Subjetividad y cultura

Bullying, entendiendo a los participantes

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Natalia Schejtman Bazbaz[1]

 

Este trabajo surge como una respuesta hacia una de las problemáticas más trascendentes que estamos viviendo hoy en día alrededor de todo el mundo, el bullying.

En los últimos años se han visto muchos casos de bullying, acrecentándose cada vez más el número de víctimas.

El bullying o acoso moral se presenta cuando una o más personas ejercen un comportamiento lesivo, intencional y recurrente contra otro u otros individuos y se caracteriza por un abuso sistemático del poder.

México no es la excepción a esta problemática. Por el contrario, el periódico La Crónica publica que durante el 2014 México ha llegado a ser el primer lugar a nivel mundial en casos de bullying dentro de escuelas de educación básica y secundaria. De acuerdo con un estudio realizado por la OCDE, Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico, entre el 60 y 70% de la población de estas escuelas ha sufrido bullying.

Por otra parte, el periódico El Economista publicó en 2009 que en ese año, el 40% de los niños que acuden a las escuelas en México han sido víctimas del bullying, el cual tan sólo en el Distrito Federal llevó al suicidio a 190 niños.

Esto me pone a pensar en muchas cosas, entre las principales, ¿qué es lo que le espera a un adolescente que aún no ha logrado consolidar su personalidad ante un mundo cada vez más agresivo? ¿Qué lleva al perpetrador a tratar así a otro ser humano? Y, ¿qué rol juega el observador dentro de esta dinámica?

A través de este trabajo se pretende entender bajo la mirada psicoanalítica qué es lo que sucede detrás del bullying, logrando comprender a los personajes que lo conforman, así como parte de su psicopatología.

Cabe mencionar que éste es un artículo que pretende abordar solamente ciertos aspectos del bullying, basados en gran parte en la teoría propuesta por Hirigoyen (1998), pero también en otros autores y en mis propios puntos de vista. Invito a los lectores a expandir su punto de vista y su conocimiento en base a otros autores y acercamientos, y en particular deseo señalar que en un número anterior de esta revista, Miguel Matrajt tiene una reseña del libro de Hirigoyen; dentro de dicho artículo él menciona que a su parecer el libro del cual se hablará tiene un acercamiento que va más hacia la “psicosociología” que a la “sociopsicología”, aun cuando la autora busca plantearlo desde el segundo campo de estudio. También, seguramente, el fenómeno tendrá variantes en función de situaciones de clase social, de cultura local y regional en especial en cuanto al manejo de la agresión y, en este México actual, en las variantes determinadas por la infiltración del crimen organizado. Los lectores podrían ayudar con comentarios y ejemplos de estas variantes.

La palabra bullying proviene del inglés, cuyo significado es intimidación a alguien. Anteriormente se usaba el término mobbing, que hace referencia a la violencia grupal y psicológica contra una víctima.

Su estudio comienza en los años 70, cuando se detecta un problema en el norte de Europa. Dan Olweus es uno de los pioneros en estudiar el bullying. Se interesó por este tema a raíz del suicidio de 3 jóvenes víctimas del mismo.

Cabe destacar que muchas personas relacionan el bullying con las redes sociales. Éstas son una manera de acosar a otro y facilitan la realización de bullying, mas no es la única forma en la cual se da esta problemática. Uno de los lugares más comunes para esta práctica se da dentro de las escuelas.

En español no existe una traducción exacta para bullying, por lo que se utiliza el término acoso para referirse a éste.

El bullying está compuesto por ciertas características presentes en todos los casos:

  1. Daño físico o psicológico, que afecta el desarrollo normal de la persona en sus diferentes ámbitos.
  2. El maltrato ejercido es intencional, repetitivo y tiene algún tiempo de duración.
  3. Se puede realizar tanto a horas escolares, como fuera de éstas.
  4. Existe un sometimiento del más fuerte o poderoso, hacia el más débil.
  5. Existen personas que están conscientes de éste y que han sido testigos, pero permanecen indiferentes ante el asunto.
  6. La víctima no responde ante el ataque, y se paraliza por miedo.

Cabe mencionar que Hirigoyen (1998) explica que los grupos tienden a igualar a los individuos sin poder tolerar la diferencia. Éste es un punto crucial dentro del bullying debido a que en una escuela se encuentra la mayor diversidad de personas, cada quien con su respectivo pasado y personalidad. Por eso sería importante pensar ¿por qué no se tolera la diversidad? ¿qué aspecto del Otro hace que se vuelva tan amenazante la diferencia?

