Subjetividad y cultura

COMENTARIO LIBRO: PSICOTERAPIA GRUPAL VINCULAR-ESTRATÉGICA. UN ENFOQUE PSICOANALÍTICO. MARIO CAMPUZANO MONTOYA.

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Carlos Pachuk [1]

 

Presentar un libro de un prestigoso referente de la escuela mexicana conlleva el riesgo de realizar un elogio apologético del autor, no es mi estilo, ni creo lo esperado por nuestro colega, se trata de establecer una crítica y una reflexión respecto a que ideas  trae Mario Campuzano que nos estimule a pensar nuevos pensamientos y qué semejanzas y diferencias interroga la lectura de esta obra.

Para seguir un orden, primero quiero señalar qué entiendo por crítica desde distintas concepciones: Spinoza y Nietzsche se preguntarían si este texto aumenta o disminuye la potencia o el sentimiento de poder en el lector, a  su vez  Kant en la Crítica de la razón pura plantea que su uso legítimo  son los juicios a posteriori que provienen de la experiencia. Respuestas que intentaremos alcanzar mediante esta síntesis.

A mi criterio se trata de una obra densa, vasta y muy elaborada que demuestra la erudición del autor a través de un recorrido por la historia de las ciencias, el psicoanálisis y las instituciones, tránsito que considero un logrado relato científico y luego asoma hacia una producción original al exponer su propio esquema de trabajo y su aplicación clínica, momento de creatividad, aparición del Si-Mismo autoral  ¡Aquí estoy yo! nos dice en muchos párrafos Mario Campuzano.

Abarcar la lectura de estos dos tomos en todas sus dimensiones, que  son una especie de biblia, resultó una misión imposible para tan breve escrito.

Además agotó varios de mis fines de semana,  motivo por el cual mi esposa y familia no recordarán  con simpatía este evento.

Bueno voy a dejar de quejarme, ustedes no tienen  la culpa y voy al texto en sí.

Es un libro de esta época cuyos objetivos están bien definidos en el prólogo:

Comienza  con la concepción de Kuhn respecto a los paradigmas científicos llevados al campo del psicoanálisis. Describe el pasaje de la modernidad a la posmodernidad donde cae  el esquema tradicional del científico como observador distante que cumple la consigna del positivismo “los datos son neutrales” y conduce a un nuevo enfoque de la ciencia interaccional y constructivista con una deuda kantiana.

Analiza los grandes cambios desde un esquema triangular: la relación entre paciente y terapeuta que varía del determinismo a la co-construcción, el enlace entre pasado y presente, donde la noción de actualidad  adquiere  mayor importancia, y la relación entre lo bio-psicológico y la construcción social de subjetividad y de realidad.

Menciona a su compatriota Octavio Paz quien registra un giro en Occidente desde la unidad indivisible – léase el ser, el yo o la nación – cuyo enemigo es la otredad  hacia, en términos deleuzianos, la univocidad del ser (el ser es  la totalidad de conexión de los entes) cuya unidad es plural, heterogénea, contradictoria, paradojal en perpetuo cambio e insubstancial.

Es decir asoma una nueva concepción de unidad y totalidad, en el devenir entre lo uno y lo múltiple.

Cuestiona una terapia donde el analista es neutral, se coloca afuera del campo, recibe en transferencia la proyección del paciente, interpreta con el determinismo de la infancia y donde la inserción social es un telón de fondo que no incide en el tratamiento. Ese psicoanálisis caducó, criticado por otras corrientes de salud mental como los sistémicos y ahora el cognitivismo era necesario sustituirlo por un nuevo paradigma, como plantea Campuzano.

El cambio de paradigma se apoya en dos elementos a primera vista contradictorios: la lucha contra el principio de autoridad en la etapa inicial que coexiste con un llamado a la fe  frente a un sistema tan estructural como el viejo paradigma.  Así comenzaron los psicoanálisis de psicóticos, niños, y el tema de este libro los grupos y lo vincular.

Una decisión de cambio sólo puede tomarse con fe, ser militantes del acontecimiento (Badiou), o al decir de Isidoro Berenstein convocar adeptos que pregonen las nuevas ideas. La ciencia tiene una dimensión política y forma parte de los sistemas de saber y poder como menciona Foucault en sus períodos arqueológicos y  genealógicos. El saber codifica, el poder afecta, ¿cómo construir una subjetividad  o un pensamiento singular con cierto grado de libertad?

Arribamos a otro inconsciente, abierto, deslocalizado, politópico y extratópico que puede estar tanto en lo intrapsíquico como en lo intersubjetivo y grupal y que abona la construcción de una tercera tópica, cuyo autor más relevante es R. Kaës.

