fernández[1]

RESUMEN: 

En este ensayo se aborda el significado de la corrupción desde las diversas representaciones sociales que nos incluyen, además, se ejerce una problematización ontológica del significado de esta y su implicación sobre los procesos organizativos y civilizatorios de lo humano en que están implicados los esquemas sanitarios de salud mental y sus relaciones que abarcan el campo social, psicológico y político, por último se propone un esquema psicosociosanitario que promueva pautas de transformatividad cultural en el que diversas dimensiones del ambiente psicosocial sean regeneradas a través de un proceso socioterapeútico  desde las instituciones que son responsables de la construcción y mediación de la identidad social en la interacción cultural que compone el entramado complejo de la polis.

ABSTRACT: 

This essay propose a meaning of corruption from various social representations we further include performing a problematization ontological meaning of this and its implications on organizative and civilizatory processes of  the human being that are involved in medical health schemes mental and relationships of the social, psychological and political field, finally propose a scheme that promotes a proyect of psychosocial sanitary transformation of cultural patterns which various dimensions of psychosocial work environment are regenerated through a process sociotherapeutic from the institutions that are responsible for the construction and mediation of social identity in cultural interaction that makes up the complex framework of the society.

 

INTRODUCCIÓN 

La incapacidad para pensar no es estupidez; puede encontrarse en gente muy inteligente, y la maldad difícilmente es su causa; quizá sea a la inversa, que la maldad tenga su causa en la ausencia de pensamiento…(Arendt, 2010, p. 40)

Es común el reconocimiento de la tradición cultural del individualismo en nuestra sociedad, desglosado parece funcionar como un sistema ideológico que nada ingenuamente pregona la diferenciación unitaria de la colectividad como principio fundamental de liberación; distinguirse de los otros, notar y marcar diferencia con el nuevo carro, con la casa diferente, con la ropa “nice” que hace estar “in” y no “out”, con cualquier cosa que notoriamente exacerbe una distinción de clase se ha vuelto obligatorio para pertenecer y ser aceptado socialmente, “ser “cool” ante uno mismo, ante los otros o ante la vida en general parece ser el único mandato admisible en la estructuración colectiva” (Maffesoli, 2009, pp. 3-4) tal es el principio generativo de la competencia y el poder, cuestiones pantanosas en la medida en que constantemente ejercen fricción con el acuerdo y compromiso de civilidad necesario para vivir en sociedad.

En este sentido el ritmo social corresponde al de un panorama en donde como dice Sloterdijk (2003) se ironiza a la ética como si fuera una ley que sólo cumplen los ingenuos, cierto cinismo disfrazado de «objetividad» representa un panorama que preconiza la carencia de ilusiones, la irresponsabilidad actitudinal sin consciencia de la afectación social que pueda provocar,en aceptación consensuada, como una exigencia de ser “realista”, cómo algo oportuno para los tiempos, de que se es pragmático, por tanto eficiente, por tanto inteligente, se supone.

EL ESPACIO PARA EL DESARROLLO DE LA CORRUPTIBILIDAD 

Pero si este es el nicho ideológico de nuestra sociedad, ¿a qué principios ó patrones psicológicos obedece?, en la antropología se habla de la civilización patriarcal (Eisler, 1997) que consiste en la exacerbación de la razón como el núcleo fundamental de lo humano, en este sentido la escuela de Frankfurt propone el concepto de  razón instrumental, que plantea que lo humano ha sido raptado por una forma de ver la vida que prioriza la utilidad de las acciones por encima de cualquier cosa para conseguir un fin, el pragmatismo cómo principio eficiente y fundamental de la existencia (Horkheimer, 1973), su proyecto social culminado sería la McDonalización de la sociedad (Ritzer, 1996), que supone que la sociedad está imitando como modelo de vida el protocolo de los McDonald’s: eficacia ante la velocidad social, rendimiento del tiempo, cuantificación de los servicios, control y previsibilidad. La eficiencia vuelta sinónimo de excelencia en una sociedad profundamente tecnificada, procedimental y metódica.

Si el principio de la virtud social actual preconiza la estructuración del análisis costo beneficio, el problema es que por este mismo principio de reducción lógica [Navaja de Ockham] constantemente tal forma cultural actual de pensamiento no logra complejidad, de ello deviene el reconocimiento de que la de un panorama de realidad fragmentada que resulta en un espacio descontextuado y sin sentido, pues hay realidades sociales que no se agotan en el objeto, por ejemplo la conceptualización de la realidad a partir de los sujetos que la construyen. (Zemelman,  2011)

“Dado que todo se hizo problemático, también todo, de alguna manera, da lo mismo. Y este es el rastro que hay que seguir. Pues conduce allí donde se puede hablar de cinismo y «de razón cínica»” (p. 21) dice Sloterdijk (2003) al evocar la concepción de nuestra sociedad que debido a la dificultad para abordar la problematización de la vida cotidiana opta por desligarse de su interés por el mundo, sus implicaciones humanas derivan en la constitución del hombre light,: “pensamiento débil, convicciones sin firmeza, asepsia en sus compromisos, indiferencia sui generis hecha de curiosidad y relativismo a la vez...su ideología es el pragmatismo, su norma de conducta la vigencia social…su moral, repleta de neutralidad, falta de compromiso y subjetividad” (Rojas, 2004, pp. 15-16).