Ahora bien, Rosario Ortega (2001), dice que debemos de ver tanto al alumno como a la escuela, la dinámica familiar y el contexto social, los cuales son los principales desencadenantes del bullying, siendo éste responsabilidad de dónde el niño vive y se desarrolla. También nos habla acerca de la repetición que los niños tienen al ver conductas negativas en sus casas, reproduciéndolas contra otro.

Dentro de un acoso escolar intervienen diferentes personajes. Entre ellos están el acosador, la víctima y los observadores. Cada uno de ellos tiene un rol específico que lo distingue.

 

El acosador:

El acosador es aquella persona que agrede a la víctima. Se suele ver a esta persona como poco segura de sí misma y que para sentirse mejor ejerce acoso contra otra. Esto con el fin de obtener reconocimiento de los demás. En otros casos, también puede estar la posibilidad que la persona disfrute de ver sufrir a otra.

Así mismo, se suele pensar que estos sujetos tienen rasgos comunes, entre los que se encuentran el comportamiento agresivo, el temperamento fuerte, poco empático, sin sentimientos de culpa, impulsivos, baja tolerancia a la frustración e incumplimiento de reglas.

También se explica que “Los niños agresivos aprenden este patrón desajustado en edades tempranas, lo que de nuevo nos indica la casi total adquisición de este comportamiento en el hogar.” (Cerezo, 2001)

Por otro lado, dentro de la teoría psicoanalítica se comprende a este sujeto como una persona perversa. De esta forma, Hirigoyen (1998) explica que los agresores tienden a tratar al otro como parte de una estrategia de utilización y posteriormente de destrucción, sin sentimiento de culpa. Así mismo explica que todos los individuos tienen una parte de perversión normal, pero que éstos no son así, sino que son perversos narcisistas que sólo se construyen a sí mismos al saciar sus pulsiones destructoras.

No obstante, se puede entender que por estar en la adolescencia y al no estar completamente formada la personalidad del individuo, se podría creer que éstos se están inclinando hacia este tipo de personalidad, mas no se puede decir que la base de su personalidad sea ésta. Recordemos también que como lo dice Meltzer (1950), en la adolescencia hay una crisis de identidad, lo cual nos hace ver a estos sujetos como “desubicados” dentro de su propia vida y recurriendo a este tipo de violencia por no saber cómo actuar.

Pero si seguimos leyendo lo que nos explica Hirigoyen (1998), se entenderá que estos sujetos, al no ser capaces de establecer una relación verdadera, sólo pueden crearla en un registro perverso, de malignidad destructora. De esta forma, disfrutan al ver sufrir al otro y gozan al humillarlo y someterlo.

Dentro del texto, ella lo explica como si estos sujetos fueran Narcisos vacíos, como vampiros que necesitan alimentarse de la sustancia del Otro. Explica “cuando uno carece de vida, tiene que intentar apropiarse de ella o, si esto no es posible, tiene que destruirla para que no haya vida en ninguna parte.” (Hirigoyen, 1998, pág. 113)

Estos sujetos son como “máquinas” de reflejos que buscan ilusoriamente su propia imagen en el reflejo del otro. Así, ellos tienden a ver a su víctima como un reflejo de su propio vacío.

Debido a lo dicho anteriormente, se pude entender que son sujetos que no sienten, no sufren debido a que están ausentes. Aun cuando no son capaces de demostrar empatía desean que los demás se preocupen por ellos.

Otra característica que se aprecia en este tipo de personalidad es la negación de la identidad del otro, buscando que las actitudes y pensamientos de éstos tengan que ser conforme a la imagen que ellos tienen del mundo. De esa forma, se puede entender que estos sujetos son incapaces de ver en el otro lo que menciona Knobel (2001) citando a Grinberg, en lo que comenta que la identidad conlleva la noción de un yo que se protege en la continuidad y semejanza de las fantasías inconscientes referidas a las sensaciones corporales, a las tendencias y afectos en relación con los objetos del mundo interno y externo.