Campuzano pone en primer plano, y también como origen del psiquismo, la cultura de época con sus luces (posmodernidad) y sus sombras (neoliberalismo), seguramente la experiencia con los grupos y los vínculos con sus componentes socioculturales enriqueció esta visión. El autor nos dice que el contexto social es al mismo tiempo texto grupal y clínico y no renuncia a su abordaje. En consonancia con sus ideas entiendo que  en los vínculos ser posmoderno apunta hacia la diversidad cultural y las configuraciones múltiples de familia, género y sexualidad, mientras que el neoliberalismo implica desempleo, adicción al consumo y tecnoesclavitud, producto de una situación paradojal donde cientos de miles de individuos  no consiguen trabajo y otros  laboran sin límites. Desde la epistemología de la complejidad ambos procesos son simultáneos, se interrelacionan y  afectan en forma recíproca.

Agregaría que en el siglo XXI estamos en presencia de dos revoluciones: la biogenética y la informática que han transformado, sin retorno posible, la condición socio-política, la cultura y los vínculos humanos. Al tratarse de un relato histórico estos datos están esbozados hacia el final de la obra, pero no adquieren tanta relevancia.

Regresamos a la crónica del psicoanálisis y de los grupos, recurso habitual para el autor. ¿Qué pasa en las instituciones con los cambios de paradigma? Es dable señalar que tanto la AAPPG  (Asociación Argentina de Psicología y  Psicoterapia de Grupo) y la AMPAG (Asociación Mexicana de Psicoterapia Analítica de Grupo) tuvieron problemas con la IPA, tanto en su versión argentina como mexicana, que se reflejaron en el nombre, ambas debieron renunciar por presiones políticas al significante psicoanálisis y reemplazarlo por el devaluado término psicoterapia.

A partir  de estos elementos Campuzano se dedica a un serio trabajo acerca de la evolución de los paradigmas en el psicoanálisis que conlleva a pensar en plural, hay diversidad de corrientes psicoanalíticas y no hay un paradigma único compartido por la comunidad psi.

Comienza por Freud, apoyado en E. Roudinesco señala  dos líneas opuestas: mientras el aparato teórico freudiano era positivista- naturalista cuyo centro era el concepto de pulsión, el aspecto técnico devenía hacia lo hermenéutico a través de la interpretación y el desciframiento de un inconsciente que emergía de las profundidades. Las dos dimensiones eran descarga catártica y elaboración del conflicto psíquico, pero todo el proceso se daba en lo intrapsíquico de un paciente solitario.

La visión kleiniana y de sus discípulos Fairbairn y Bion aporta nuevos componentes a través del mundo objetal y abre una ventana a lo vincular pues estos objetos internos deben proyectarse en los otros externos. Es decir, el esquema relacional si bien apunta a la asociación  entre objetos internos propio del mundo psíquico de representaciones, las mismas posibilitan mediación e influencia sobre los objetos externos reales a través de los vínculos que a su vez tienen capacidad propia y dan singular  respuesta. Planteo similar a nuestro Pichón Rivière, pionero en la teoría vincular que considera el vínculo como externalización de las relaciones de objetos internos.

Respecto al modelo lacaniano de carácter estructural en sus comienzos, nuevamente cita de E. Roudinesco, “Lacan le dio a la obra freudiana un esqueleto filosófico apartándolo de su anclaje biológico” pasando de un determinismo apoyado en la pulsión a un determinismo sostenido en las estructuras que anteceden al sujeto como el lenguaje, fruto de la cultura.  Campuzano se refiere aquí al primer Lacan que hace primacía en lo simbólico, denosta lo imaginario y no tiene en cuenta el cuerpo y lo real, luego hay otro Lacan del nudo borromeo que pone los tres registros al mismo nivel y que recupera el cuerpo a partir de lo real y el objeto a, trayecto que el autor no prioriza en su relato.

Las nuevas teorías se producen a partir del enfoque relacional e intersubjetivo en una búsqueda de la pluralidad y el relativismo. Los adherentes a este esquema desarrollado por psicoanalistas norteamericanos como Stern y Orden,  cuyo  antecedente es un postkleiniano como Winnicott, consideran pasar de la transferencia unidireccional al encuentro bidireccional, de la relación sujeto-objeto a la relación sujeto-sujeto. Una posición aún más radicalizada aporta Spezzano quien sostiene que la naturaleza de la conciencia de cualquier persona está conectada a la conciencia de los otros, aquí se puede criticar la ausencia de mismidad, en una  postura que se acerca a la teoría comunicacional y se aleja del psicoanálisis. En un planteo desde la epistemología de la complejidad Janine Puget e Isidoro Beresntein refieren que en el vínculo paciente- analista se juegan simultáneamente las dos dimensiones sujeto-objeto desde la repetición y sujeto-sujeto desde la novedad.