De la mano del hombre light, se denota una parte de la cultura mexicana que poco a poco ha ido degradando hacia adoptar un carácter de insensibilidad y se enorgullece de ello, esta figura comulga muy bien con la identidad cultural mexicana que ya Paz (1992) vislumbraba con la figura del “chingón” [hombre ó mujer no hay distinción de género], que es aquel que intenta objetivar una demarcación de clase de manera excesivamente notoria con respecto al otro, en esto consiste la lógica del poder, el status que es “la emoción de los insensibles” (Fernández, 2005, p. 37),  la idea es mostrar una diferencia saturada, abrumante, como principio infalible de éxito existencial, y lo hace enalteciendo como ritual traspasar el límite cotidiano autorregulado, fundamentado en una insensibilidad generalizada, en la exclusión, vejación y repulsión denigrante de las clases sociales más paupérrimas, lógica burda que ha construido una cultura tosca y destructiva. Esta hosquedad es el espacio primigenio para la emergencia de la violencia, y es una forma cultural que encaja muy bien con lo que se ha llamado la narcocultura: la estética se vuelve anestética al perder una característica fundamental de la esteticidad: la exigencia de una contemplación profunda lenta y por tanto dedicada, a cambio de una atracción inmediata de brusco impacto. (Fernández, 2008)

Parece que como dijo Bauman (2003), el pensamiento en su modo actual es líquido, es decir que se diluye fácilmente y por tanto es frágil, ambivalente, carece de estructura y es disperso a cambio de lograr aceleración y utilidad. Siendo así que el problema de esta razón instrumental radical como principio organizativo de la realidad social es que lo que a primera vista no es tangiblemente útil es desechado, desaparecido ó minimizado, y así todo aquello que aparece como abstruso se vuelve nimio a la luz del demoledor mandato pragmatista.

Se ha propuesto desde la posmodernidad que los objetos de consumo hoy se caracterizan más por otra significación atributiva más allá de la función primordial, los celulares sirven para tomar fotos, andar por internet ó mostrar status más que para llamar, el coche y ahora hasta los individuos en su cosificación se vuelven valor de cambio donde la importancia no es su sustancialidad sino su espectacularidad, su imagen, su representación, aunque ni sea ni haya nada de fondo más que la pura apariencia, y por eso como decía Baudrillard (2005) hoy el simulacro es una especie de realidad más real que lo real [lo hiperreal], tal simulacro es la atmósfera en donde los objetos se envuelven en una diferencia de clase que Lacan (1992) trampa seductiva que hoy en esta sociedad del espectáculo (Debord, 2004) invita burdamente a llenar el vacío, porque hoy todo tiene que quedar ordenado, controlado y lo que tiene huecos ni está ordenado ni se puede controlar, [horror vacui], la plenitud incluye el vacío.

LA CORRUPCIÓN DEFINIDA 

Si lo que caracteriza la cognición social es “un empobrecimiento del pensamiento vía empobrecimiento del lenguaje” (Zemelman, 2011, p. 32), recordemos en esto la máxima de Wittgenstein (2007) “Los límites de nuestro lenguaje son los límites de nuestro mundo”, entonces esto resulta en una representación rudimentaria e insensible del mundo, pues lo intelectivo y lo sensible son unidad estructural (Zubiri, 2006), a diferencia de la sutileza y sensibilidad que implica el pensamiento complejo de donde deviene la solidaridad (Rorty, 2001), a este efecto es importante reconocer que se adquiere sensibilidad solamente a condición de que la información y el lenguaje que se van adquiriendo se asimilen, una re-flexión implica precisamente volcar una y otra vez nuestra mirada contemplativamente, es decir afinadamente al objeto de conocimiento para aprehender su forma, en eso consiste precisamente el autoconocimiento.

Normalmente, la palabra corrupción remite al ámbito político, sin embargo, parece importante entender la amplitud genealógica del término, lo que se corrompe, procesualmente va perdiendo la cualidad y atributos primigenios en su detrimento, es decir, se deteriora y se vicia del sentido sobre los fines y bienes para el cual primariamente estaba orientado, aquello que se corrompe sufre una perversión valorativa desde la cual como dice Cortina (2009), en los fenómenos humanos los bienes externos cómo el dinero, poder y prestigio terminan siendo más valorados que los bienes internos primarios para los cuales se había constituido la práctica corrompida.