También se ve en ellos un apasionamiento, de manera que pueden apasionarse con una persona, tal como lo es su víctima. Pero este apasionamiento se da sin comprometer los sentimientos propios, se da un apasionamiento con distancia afectiva que no los llegue a comprometer. “La eficacia de sus ataques es un resultado del hecho de que ni la victima ni un observador externo pueden imaginar que alguien carezca hasta tal punto de atención o de compasión ante el sufrimiento humano” (Hirigoyen, 1998, pág. 114)

La manera en que estos sujetos ven a sus víctimas es como un soporte de una cualidad que ellos no tienen y desean apropiarse. Nunca ven a la víctima como persona. Esto se puede ver dentro de la película Después de Lucía, cuando la protagonista, Alejandra, tiene relaciones sexuales con un compañero y es grabada por otros durante el acto. A partir de ese momento la protagonista empieza a sufrir de bullying por parte de sus compañeros. “Tomando como base el evento que desencadena que Alejandra sea víctima de bullying, este desata una serie de situaciones tanto psíquicas como externas en el mundo del adolescente, ya que al encontrarse en esta etapa del desarrollo, el hecho que Alejandra tuviera relaciones sexuales con uno de sus amigos, libera a modo de identificación que ella sea quien tiene ahora el poder en el mundo adolescente, por tener el poder de la sexualidad, poder que pertenece al mundo de los adultos, cosa que no toleran los adolescentes al ser para ellos un objetivo el adueñarse del poder a través del éxito, ganar dinero, obtener poder, influencia y así alcanzar la libertad sexual ( Meltzer,1998), cosa que logran quitándole a Alejandra a través del bullying obteniendo lo que ellos desean, poder sobre el otro.” (Ríos, 2014)

De esta forma, explica Hirigoyen (1998) que el mecanismo de acción de un bully o acosador es que al ver a una persona que parece gozar, ellos sienten envidia. Así, se apropian de ella y la ven como un compañero que les facilita la entrada al poder. Posteriormente atacan la autoestima y confianza del otro para poder aumentar su propio valor al apropiarse de su narcisismo.

Existe en ellos una sobrecrítica que hace que deban de criticar a los otros todo el tiempo, para de esa forma mantenerse en su omnipotencia. Se puede entender que una de las principales características, según Hirigoyen (1998), es que son personas invadidas por la envidia. Envidian todo lo de los demás y deshacen cualquier alegría que se pueda dar a su alrededor, llenando a los otros de pesimismo y sumiéndolos en un registro depresivo, para más adelante poder reprochárselo.

Explica así que el acosador agrede al otro para salir de la condición de víctima que conoció en su infancia. Esto lo hace al considerar que esa Imago materna es la responsable de su situación, poniéndose en el papel de víctima. Ese papel de víctima le sirve al acosador para poder seducir al otro que acosará.

Así, estas personas evitan la angustia proyectando todo lo malo sobre el exterior, como defensa ante la desestructuración psíquica. De esa forma, al atacar, lo que buscan es protegerse.

 

La víctima:

Dentro de la cultura posmoderna se tiende a pensar en las víctimas como personas inseguras, con un nivel alto de ansiedad, con tendencias sumisas y débiles. También se les puede ver como introvertidos y sobreprotegidos por su familia.

La literatura psicoanalítica revela que las víctimas han pasado de ser vistas como inocentes a ser vistas como débiles. Según Hirigoyen (1998) y lo leído anteriormente, se puede entender que la víctima no carece de algo, por el contrario, tiene algo de más que al agresor le gustaría apropiarse.

Se plantea entonces que la víctima se encuentra paralizada y que el agresor actúa ante esta paralización.

Por otra parte, no se puede hablar de la personalidad de una víctima, ya que ésta puede ser una persona sana, pero el abusador encontrará la manera de utilizar la parte depresiva o masoquista que pueda encontrar en ésta.

Se observa también que la víctima erra al no ser desconfiada y no considerar los mensajes agresivos no verbales que se le hacen, sin poder traducir el mensaje, tomándolo de una forma literal. Esto se puede ilustrar con el ejemplo de un niño al que jugando fútbol se le mete repetidas veces el pie por el mismo compañero y en vez de entender el mensaje no verbal que se le hace, piensa que este compañero lo hace sin querer o como parte de un juego.

La diferencia que se ve entre estos sujetos y los realmente masoquistas es que las víctimas del bullying, al separarse de su agresor se sienten realmente aliviadas, mientras que los masoquistas creen que no hay nada que hacer y si se separaran de su agresor se sentirían culpables.