En los grupos el término intersubjetividad adquiere otra dimensión, pues se refiere a un dispositivo donde hay una pluralidad de sujetos reales, y se trata de transferencias entre pares con el modelo de acoplamiento entre subjetividades y anudamiento del sujeto al conjunto, no se trata de psicoanálisis aplicado sino de un contexto de descubrimiento de los fenómenos grupales.

Luego el autor se refiere al vínculo a partir del concepto de alteridad trabajado en la AAPPG en numerosos escritos incluidos en un número aniversario de los cincuenta años de la institución con autores de línea estructural como Marcos Bernard y otros  ligados al devenir y la otredad centrados en colegas de la segunda generación de analistas vinculares, posturas diferentes y opuestas que han podido coexistir en el mismo espacio institucional. Esta segunda lectura apunta a un inconsciente abierto capaz de nuevas inscripciones cercano a las ideas posmodernas de co-construcción de una nueva realidad en la relación terapéutica y  solidario con el concepto de transferencia como un vínculo entre dos sujetos marcados por la ajenidad y la novedad radical. Surgen las preguntas sobre lo vincular: ¿desde donde planteamos el vínculo?, ¿desde el sí-mismo, la otredad, el entre, la diferencia?

Recorriendo la historia de las ideas vinculares y ciertas influencias filosóficas a partir del libro citado por Mario (ya entramos en confianza)  vemos que:

1) La primera noción era dos sí-mismo (yoes) y un conector, luego el objeto único encubría la falta (o castración) del sí-mismo. Aquí subyace la primacía del sujeto cartesiano de la representación. El acento está puesto en la positividad.

2) La segunda etapa fue el reconocimiento hegeliano de la alteridad, ya sea como aceptación del otro o re-conocer como vuelta al sí-mismo.

3) Luego surge la noción de lo imposible  como “lo real del otro” como motor de la vincularidad que tiene dos lecturas: la primera desde Levinas  (a mi criterio el último binarista entre el sí mismo y lo otro) que abona la idea del desconocimiento del otro (ajenidad) como efecto continuo del otro sobre mí; y la segunda a partir de una interpretación lacaniana donde lo real sería la epifanía del ser heideggeriano (pura presentación que irrumpe).

4) Desde mi postura he planteado el vínculo con el concepto de la différance derridariana que implica, a mi criterio, la diseminación y el sujeto múltiple en un campo de inmanencia.

Respecto al desarrollo del psicoanálisis grupal en México, mediante la AMPAG se ha generado un psicoanálisis multipersonal, con una técnica kleiniana, junto al enfoque interdisciplinario y el modelo vincular estratégico de Campuzano. Se abren aquí también otra serie de interrogantes que formulara Carrillo uno de los fundadores: ¿desde qué lugar voy a leer el texto grupal constituido por significantes de toda índole?, ¿desde la psicosociología, el psicoanálisis, el psicodrama, o el análisis institucional?, ¿en qué nivel voy a decidir mi intervención?, ¿cómo voy a instrumentar mi intervención: con técnicas verbales o técnicas de acción?

En este sentido Campuzano nos lanza por un sendero indefinido, abierto a preguntas con respuestas parciales que nunca cierran la compleja dimensión de la clínica. Es necesario incorporar a  los grupos terapéuticos las inter-disciplinas, el compromiso social como mencionamos antes y combinar las técnicas verbales interpretativas con el psicodrama.

En la segunda parte plantea un modelo de trabajo que da cuenta de sus propias ideas:

La AMPAG surgió como institución en los sesenta con el sistema tomado de Bion y continuado por M-Langer- E.Rodrigué- L.Grinberg de psicoterapia del grupo, enfoque de la modernidad donde había que optar entre el sujeto y el grupo y se definía, como el nombre lo indica, por interpretar al grupo como totalidad. En los ochenta se desplegó en la práctica clínica el esquema vincular–estratégico, impulsado por nuestro autor, que buscaba superar la ausencia del sujeto y la historia personal, déficit de la técnica anterior que generaba la deserción de la terapia grupal de múltiples pacientes.

