Subjetividad y cultura

Clínica psicoanalítica y tiempo globalizado

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Maxine Zambrano González[1]

Cuando las cosas suceden con tal rapidez,

nadie puede estar seguro de nada, de nada en absoluto,

ni siquiera de sí mismo.

Milan Kundera.

 

En este ensayo se reflexiona sobre el tiempo globalizado, la vivencia que genera en el sujeto y el impacto de este fenómeno en la clínica psicoanalítica de la actualidad. Como introducción se revisa brevemente el desarrollo de la técnica psicoanalítica en relación con los avances en la teoría; la relación entre investigación, teoría y técnica psicoanalítica y la influencia de aspectos sociales y culturales en la prevalencia de ciertas patologías en el tiempo presente. 

 

Introducción

Según Popper (1934) las teorías son redes que lanzamos para apresar aquello que llamamos el ‘mundo’, para racionalizarlo, explicarlo y dominarlo, y se busca que la malla sea cada vez más fina. Las teorías en psicoanálisis nacen de la observación clínica. La teoría psicoanalítica surge a partir del trabajo de Freud con las pacientes que presentaban conversiones histéricas y en su tratamiento de los primeros pacientes del psicoanálisis.

A partir de la observación de los fenómenos clínicos, Freud desarrolla la teoría y la técnica psicoanalítica. Las patologías que detecta y clasifica entonces son las psiconeurosis: la histeria de conversión, la histeria de angustia y la neurosis obsesiva. Deja fuera del espectro técnico las patologías en las que considera que el paciente no puede desarrollar una neurosis de transferencia. Sin embargo, advierte a su vez que la técnica psicoanalítica tiene que experimentar modificaciones de acuerdo a la patología y a las pulsiones que predominen en el paciente (Freud, 1910, tomo VII).

Muchos han sido los avances desde 1910, década en la que Freud escribió estas recomendaciones en sus artículos “Sobre psicoterapia” y “Perspectiva futura de la psicoterapia psicoanalítica”. Basta  mencionar las muchas escuelas que han hecho aportaciones teórico-técnicas al estudio del psicoanálisis: Melanie Klein, la psicología del yo, los teóricos de las relaciones objetales, la escuela francesa, D. Winnicott, H. Kohut, O. Kernberg, P. Fonagy, los aportes del psicoanálisis en Argentina, Bleichmar y el modelo modular transformacional, el enfoque vincular etc. Esto ha ampliado el espectro de pacientes tratables por el psicoanálisis y a la vez ha producido modificaciones técnicas que se adecuan a las patologías presentes en la actualidad. También se han incrementado los recursos teórico-técnicos para el trabajo terapéutico: psicoanálisis infantil, de adolescentes, psicoanálisis grupal, los enfoques de familia y pareja, etcétera.

Una tema en particular que ha sido sujeto de revisión es la sexualidad. Pilar fundamental de la teoría psicoanalítica, se han cuestionado y propuesto respecto a ella nuevas concepciones teóricas y manejos técnicos, en particular de la sexualidad femenina y la homosexualidad. Se ha replanteado el desarrollo del complejo de Edipo en la mujer y ahora se ha diferenciado la identidad de género de un sujeto de su elección de objeto sexual. En este sentido ha sido necesario un cuestionamiento y análisis sobre los marcos teóricos empleados para la explicación, construcción y transformación de los contenidos intrapsíquicos que configuran la subjetividad y la sexualidad humana (Dio Bleichmar, 1997).

 

Cambios en la clínica

En el trabajo teórico-clínico, el desarrollo ocurre cuando se hacen evidentes las anomalías de un marco teórico que llevan a la insuficiencia de resultados terapéuticos. A partir de ello se buscan nuevas perspectivas para la comprensión de los procesos psíquicos y se modifican las pautas interpretativas vigentes hasta entonces. Freud –por ejemplo– menciona la relación del paciente únicamente desde la neurosis de transferencia, y ahora sabemos que hay transferencia limítrofe, narcisista, psicótica, etcétera. Si no se llevan a cabo modificaciones, se corre el peligro de rigidizar la técnica y se ritualiza el método psicoanalítico.