Matrajt resalta que “La autora desmitifica el difundido prejuicio acerca del masoquismo de la víctima como causa importante del problema. Basada en su gran experiencia y en sus investigaciones de campo, señala que en la mayoría de los casos la secuencia de hechos y las diferencias de fuerzas hacen imposible un escape de la situación. Sin duda resalta más la dificultad para reaccionar que la búsqueda inconsciente de la agresión.”

Al hablar de víctimas, Hirigoyen (1998) explica que la víctima perfecta es aquélla que tiene una tendencia a culpabilizarse, como una personalidad predepresiva melancólica. Se puede notar en ellos un interés por el orden, que se sacrifican en el trabajo y en las relaciones sociales,  no aceptan ayuda y aceptan más carga de trabajo que la media. Todo esto los hace sentirse libres de una mala conciencia, pero no saben poner un límite. Ante cualquier queja ellos se esforzarán más y se culpabilizarán más, entrando en un círculo vicioso.

Hay un aspecto que se aprecia dentro de los dos personajes que es la gran sobrecrítica que tienen. El agresor critica al otro, mientras que el agredido se critica a sí mismo y se critica por las culpas del otro. Así, interiorizan aquello que les agrede.

Hirigoyen (1998) explica que todo empieza como un juego, como un reto. En el reto se trata de ver si es aceptado o no como compañero de alguien tan exigente. De esa forma, la víctima es una persona portadora de una melancolía parcial que se une a un trauma de la infancia y a una vitalidad muy grande. Al contrario de lo que se podría creer, los perversos no atacan la parte sensible del trauma infantil, sino que atacan la vitalidad y tratan de hacerla suya.

Por otro lado, se ve que las víctimas tratan de justificar el acto del agresor y tratan de adaptarse ante lo que el agresor hace. Así mismo, lo comprenden y lo perdonan debido a que creen que por medio a un sentimiento parecido al de protección maternal pueden ayudarlo.

 

Los observadores:

Son aquéllos que son espectadores de lo sucedido.

Estos pueden unirse al agresor, ser indiferentes o unirse a la víctima.

Son personas que toleran ver que otros agreden y de todas formas, se niegan a hacer algo que impida tal conducta.

Dentro de la personalidad del observador se encuentra que son personas que prefieren estar del lado del acosador, ya que sienten que si se ponen del lado de la víctima, ellos pueden también ser acosados. Sienten que diciendo lo sucedido no van a lograr nada y creen que quedarse callados es lo más prudente.

Por otro lado, también pueden ser personas que disfrutan ver el sufrimiento del otro.

Son muy importantes, ya que son aquellas personas que ven lo que los adultos no ven, así como que son un incentivo hacia el agresor, ya que su observación hace al agresor reconocido.

Tipos de observadores:

  1. Compinches: Aquéllos que son amigos íntimos y que ayudan al agresor.
  2. Reforzadores: No acosan directamente, pero observan las agresiones y las aprueban.
  3. Ajenos: Aquéllos que se muestran neutrales y que no quieren tener nada que ver en el asunto, pero al saber de lo que sucede, se vuelven tolerantes ante el bullying.
  4. Defensores: Aquellas personas que al ver el acto, apoyan a la víctima y entran en su defensa.

Se ha visto que el bullying es un fenómeno que actualmente afecta a una gran parte de la población. El bullying está compuesto principalmente por dos personajes, el agresor, que se puede ver que tiene una parte perversa dentro de su personalidad, y la víctima de la que se puede muchas veces pensar como masoquista o depresiva. El tercer participante es el observador, al cual no se le ha dado la importancia que requiere y no se ha investigado mucho acerca de este, pero considero que se podría equiparar a una personalidad voyeurista.

Esta personalidad voyeurista se podría pensar desde la antigüedad como lo describe Sergio A. Ramírez (2012), donde explica que ya desde tiempos ancestrales algunos seres humanos disfrutaban de ver sufrir al otro. Esto se veía en prácticas como las arenas y circos donde las personas tenían que intentar sobrevivir frente a los ataques de ciertos animales como los leones y que muchas veces terminaban en la muerte de la persona, como forma de espectáculo.

Por otro lado, Gabbard, (2000), declara que las tendencias voyeuristas se pueden deber a una fijación en la escena primaria infantil, en la cual el niño es testigo de las relaciones sexuales de sus padres. Esa experiencia que crea traumas en el niño puede causar angustia de castración y entonces llevarlo a representar la escena una y otra vez.