Sin embargo es importante reconocer, como señala Ana M. Fernández, que los trabajos de Bion con la invención de los supuestos básicos habilitó el pasaje de un contexto de aplicación del psicoanálisis a los grupos a un contexto de descubrimiento de fenómenos del inconsciente que sólo se producen en grupo, como la ilusión grupal de Anzieu,

La primera respuesta, ante los fracasos clínicos, fue la psicoterapia en grupo de Slavson y Wolff que minimiza los fenómenos grupales y ubica en primer plano la problemática del sujeto. En  Argentina esta técnica fue desarrollada por Gerardo Stein en su libro “Psicoanálisis compartido”, continúa un criterio binario interpretativo entre el sujeto y el grupo, eligiendo en este caso al primero de los polos, mientras el segundo forma parte del contexto pero sin un abordaje clínico del sujeto.

Marcos Bernard y Ana M. Fernández realizan una acertada crítica al grupo como totalidad desde una concepción asociada a la complejidad donde rescatan el valor del sujeto pero también de la dinámica grupal y la interpretación alterna en forma recíproca del paciente al conjunto y a sus puntos de anudamiento como diría R. Kaës de acuerdo al momento y al timing de la terapia.

Ana M. Fernández pone el acento en evitar narrativas totalizadoras o esencialistas de los discursos grupales, pues el exclusivo trabajo sobre la transferencia central y del conjunto invisibiliza la riqueza de las  transferencias laterales entre pares que son el eje de identificación y diferencias y contribuyen al armado de las escenas grupales.

Marcos Bernard, desde el modelo de las configuraciones vinculares, plantea que no existe un inconsciente del conjunto sino formaciones del inconsciente que se expresan en el conjunto, tema que luego será complejizado por R. Kaës y remite a su  propio esquema de “doble estructura de roles” donde el sujeto arma una escena que obliga a los demás integrantes a ubicarse en determinados lugares que el grupo interno del paciente determina.

En mis trabajos mencioné esta técnica como psicoterapia de grupo, que trabaja con los cuatro elementos: los polos adaptativos e inconsciente del grupo y la fantasía inconsciente y el polo yoico del sujeto.

El aporte de R. Kaës ha inaugurado una tercera tópica al establecer en la metapsicología de los conjuntos Grupo-Pareja- Institución un inconsciente extratópico, por afuera de los límites corporales, además descarta el enfoque interno-externo del psiquismo relevado en su último libro por singular-plural. Sostiene que el inconsciente está estructurado como un grupo y el grupo es una realidad psíquica, el APG (aparato psíquico grupal) está formado por la proyección e introyección de los grupos internos de los sujetos que se encuentran en diferentes momentos de regresión (opuesto al planteo bioniano donde todos los integrantes estaban en el mismo nivel de regresión). A su vez las fantasías originarias, que toma de Freud a través de Laplanche, y que en última instancia son fusión (escena primaria) , investimiento (seducción) y falta (castración) son distributivas y permutativas de roles. El sujeto del grupo se constituye cuando el APG está en correspondencia con el API (aparato psíquico individual) en la isomorfia,  mientras que el sujeto del inconsciente se produce cuando el APG no coincide con el API en la homomorfia. También hay fenómenos intermediarios que abrazan las dos caras del sujeto y el grupo, como son Edipo, la identificación y el ideal.

El modelo vincular- estratégico aplicado a grupos y parejas agrega componentes que faltaban en el esquema kaesiano, como el nivel interdisciplinario y el interés en la incidencia de la dimensión social. En ese sentido toma de Bejarano la escisión de la transferencia en central, lateral, grupal y societal. También tiene influencias del modelo de los tres espacios psíquicos intrasubjetivo, intersubjetivo y transubjetivo (referido a las representaciones sociales) de Janine Puget e Isidoro Berenstein. Incluye en un doble abordaje el aspecto discursivo junto a técnicas de dramatización.

La cura es concebida como una transformación evolutiva de lo indiferenciado a lo diferenciado, de la base fusional de donde parte la vida psíquica y la grupalidad a la diferenciación edípica, de los vínculos sincréticos a los discriminados. Aquí establezco otro punto de vista, pienso que este  modelo secuencial no es evolutivo, el efecto del mecanismo de retroacción implica que no hay linealidad en su progresión o regresión sino saltos, reinscripciones, transcripciones, etc. Hay una tendencia bipolar que funciona simultáneamente desde lo originario a lo edípico y viceversa. Comparto la idea del cambio como objetivo central de la terapia en los grupos y en las parejas, pero la noción de cambio tiene diferentes dimensiones de acuerdo a los autores: aumentar el preconsciente y resolver problemas de lo originario mediante el apuntalamiento grupal (Kaës),  y tres maneras que deduzco de las ideas de Mario:

1) a través de las transferencias laterales poner en evidencia y modificar las formas de relación del sujeto,

2) catarsis y control de las pulsiones que se juegan en la intersubjetividad con el movimiento de los cuerpos y las escenas que generan fantasías,

3) desde lo sociocultural desnaturalizar ciertas visiones del mundo y aceptar la otredad.