Cuando el terapeuta se mantiene dentro de un marco teórico-técnico ya inoperante, la teoría se vuelve ideología y la técnica semeja un ritual religioso que se preocupa más por seguir los pasos adecuadamente que por ser un instrumento de ayuda para el trabajo terapéutico. En este caso, el valor otorgado por el terapeuta a la profundidad de la psicoterapia se centra más en las formas que en los contenidos. Así, se detiene en el número de sesiones, su duración y el grado en que se practica la abstinencia, más que en la calidad del vínculo terapéutico o el proceso de insight y elaboración llevada a cabo por el paciente. En este sentido, Thomä (1989) afirma que ante la pregunta sobre la frecuencia e intensidad deseada para un tratamiento, debe estar implícita la cuestión de cómo un analizado se las arregla con la experiencia analítica fuera de las sesiones.

Así, tal como lo establece Coderch (1995), la riqueza del psicoanálisis reside en la existencia de diferentes corrientes de pensamiento, perspectivas, diversificaciones metodológicas que se vuelven la fuente de donde manan nuevas teorías y abordajes técnicos.

La mirada clínica del terapeuta está influida por sus marcos teóricos de referencia. Lo que observa en el paciente es codificado de acuerdo con estas teorías; lo que interpreta se correlaciona con su observación y codificación teórica. La posibilidad de interpretar el fenómeno clínico se constituye a partir del registro de datos, lo que el paciente despierta en el analista por medio del vínculo, el procesamiento lógico y reflexivo del analista, así como su inserción en un marco teórico específico, su corroboración de nuevo en el nivel contratransferencial y al final su instrumentación técnica (Sánchez Escárcega, 2009).

A partir de estas consideraciones cabe preguntarse, ¿desde dónde se mira al paciente que llega hoy al consultorio? ¿Qué se hace con pacientes irremediablemente inmersos en la cultura posmoderna que operan bajo el modelo de libre demanda y que vienen a psicoterapia para ser gratificados, no toleran ningún tipo de frustración y confunden el ser felices con estar satisfechos? ¿Cómo se establece la relación terapéutica con un paciente que, sumido en la vivencia del tiempo globalizado, anuncia que “no tiene tiempo que perder” y demanda resultados terapéuticos eficientes e inmediatos? ¿Qué efectos tiene esto en el manejo teórico-clínico?

 

El tiempo en la posmodernidad

La posmodernidad es un modelo cultural uniforme y homogéneo que se presenta de forma paralela al despliegue de micro culturas sociales. Como producto cultural, se expresa en una amplia gama de áreas con un factor común: la reacción de desencanto frente a los proyectos de la modernidad, la destrucción del planeta como resultado del progreso tecnológico e industrial, la desilusión de las utopías sociales y religiosas, el descrédito en los avances de la ciencia y la tecnología, esto es, la incredulidad de que exista un futuro prometedor, producto del progreso alcanzado en las distintas sociedades humanas, tal como lo auguraba la modernidad (Vives, 2004).

Este desencanto, aunado al encumbramiento de los medios masivos de comunicación, el acelerado desarrollo de los canales de comunicación en la informática, la globalización y el apogeo del neoliberalismo en los ámbitos político y económico, ha provocado la aparición de una ética centrada en el culto a la eficacia, el éxito personal, el bien individual sobre el bien colectivo. Frente a la desesperanza y la sensación de agotamiento social, de incertidumbre y vacío, se apela al hedonismo, a la vivencia de un eterno presente, la necesidad de satisfacción inmediata, la liberación del deseo, y se buscan vínculos superficiales, pasajeros, libres de compromiso. Ante la falta de ideales aparece la apatía, la anestesia social, la pasión de la nada (Sánchez Escárcega, J.2004).

Los códigos sociales existentes en la posmodernidad, promovidos de manera incesante por los medios masivos de comunicación, y el cambio en los modelos de crianza en los que se aboga por la no frustración de los deseos infantiles y el incesante reflejo grandioso del self del niño como forma de apuntalar su autoestima, han propiciado la prevalencia de patologías que en las épocas fundacionales del psicoanálisis ni siquiera eran incluidas en el rango de males tratables por la psicoterapia.

El tiempo globalizado

La creciente integración de las distintas economías nacionales en una sola economía de mercado mundial y el acelerado desarrollo tecnológico en el transporte y en los medios de comunicación han producido el fenómeno de la globalización.

En este sentido, Julius Fraser (2009) plantea que a partir del desarrollo de un mundo globalizado se ha generado la vivencia de un presente global. Existe una simultaneidad compartida por todas las naciones que es mantenida a través de los medios masivos de comunicación y de internet. Hay una inquieta sociedad inmersa en la esfera global del instante omnipresente.

En el escenario global el sentido anterior, de vastos pasados y futuros históricos, está siendo reemplazado por los estrechos límites temporales del presente, puesto que todo sucede con demasiada prisa. Los horizontes estrechos se deben al instante omnipresente creado por las tecnologías de comunicación. La frecuencia con que se genera información en la sociedad global del instante omnipresente es mucho mayor a la frecuencia en la que se convierte en conocimiento útil.

