Subjetividad y cultura

COMENTARIO LIBROS: EL PLACER DE APRENDER

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Miguel Matrajt

Campuzano, Mario.  Psicoterapia grupal vincular-estratégica, un enfoque psicoanalítico. AMPAG, México, 2013.

El título de mi comentario no deja dudas sobre la impresión subjetiva que me produjo esta inmensa obra de Mario Campuzano: el infinito placer intelectual, fruto de una lectura que me refresca viejos conceptos, que pone en entredicho algunos otros y me introduce a conocimientos nuevos. Con la claridad, el conocimiento profundo que posee sobre posturas teóricas y prácticas clínicas y su capacidad pedagógica innata a los que ya nos tiene acostumbrados el autor, el lector se desliza suavemente sobre una gran cantidad de tópicos, que, así  planteados, hasta parecen fáciles… sin serlo en absoluto. Mario comienza el análisis de cada concepto y de cada aproximación con una breve pero muy esclarecedora historia, señalando con precisión lo esencial de cada corriente, sus innovaciones, sus límites, las diferencias con otros pensadores y las críticas y las opciones que él formula desde su reflexión y su praxis. Frecuentemente acompaña el análisis teórico con cuadros comparativos y viñetas clínicas. Se dice rápido, parece fácil, pero la realidad es que en los dos tomos de esta obra hay un  recorrido profesional de muchos años y un estudio meticuloso y objetivo del pensamiento más significativo en el terreno psicoanalítico y grupal.

Mario es uno de los especialistas en psicoterapia psicoanalítica de grupos más prestigiosos a nivel internacional. Aunque no requiere de revalidación para esos títulos, esta obra no hace sino confirmarlos.

Los propósitos, en boca del autor están claramente explicados en la contratapa del tomo II y contextuados históricamente en la presentación de la página 15. En la citada contratapa dice: “El modelo de trabajo grupal psicoanalítico que desarrollo en este libro tiene un claro referente institucional: es la evolución del tema en AMPAG, mi institución de pertenencia…. Es consecuencia de una larga práctica clínica que tiene como desarrollo lógico su teorización… este libro busca sostener una postura científico-técnica que no ignore  los determinantes económicos, políticos y sociales”

Los contenidos de cada capítulo están sintetizados al comienzo. Con todo me detendré en algunos puntos.

La  primera parte está dedicada a la revisión de los grandes paradigmas teóricos. Comienza con una revisión epistemológica centrada en la obra de Kuhn. Mario no se detiene demasiado en consideraciones epistemológicas amplias, sino aplica la teoría del conocimiento a la discusión de los paradigmas psicoanalíticos. Volveremos sobre este punto en mis consideraciones finales. Pero cuando aborda las diferentes aproximaciones al psicoanálisis su delimitación conceptual es clara y precisa. El autor toma el “modelo freudiano pulsional”, el “modelo kleiniano de las relaciones objetales”, y el “modelo estructural lacaniano”, para presentarnos su propia visión teórica, señalando los aportes de Coderch,  Fairbain, Mitchel, Winnicott, Stern, Dun, Kernberg. Es así como pasa (pag. 36 a 40) de lo pulsional e   intrapsíquico a lo relacional e intersubjetivo; del énfasis sobre el pasado a lo actual, y a acontecimiento; y del determinismo al constructivismo. El recorrido teórico continúa con los modelos en psicología y psicoterapia grupal, con un meticuloso análisis de los aportes de Billow, Kaës, Bernard, Berenstein, Buber, Levita, Badiu, Foucault, Castoriadis, Aulagnier, Anzieu

La segunda parte está consagrada a conceptos generales y revisión histórica. Contiene tres secciones. La primera dedicada a la clasificación de los grupos: naturales, terapéuticos, familiares, operativos, de trabajo. Muy ligado a lo anterior, las siguientes dos secciones constituyen una profunda revisión de las corrientes teórico-técnicas en la psicoterapia de grupo. El autor no deja ninguna corriente sin analizar, y se detiene en el planteo de las formas técnicas de trabajar con los  grupos. No sólo nos informa, también nos deja ver qué hace y cómo lo hace. La tercera parte es una revisión histórica del psicoanálisis grupal en México.

Concluye el primer tomo del libro con una introducción a lo grupos terapéuticos psicoanalíticos. El autor selecciona algunos tópicos teórico-técnicos fundamentales y subraya la forma de abordarlos por algunos de los más destacados especialistas.

El tema central del segundo tomo es también, según mi modesta opinión, el aspecto más importante de toda la obra: el planteo de un modelo de desarrollo psicogenético y de abordaje teórico que denomina vincular-estratégico. Comienza con una historia del abordaje tomando al grupo como totalidad: Bion, Ezriel, Horwitz, Grinberg, Langer, Rodrigué, y las críticas históricas que se han hecho a este modelo, incluyendo las propias del autor (pág.20). A partir de esta revisión y crítica nos introduce a su propio modelo  vincular-estratégico. En la pág. 23 dice textualmente: “…desarrollamos un modelo que considera la dimensión institucional-social y la dimensión pulsional, con una modalidad interpretativa que abarca lo social, lo intrapsíquico y lo interpersonal”. Mario toma, entre otros puntos de partida, la teorización del vínculo que realizaran Bion y  Pichón, siguiendo a Melanie Klein, Mead, Lewin y Marx, y su posterior enriquecimiento por Kaës, Aulagnier, y muchos otros.