Es decir cambios subjetivos, pulsionales, relacionales e ideológicos.

Coincidimos con Mario en que la movilización de las emociones que producen las técnicas dramáticas son continuadas con una elaboración en el nivel de las representaciones a través de la interpretación.

Como señalé al principio, por razones de tiempo y espacio menciono a modo de inventario los interesantes capítulos referidos al análisis institucional donde Mario trabaja diversos modelos: la psicología institucional de Argentina  con Bleger y Ulloa, el  sociopsicoanálisis de Mendel, el socioanálisis de Lourau y el desarrollo organizacional de French y Bell.

Según mi criterio en todas las instituciones  hay una tendencia a la burocratización

1) por conservar la pertenencia (M.Bernard) que tiene ventajas adaptativas (bienes y servicios)  e imaginarias (oferta de amparo e identidad)

2) para mantener inmovilizados los aspectos psicóticos o sincréticos de los integrantes, sigo en esto a Bleger.

3) podríamos agregar la relación saber-poder como plantea Foulcault .

En ese sentido hubo dos aspectos que llamaron mi atención: la realización en la AMPAG de periódicos análisis institucionales desde sus comienzos que me producen una sana admiración, por  no decir envidia.  El problema según refiere Kaës, es que en las instituciones el sujeto está en un vínculo que escapa al análisis, no hay un espacio para pensar  los efectos que tienen los pactos, acuerdos, alianzas y disociaciones entre sus miembros, ocurre que, nuevamente Bleger, las instituciones toman la estructura del mismo problema que tienen que resolver y para lo cual han sido creadas.

La AAPPG produjo los grupos de reflexión que se efectúan según el esquema curricular entre los docentes y alumnos sobre la tarea, pero no existe un análisis de la institución entre pares, luego de leer este libro es una propuesta a plantear como modelo de participación y  pertenencia. Ulloa recomienda trabajar  desde la inserción y  con la inserción institucional interrogándola permanentemente, quizás sea posible pensar la institución como grupo-sujeto que distribuye el poder entre pares evitando un amo imaginario.

La segunda cuestión fue el impacto que generó la intervención de Lourau y su esposa en la AMPAG en 1981, descripta en detalle por Mario, que produjo una “neurosis traumática institucional”, traducida por Carrillo como “Crónica y análisis de un fracaso”. El efecto negativo fue tal que no pudo lograrse otra intervención institucional hasta 1989, cuando la secuencia era bianual. Parece que casi quiebra la institución, habrán pensado ¿para qué lo invitamos?

Los problemas fueron de dos órdenes: el socioanálisis es una teoría sin técnica, luego la práctica depende de los referentes empíricos del interventor, que en el caso de Lourau eran de “análisis salvaje” con predominio de la ideología.

El otro punto es la lectura global con una interpretación al conjunto como totalidad que soslaya y no define al locutor, técnica cercana al estilo bioniano de terapia del grupo, aplicado a instituciones. En la AAPPG Lourau es un autor muy prestigioso y citado por su trabajo sobre la implicación del analista que no parece corresponder con el análisis institucional donde se pierde de vista al sujeto.

Para concluir:

Esta obra tan compleja que recomiendo cumple con las condiciones mencionadas al inicio: amplía geométricamente la potencia intelectual y está basada legítimamente en la experiencia. Además me permitió captar el espíritu de su autor que definiría de esta manera:

Prefiero transitar la vida cercano a aquellos pensadores que tienen una visión dispersa y múltiple de la realidad y de  los hombres, que no integran lo que existe en una explicación u orden coherente pues perciben el mundo como una compleja diversidad, donde si bien hay círculos imaginarios y centros fugaces que otorgan sentido y coherencia, el todo es tumultuoso, paradojal e inapresable.

Esto me inspira tu libro.

Muchas gracias por tu aporte Mario.

[1]  Médico, psicoanalista vincular. Miembro y expresidente de la Asociación Argentina de Psicología y Psicoterapia de Grupo (AAPPG). Compilador del Diccionario de Psicoanálisis de las Configuraciones Vinculares, 1998. Coautor de La pareja: encuentros, desencuentros, reencuentros, 1996 y Los hijos de la fertilidad asisitida, 2001. Coautor de Psicoanálisis vincular. Curarse con otros, 2010. Coautor del libro  Familias y parejas, Psicolibro, 2011.

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