Larry Dossey (1986), médico internista dedicado a la investigación clínica, establece que la vivencia del tiempo no es sólo uno de los principales factores determinantes de la conciencia del dolor, sino que afecta a la propia salud e influye en el curso y desarrollo de las distintas enfermedades. Esto resulta evidente sobre todo en las personas que encajan en lo que se denomina personalidad tipo A. Ellos, dice Dossey, están enfermos de tiempo, su vida está orientada a la consecución de metas y objetivos que provocan reacciones compulsivas. No pueden enfocar su trabajo de forma equilibrada y parecen estar consumidos por la necesidad de alcanzar algún objetivo. Hay en ellos una continua sensación de urgencia: padecen la enfermedad de la prisa. Su comportamiento tiene un efecto en su organismo y aumenta el riesgo de contraer una enfermedad cardiovascular de las arterias coronarias. Su prisa por vivir los lleva a morir antes.

Igualmente, C Honoré (2004) describe al “turbo capitalismo” como un modo de producción que se alimenta por la velocidad y la recompensa económica. El mundo globalizado se ha convertido en un ejercicio continuo de apresuramiento, el valor está en hacer al mayor número de cosas por día en el menor tiempo posible. Existe una vivencia de que el tiempo se aleja, no es suficiente y se debe pedalear cada vez más rápido.

El culto a la velocidad lleva a la necesidad de estar al día con los avances tecnológicos. Aparece el apremio por tener la última computadora, la nueva conexión de internet que es más veloz y el modelo más reciente de comunicación telefónica. El mercado de las drogas ofrece también estimulantes potentes para estar a tono con la vivencia del instante: el speed y la cocaína.

El ritual de la comida, que es un momento de pausa en el día y que permite detenerse, hacer contacto afectivo con otros o estar a solas consigo mismo, está siendo suplantado por el eficaz modelo del fast food uno de cuyos objetivos parece ser comer más en menos tiempo.

Se genera también un tipo de personaje llamado fast thinker que requiere de estímulos continuos para funcionar adecuadamente y muestra una gran dificultad de estar a solas consigo mismo, con sus emociones y pensamientos, con su mundo interno.

Por los avances de la tecnología médica se ha incrementado la velocidad de cura en los tratamientos médicos y ello refuerza una de las premisas de la sociedad globalizada donde llevar a cabo un proceso terapéutico con lentitud equivale a haber fracasado. Este es el escenario donde está obligada a operar la clínica psicoanalítica, que ofrece justo lo contrario. En el tiempo psicoanalítico rige la lentitud, la demora, la falta de prisa en el proceso terapéutico, la pausa en la acción y la ausencia de gratificación que lleva al paciente al insight y a la depresión que integra y propicia la elaboración.

Esta es, en mi opinión, la paradoja que enfrenta la clínica psicoanalítica. El narcisista, envuelto en un culto a sí mismo en el eterno presente, solicita reconocimiento y admiración y supone que el mundo y el terapeuta están ahí para reflejarlo. Como si quisiera estar sumido continuamente en el “momento de la ilusión” estudiado por Winnicott. El culto narcisista al cuerpo generado por la sociedad posmoderna oferta una variada gama de cirugías que erradican de forma instantánea la edad biológica, el paso natural del tiempo en el organismo humano. Y los esteroides permiten una vía fast track para acelerar el metabolismo y desarrollar los músculos de atletas más eficaces y veloces.

Frente a la obesidad, patología cada vez frecuente en la actualidad, generada en parte por el modelo de alimentación fast food, existe también un atajo temporal “turbo”: en vez de bajar de peso en un proceso lento, sin riesgos para el organismo, y que lleve a la modificación paulatina de la imagen corporal, se recurre a las anfetaminas o a las cirugías de banda gástrica, que obligan al estómago a hacerse pequeño. A través de esta cirugía, la banda gástrica hace el trabajo de la voluntad de la persona, pues la obliga a adelgazar y así evita que se confronte con su propia voracidad oral, su agresión e imagen corporal.

El adicto, en búsqueda de la satisfacción inmediata, a través del estímulo instantáneo que lo lleva a la vivencia oceánica y a la omnipotencia, evita también confrontarse consigo mismo. El paciente limítrofe con tendencia al acting out busca resolver las emociones no procesadas e intolerables escindiéndose y actuando sobre lo inmediato. O el workaholic enfermo de prisa y adicto a la eficiencia, que presenta una respuesta exagerada frente al tiempo y acaba por provocar efectos fisiológicos que lo acercan más rápido a la muerte.