En relación con la fantasía menciona a Laplanche y a todos los kleinianos que hicieron de este concepto el paradigma central de su aportación. A propósito de lo intersubjetivo (y su relación con la cultura) señala los aportes de Puget y Berenstein   En la pág. 32 el autor señala que “el psiquismo tiene origen biológico y vincular, ya que se constituye en la relación del bebé con sus padres” En la pág. 33 hay dos conceptos clave: “cultura de época y subjetividad de época”, y más adelante “Los vínculos responden no sólo a la lógica del psiquismo, sino a la lógica de la realidad externa y la alteridad”. Mario se detiene a analizar un debate contemporáneo acerca de la importancia de las pulsiones vs. la determinación de la sociedad y la cultura (pág 34)  En la pág 35 hace una síntesis: “…tres niveles de de generación de fenómenos psíquicos inconscientes: el intrapsíquico, el interpersonal y el grupal”, que complementa en la página siguiente: “… concebimos al inconsciente como abierto y deslocalizado, donde la represión, como otros mecanismos psíquicos, responden a una doble apoyatura: la propia del sujeto y la de la trama vincular..”.

En páginas siguientes el autor hace una minuciosa descripción de los puntos clave de su técnica grupal, incluyendo la interpretación, la cura, la psicodinamia, culminando con un cuadro muy claro y explicativo y algunas viñetas clínicas. Pasa luego a la descripción y análisis de algunos fenómenos grupales específicos, la psicopatología estructural dinámica, los organizadores psíquicos inconscientes.

Los capítulos 9 (La interpretación psicoanalítica en los trastornos preedípicos y edípicos) 10 (Cultura de época), 11 (Grupos de encuentro y sesiones prolongadas) y 12 (Análisis institucional) requerirían un largo comentario singular para cada uno.

La obra comentada suscita mi admiración, respeto y agradecimiento por todo lo que me enseña. Por supuesto, aunque estoy de acuerdo en la mayor parte  del texto, no coincido en todo lo que el autor señala, particularmente a nivel de algunos aspectos epistemológicos y teóricos específicos. Señalar algunos puntos de disenso no es formular críticas, sino sólo asumir un polo dialéctico a partir de algunas pocas diferencias. En primer lugar el autor continúa una línea habitual en la historia de los psicoanálisis: los conceptos no se demuestran, sólo se proponen, acudiendo a la aceptación del interlocutor en base a la creencia en la lógica (¡¿?!) y la sapiencia de quien expone. Como lo han teorizado muchos científicos sociales (entre los que, en opinión del autor de este comentario, descollan Weber y Ricoeur)  nuestra disciplina pertenecería a aquéllas que “explican”, no a las que “demuestran”. Si bien este principio ha sido fructífero en algunos terrenos, como ciertas hipótesis de alto nivel para dar cuenta de algunos hechos históricos, y, particularmente, para el análisis de textos, creo que cuando se debe operar sobre la realidad las debilidades de la propuesta superan con creces sus virtudes. Conjeturo que el rápido deterioro y marginación que han sufrido los distintos psicoanálisis en el curso del último cuarto de siglo obedece, fundamentalmente, a esta postura que  lo asemeja a una teología indemostrable y no cuantificable.  Seguramente Mario me podría contestar que no se le puede pedir a él que subsane un vicio epistemológico y metodológico muy arraigado en los casi ciento veinte años de psicoanálisis, y tendría razón, pero creo que no podemos seguir omitiendo el obstáculo ni despreciando los tímidos e incompletos esfuerzos que se han hecho para solucionarlo. En segundo lugar la intención de incluir lo social a partir de lo vincular creo que se queda en promesas, no sólo en este libro sino en los autores que Mario toma como referencia. En poco supera las series complementarias de Freud. No sólo lo biológico no se integra en una explicación psicogenética o psicopatogenética (los avances de las neurociencias convierten a éste en un pecado capital), sino que lo social tampoco trasciende la novela familiar infantil. Aún a riesgo de ser repetitivo –sin duda lo soy- pero creo que el freudomarxismo, desde Reich, pasando por los culturalistas, Fromm y Deleuze y Guattari ha ofrecido opciones que vale la pena tomar en cuenta.

Esta obra nació para ser un clásico, esto es un texto imprescindible de consulta grupal en las próximas décadas para todos aquéllos que nos interesamos en la dinámica grupal. No sólo por lo que enseña, sino porque está planteada como un auténtico documento científico que genera inquietudes y polémicas, que abre espacios de pensamiento y transforma las modalidades de pensar e intervenir a nivel grupal.

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