LA CORRUPCIÓN COMO PROBLEMA PSICOSOCIOPOLÍTICO

Hasta este punto hemos analizado el significado de corrupción y el espacio en donde pareciera emerger la corruptibilidad de nuestra sociedad, se ha esbozado entonces la corrupción como un problema psicosociopolítico, pues no se puede pensar ajena a la esfera de la subjetividad de los individuos, de tal manera que sucede como problema ético y por tanto como problema político que además compete a la esfera de lo privado, pues en su raigambre, nos encontramos ante la pérdida del margen subjetivo desde el cual un individuo ejercería la construcción de sí mismo.

LA CORRUPCIÓN, PROBLEMA DE SALUD MENTAL 

¿Por qué habría que pensarse la corrupción como un problema de salud mental?, en el margen del condicionamiento ideológico dominante, donde sólo existe un pensamiento reiterativo y no un pensamiento disruptivo (Villoro, 2006) el individuo es ahí únicamente como decía Foucault (1987) un stultus: “apertura a las influencias del mundo exterior, recepción absolutamente acrítica de las representaciones…aquel que se dispersa en el tiempo, el que se deja llevar”, entonces:

Cuando hablamos de rescatar al sujeto, o de reactivarlo, significa hacer irrumpir su movimiento interno, llevándolo más allá de los límites del discurso para evitar que éste se santifique como el lugar del sujeto, el simple sujeto del predicado, en vez de su misma necesidad sin forma…Hacer pensamiento de los sentimientos y de los sentimientos, gérmenes de pensamiento abstracto… Que es el desafío del hombre consigo mismo: ser más que lo marcado como posible de ser por la lógica del orden y del poder. (Zemelman, 2005, p. 175)

¿Cómo pensar esta cosificación del sujeto entonces en términos que no impliquen fundamentalmente la salud mental? Lo corruptivo es lo insensible, el descuido, luego entonces lo violento, es la hosquedad, por tanto también la velocidad mental, pues en ella, la vida pasa desapercibida y se ve degradada, precisamente a la falta de quietud y tranquilidad, la falta de creatividad y la sensación de vacío (Beriain, 2008), cualidades que mermadas, imposibilitan el desarrollo del pensamiento complejo, la sensibilidad y con ello la capacidad para crear un sentido de realidad subjetivo, indeterminado, desde el cual es posible la construcción de un margen ético.

No es posible ver la corrupción cómo meramente social ó política, en tanto que esta aparece como la perversión de valor que al anteponer el proyecto individual al proyecto colectivo es enajenadora en la medida en que aleja a los individuos del reconocimiento de los otros como suelo nutricio de su propia posibilidad transformativa y liberadora, como lo expresó Nancy (2006):

El ser no puede ser más que siendo-los-unos-con-los-otros, circulando con el con y como el con de esta co-existencia singularmente plural. (p.19)

CONCLUSIONES, ELOGIO DE LA SENSIBILIDAD Y LA ELEGANCIA QUE LLEVA A LA PRUDENCIA Y LA DECADENCIA: CUIDADO DE SÍ 

El estado de degradación social-individual que supone la irreflexividad supone cierto tipo de asfixia, “un hombre sano es un hombre con margen, capaz de vivir desde sí mismo, parcialmente emancipado de la coacción de lo simbólico… capaz de autodiseñarse” (Pániker, 2001, p. 311). De esta apertura nace el cuidado de sí [epimeleia heautou] que es resultado de la máxima ética socrática conócete a ti mismo [gnothi seauton] que supone:

Establecer una tensión máxima entre uno mismo, en tanto que razón, y uno mismo en tanto que punto en el universo. Y… no tanto desviarnos de nosotros mismos, alejar nuestra mirada de lo que somos, sino por el contrario afinar aún más esa mirada y adoptar continuamente sobre nosotros mismos un determinado punto de vista, asegurar una contemplación de nosotros mismos mostrándonos que estamos ligados a un conjunto de determinaciones y de necesidades cuya racionalidad comprendemos. (Foucault, 1987, p. 41)

Es pues así que Foucault propone que quien tiene cuidado de sí mismo está en situación de conducirse adecuadamente con los demás y esto consolidaría una organización social de buen funcionamiento al regir en ella una ética colectiva de donde deviene así también la solidaridad como un síntoma de que el margen no está asfixiado, de que no se vive sólo a la defensiva (Pániker, 2001).