Lo laborioso frente a lo inmediato: el tiempo en el proceso terapéutico

Un común denominador en las patologías mencionadas es la prisa, la dificultad de tolerar la demora y la no gratificación. Todos hemos escuchado la insistente demanda de los pacientes: “Es que ya llevo cinco sesiones y me siento igual, ¿cuántas veces más tendré que venir?”, o “Dígame qué tengo que hacer para terminar esto más rápido”. O bien de los familiares: “Nada más va a platicar con usted, está perdiendo el tiempo”. Como si incrementar la velocidad del proceso fuera equiparable a la eficacia en una cadena de producción fabril.

Hemos visto la mirada perpleja de los pacientes cuando les explicamos que el tiempo interno, el tiempo del inconsciente, obedece a otra lógica y que no podemos darles una respuesta certera. ¿Cómo hacerle entender al paciente de la actualidad, irremediablemente inmerso en el culto a la velocidad, que el proceso terapéutico no se puede medir en megabits por segundo y que su eficacia no corresponde a la velocidad de acción de un antibiótico?

 

El tiempo analítico

Cabe preguntarse sobre la naturaleza del tiempo analítico y el porqué no se ajusta al presente instantáneo del tiempo globalizado.

El tiempo analítico no es veloz, por el contrario, su ritmo es pausado y transcurre con lentitud. En la experiencia analítica están presentes los sucesos del mundo material exterior y el mundo psicológico interior. En el sujeto, la vivencia temporal del presente se experimenta únicamente en el sistema consciente; en el preconsciente se percibe la vivencia de duración; y en el inconsciente, pasado, presente y futuro se condensan y traslapan.

En la experiencia analítica entra en escena el tiempo del consciente, el preconsciente y el inconsciente. El analista actúa como un eje de temporalización. La transferencia y contratransferencia en el vínculo analista-paciente es el punto de encuentro o superposición de los diferentes tiempos.

En psicoanálisis se pone en acción un tiempo que no se rige por el reloj, sino por la naturaleza del vínculo: es tiempo de trasposición y transformación. Los acontecimientos psíquicos encuentran en la transferencia y contratransferencia su lugar y momento propios. En ellas se establece un tiempo abierto y multiplicado en los tiempos del silencio, la palabra o el sueño, que trasponen los acontecimientos psíquicos, resuenan en combinaciones inesperadas. Así se manifiesta la compulsión a la repetición: la reedición de “lo mismo”, que actualiza fuerzas pulsionales que persisten inalteradas, y  deviene “otro” en la relación transferencia-contratransferencia.

En el proceso, paciente y analista comparten una serie de temporalidades: el presente del discurso consciente y los tiempos preconsciente e inconsciente. En los tiempos inconscientes no hay  localización, sedimentación o cronología; allí se fijan u ordenan los movimientos y transformaciones implicadas por las leyes del proceso primario. En esta línea, Freud (1901) señaló, al mencionar las propiedades del aparato psíquico, que los procesos del sistema inconsciente se hallan fuera de tiempo, no aparecen ordenados cronológicamente y no sufren modificación alguna por el paso del tiempo lineal.

Lo inconsciente implica la atemporalidad y la presencia de la compulsión a la repetición: contra la marcha ineludible del tiempo hay algo que se repite, sin que el sujeto lo sepa, o a pesar de sí mismo (Green, 2000). En la transferencia, la repetición se vuelve no una réplica del pasado en el presente, sino un nuevo encuentro. La actualización en el vínculo terapéutico de los diferentes tiempos permite su entrecruzamiento, que de otra manera no sería posible (Le Poulichet,1996).

El après-coup o a posteriori se refiere al efecto temporal de vivencias y deseos que no se vive en el momento en que acontecen, sino en el futuro, cuando estos deseos y vivencias se resignifican. El concepto de aprés coup establece una relación compleja y recíproca entre un suceso importante y su resignificación en el a posteriori, por medio del cual el suceso adquiere nueva eficiencia psíquica. En el espacio terapéutico, el cambio psíquico no ocurre en el instante en que el terapeuta realiza una interpretación. Es necesario un a posteriori, cuando opera en el paciente un proceso de insight intelectual y emocional que lo lleva a la elaboración.