De esa forma, se podría entender a estos sujetos como personas que al estar fijadas en una etapa tan temprana del desarrollo se angustian por lo previamente visto y deben de re-crear esa escena a partir de nuevos medios, como lo sería el ser testigo de un bullying, con el fin de reasegurarse que no perderán algo tan importante y simbólico como el falo o el poder imaginario que éste representa.

Otra perspectiva que también complementa a la pasada es la idea que presenta Hinojosa (2013), en la que comenta que estos observadores se unen a la forclusión de la ley del padre debido a que ellos tampoco aceptan los límites impuestos. De esa forma, ellos abandonan el rol de adulto que deberían de mostrar y se identifican con el rol del adolescente que exige tener límites y por lo tanto tampoco los da. Al actuar de tal forma borran la diferencia generacional y se comportan como inferiores en el saber.

En su contra-parte, se podría entender a aquellos sujetos que al ser testigos del bullying buscan defender a la víctima, como personas que han aceptado o empiezan a tomar una posición de adulto, aceptando la ley del padre e imponiendo su propia ley.

Aun así, es importante entender que debido a que los mayores casos de bullying se dan en personas de edad latente o adolescente, no se les puede ver como personas con una personalidad integrada, y sería importante considerar estos diagnósticos como “si se escribieran con lápiz”, ya que éstos pueden modificarse a lo largo del desarrollo. También es importante notar que en la adolescencia ya se puede ver parte de lo que va a ser la personalidad del individuo y que aun cuando es una etapa con muchos cambios, existen ciertas psicopatológicas que aportan una idea de lo que será uno cuando sea mayor si no se tratan a tiempo.

De esa forma, es importante investigar más acerca del bullying y tratar de entender lo más posible de qué se trata.

 

Bibliografía:

Gabbard, O. Glenn (2000). “Psiquiatria Psicodinámica en la Práctica Clínica”. Buenos Aires: Medica Panamericana

Hinojosa, D (2013). “El Bullying, un problema entre el masoquismo y la fragilidad narcisista”. Trabajo presentado en XX Jornadas de Niños y Adolescentes de FEPAL.

Hirigoyen, Marie-France (1998). “El acoso Moral”Buenos Aires: Paidós.

Kancyper, L (2004). “El complejo fraterno.”.  Buenos Aires, Argentina. Editorial: Lumen

Matrajt, M. “Victimología ¿Una nueva disciplina?” Artículo publicado dentro de la revista Subjetividad y Cultura.

Meltzer, D., Harris, M. (1950), “Adolescentes”.  Editorial Espatia

Ortega, Rosario (2010). “Agresividad injustificada, Bullying y violencia escolar”. Madrid: Alianza

Periódico “La Crónica”. http://www.milenio.com/politica/Mexico-primer-bullying-escala-internacional_0_304169593.html. Consultado el 20 de diciembre del 2014.

Ramirez, S. Alonso (2012). “Bullying, acoso escolar, sadismo y pulsion de muerte”  Artículo en línea: http://psicosujeto.blogspot.mx/2012/12/bullying-acoso-escolar-sadismo-y.html

Ríos, Ana Paola (2014). “Una visión del adolescente: Después de Lucía.” Trabajo presentado en Jornadas del Centro de Estudios de Posgrado de la Asociacion Psicoanalitica de Mexico, octubre 2014.

Rincón, María Guadalupe (2011). “Bullying: acoso escolar.” México, D.F.: Trillas

Sánchez, Ásela (2009). Jaén “Acoso escolar y convivencia en las aulas: manual de prevención e intervención”. España: Formación Alcalá.

Serrate, Rosa (2007). “Bullying acoso escolar: guía para entender y prevenir el fenómeno de la violencia en las aulas”. España: Ediciones del Laberinto.


[1] Egresada de la Maestría de niños y adolescentes de la Asociación Psicoanalítica Mexicana.

Nataliaschb@gmail.com

 

Una respuesta a “Bullying, entendiendo a los participantes”

  1. Cecilia dice:

    Hola! Muy buen artículo….al leer los tipos de personajes que se juegan en el bullying, ( acosador, víctima, observador), pensaba cómo sería importante en lugar de víctima llamarle afectado o de otra forma que también lo pusiera en la posibilidad de salir de ese lugar de víctima, que es un lugar pasivo, donde no puede hacer nada …..

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