Diversos filósofos a lo largo de la historia se han adscrito a premisas similares a las que aquí se proponen, de la forma mesurada de vivir nace la ética-estética que son lo mismo (Wittgenstein, 2007), la vida cómo una obra de arte (Foucault, 1987) en este sentido la ética como una estética de la existencia, lo bueno y lo bello van de la mano en cuyo fin se deposita la voluntad de vivir, que en Aristóteles nace de la sabiduría práctica [phrónesis] en la elección cotidiana que deviene del análisis de todas las posibilidades, de una visión global de buscando la elección más adecuada circunstancialmente, de ahí nace el actuar ético. (Gadamer, 1995), también la ética de la ataraxia en los escépticos, la apatheia en los estoicos, al igual que la sobriedad en los epicúreos, proponían en suma una ética de la austeridad, el autoconocimiento, la prudencia, la contemplación y con ello el cultivo y la construcción del bien-estar en el mundo.

Este ensayo es una reflexión orientada a desligarnos de las formas culturales de razonar que nos limitan, que son degradantes, que nos rebajan, nos humillan, nos separan ó nos enfrentan, para a cambio invitar a una razón cordial, sensible, dialógica y compleja que nos transforme y nos libere de los atavíos miopes de la salvaje insensibilidad. Y quizá sólo de esta manera podamos acceder a la sociedad que Margalit (1997), llamo sociedad decente y civilizada, que es aquella sociedad cuyas instituciones no humillan a las personas ni los miembros de ella se humillan entre sí respectivamente, el pacto social nos lo exige. Me gustaría concluir con una reflexión de Antaki (2001) que me parece muy pertinente:

“La urgencia, en el alba del siglo XXI, no es acelerar sino detener…Hemos hecho de la desmesura la regla de funcionamiento de la sociedad. Volvamos entonces a ennoblecer la mesura, pensar el límite, no bendecir el exceso, y recordar la fragilidad del mundo. El enemigo hoy es la incivilidad “(pp. 250-251)

 

REFERENCIAS:

Antaki, I. (2001). El manual del ciudadano contemporáneo. México: Ariel

Arendt, H. (2010). La vida del espíritu. Barcelona: Paidós

Baudrillard, J. (2005). Cultura y Simulacro. Barcelona: Kairós

Bauman, Z. (2003). Modernidad líquida. México: Fondo de Cultura Económica

Beriain, J. (2008). Aceleración y tiranía del presente. España: Antrophos

Cortina, A. (2009). Corrupción y Ética. Bilbao: Universidad de Deusto

Debord, G. (1994). La sociedad del espectáculo. Madrid: Ediciones Naufragio

Eisler, R. (1997). El caliz y la espada. La mujer como fuerza en la historia. México: Pax

Fernández, P. (2005) La velocidad de las bicicletas. México: Vila Editores

Fernández, P. (2008). “Anestética de la violencia”. En Revista desdisciplinada de psicología social. México.  El Alma Pública, 1, pp. 25-33

Foucault, M. (1987). Hermeneútica del Sujeto. Madrid: Ediciones de La Piqueta

Freire, P. (2005). Pedagogía del Oprimido. México: Siglo XXI Editores

Gadamer, H. (1995). Verdad y Método. Salamanca: Ediciones Sígueme

Horkheimer, M. (1973). Crítica de la razón instrumental. Buenos Aires: Sur

Lacan, J. (1992). El Seminario, 17. El reverso del Psicoanálisis. Barcelona: Paidós

Maffesoli, M. (2009). El reencantamiento del mundo. Una ética de nuestro tiempo. Buenos Aires: Dedalus Editores

Margalit, A. (1997). La sociedad decente. Barcelona: Paidós

Nancy, J. (2006). Ser singular plural. Madrid: Arena Libros

Pániker, S. (2001). Aproximación al origen. España: Kairós.

Ritzer, G. (1996). La McDonalización de la sociedad. Barcelona:

Rojas, E. (2004). El hombre light: Una vida sin valores. México: Booket

Rorty, R. (2001). Contingencia, Ironía y Solidaridad. Barcelona: Paidós

Sloterdijk, P. (2003). Crítica de la razón cínica. España: Siruela

Villoro, L. (2006). El poder y el valor. México: Fondo de Cultura Económica

Wittgenstein, L. (2007). Tractatus logico-philosophicus. España: Tecnos

Zemelman, H. (2005) “De la necesidad de decir lo que decimos: lo desconocido como nombre”. En Cassigoli, R. y Turner, J (coords.), Tradición y emancipación cultural en América Latina. México: Siglo XXI Editores

Zemelman, H. (2011). Configuraciones críticas. Pensamiento epistémico sobre la realidad. Mexico: Siglo XXI Editores

Zubiri, X. (2006). Inteligencia Sentiente: Inteligencia y Realidad.Madrid: Ali


[1] Investigador, Docente y Consultor Psicológico Privado, lic.psi.christian@gmail.com, Tel: (+52) 3312442461

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