En el vínculo el terapeuta funge simbólicamente como una madre embarazada o una partera que espera pacientemente a que el bebé esté listo para nacer. No existen interpretaciones ni insights turbo. No hay esteroides que permitan a un paciente fantasear, pensar o sentir más rápido. En la elaboración que lleva al cambio psíquico el aprés coup puede suceder en unos días, meses o incluso años. Su fuerza descansa en la multideterminación, la condensación de recuerdos, fantasías y pensamientos que se leen en tiempos simultáneos.

 

Conclusiones

El tiempo de la clínica psicoanalítica se contrapone al ritmo veloz de la globalización. La aceleración presente en el mundo actual, que empuja a hacer el mayor número de cosas en el menor tiempo posible, ir más rápido y apostar a un incremento sin fin en el ritmo de la vida social, choca con el tiempo que se instaura en la sesión terapéutica y el tiempo del inconsciente, el insight y la elaboración.

La hora de la sesión analítica es un vasto “tiempo fuera” de las actividades cotidianas y de los estilos habituales de comportamiento y comunicación. Un factor que determina la naturaleza de ese “tiempo fuera” es el ritmo propio del vínculo terapéutico. Y la forma en como el analista usa el tiempo, incluyendo la función del silencio. Un antídoto contra la velocidad es el silencio del terapeuta que introduce pausas y marca un ritmo desacelerado en el espacio analítico:

El mundo exterior es puesto en segundo plano. La quietud actúa como la pantalla de una lámpara que modifica la luz demasiado brillante. La cercanía agobiante de la realidad material se hace remota. Es como si el silencio del analista ya marcara el comienzo de una manera más quieta, menos inmediata, de ver a los demás y a sí mismo (Reik, 1949, p.123).

Las distintas patologías que son atravesadas por el tiempo del instante no solo deben ser tratadas desde los parámetros teórico clínicos correspondientes. También es necesario abordar el tema del tiempo. La vivencia de velocidad y el tiempo del instante como objeto de consumo desechable es un tema a trabajar con los pacientes que acuden a consulta en la actualidad.

 

BIBLIOGRAFÍA 

Coderch, J (1995). La interpretación en psicoanálisis. Barcelona: Herder.

Dio Bleichmar, E. (1997). Sexualidad femenina: de la niña a la mujer. España. Editorial Paidós.

Dossey, L. (1982). Tiempo, espacio y medicina. Barcelona. Editorial Kairós.

Fraser, J. (2007). Time and time again: reports from the boundary of the universe. Boston. Editorial Brill.

Freud, S. (1915). Obras completas. Argentina. Editorial Amorrortu.

Green, A. (2000). La diacronía en psicoanálisis. Buenos Aires: Amorrortu Editores, 2002.

Honoré, C. (2005). Elogio a la lentitud. Barcelona. Editorial Océano.

Jiménez, J. El método clínico, los psicoanalistas y la institución. Revista Aperturas Psicoanalíticas. Nº004 www.aperturas.org

Le Poulichet, S. (1994). La obra del tiempo en psicoanálisis. Buenos Aires: Amorrortu Editores, 1996.

Popper, K. (1972). Objective knowledge. Citado en Coderch, 1995.

Reik, T. (1949). The inner experience of a psychoanalyst. Citado en Thöma (1989).

Sánchez Escárcega, J. (2007). La práctica psicoanalítica: teoría, clínica, aplicaciones, investigación y enseñanza. México. Universidad Autónoma de Zacatecas.

Ibid. Entre las cuentas y los cuentos: el psicoanálisis como método de investigación, en: www.ampag.edu.mx

Tarragó, A. y Sánchez Escárcega, J. Tensiones, oposiciones y complementos en la terapia psicoanalítica actual. Revista Subjetividad y Cultura. En prensa.

Thomä, W. (1989). Teoría y Práctica del Psicoanálisis. Barcelona. Editorial Herder.

Winograd, Bruno. Reflexiones actuales acerca del método psicoanalítico. Revista Aperturas Psicoanalíticas. Nº 001. www.aperturas.org

Zambrano, M. (2004). Un viaje por el tiempo. Encuadre, transferencia y cambio psíquico en el proceso psicoanalítico. Revista de Psicoanálisis y Grupos, vol 2, num 2.

Ibid. (2008) El tiempo del sueño. Revista de Psicoanálisis y Grupos, vol 5, num 5.


[1] Psicoanalista individual y grupal, AMPAG; psicoterapeuta de adolescentes, IMPPA; antropóloga.

Una respuesta a “Clínica psicoanalítica y tiempo globalizado”

  1. Aline Campos Gomez dice:

    Excelente artículo

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