No 1 Junio 1991 / Bibliográficas #1 No 1 Junio 1991
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La devolución de la palabra…”Hilando palabras zurciendo cuerpos”

Ma.Eugenia Ruiz Velasco.
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Patricia Sánchez Bringas, Hilando palabras, zur­ciendo cuerpos, Colección Modular de la Universi­dad Autónoma Metropolitana-Xochimilco, México, 1989, 45 páginas.

Hilando palabras, zurciendo cuerpos es un libro en el que la autora transmite la riqueza de su expe­riencia en el trabajo grupal con obreras de la industria de la confección. Costureras a quienes el terre­moto que estremeció a nuestra ciudad de México en 1985 les dejó una huella indeleble, tanto por la vivencia de la muerte como por la conciencia de su situación laboral que culminó en la formación de su sindicato (recuérdese como el “descubrimiento” de la explotación que sufrían conmovió a la ciudad y al país, promoviendo tal organización y el apoyo de vastos sectores ciudadanos). En tal contexto es que la autora del presente trabajo, en ese momento es­tudiante en la carrera de Psicología de la UAM-X, realiza su trabajo final de licenciatura con la investi­gación que ahora nos ocupa.

Experiencia que la enfrentó con la dificultad de trabajar con sectores populares, cuestionándola en su implicación como psicólogo al tener que abordar una realidad compleja, desde los diferentes cortes requeridos sobre la misma, donde la teoría no siempre tenía respuestas.

Patricia Sánchez Bringas comienza describiendo como intenta abordar la problemática psíquica y somática desencadenada por un hecho traumático -el terremoto en este caso-, como lo expresa en su primera hipótesis de trabajo basándose en la escu­cha del discurso de las costureras que participaron en la experiencia grupal realizada: “…La tragedia que estas mujeres habían sufrido durante los sismos desencadenó algunas manifestaciones psicosomáticas, como un intento de aminorar el dolor psíquico que provocaron los sismos en ausencia de elabora­ción y simbolización” (p.18)

La autora, en la búsqueda de la comprensión del psicosoma se interna en la teoría psicoanalítica: “…Es obvio pensar que sin cuerpo no hay psiquis y que en el cuerpo se originan los procesos psíquicos, pero para el cuerpo psicosomático no habrá una respuesta para el Yo” (p.19). La somatización y la pulsión de muerte, el cuerpo psíquico, la repre­sentación del “sí mismo” somático, la historización como camino a la simbolización y búsqueda del sentido de los síntomas son las problemáticas que aborda.

El devolverles la palabra a este grupo de costu­reras permitió escuchar su dolor, sus padecimientos tanto psíquicos como somáticos. Dolor inscripto en su historia y que les condujo a la vivencia de duelos más allá de las pérdidas y las muertes vividas en el terremoto. La escucha de su discurso permitió dife­renciar e intentar comprender el papel que jugaba el cuerpo como expresión de los conflictos psíquicos: “Las enfermedades respondían -en algunos casos-, a un dolor psíquico tan profundo donde a manera de protección éste se manifestaba en el cuerpo nu­blándonos sobre él mismo” (p.21). El trabajo grupal concebido como un espacio que favoreciera el ir elaborando y simbolizando la experiencia del sismo -”…había un traumatismo vivido en los terremotos donde quizás su Yo estuvo a punto de sucumbir, y como resultado de esto apareció la somatización” (p.23)-, condujo a su historia y dejo ver que “la somatización en ellas ha existido antes, durante y después de los sismos, y es probable que siga exis­tiendo, pero la experiencia dentro del grupo les ha permitido pensarse en forma distinta” (p.30).

La escucha y la palabra fueron sus herramien­tas fundamentales, con apoyo en la técnica de grupo operativo. Múltiples situaciones se entremez­claban y expresaban, tanto en la palabra como en lo silencioso de un cuerpo dolido y sufriente.

Un salto cualitativo resultado de la toma de conciencia de su situación como trabajadoras, que las condujo a una situación activa en la vida sindi­cal. “Un resultado evidente de todo este gran esfuer­zo llevado a cabo por ellas -dice la autora-, es el compromiso que se tiene con el sindicato y con ca­da uno de sus miembros, compromiso que implica lucha, cansancio y sacrificio, que genera una actitud clara, abierta y consciente para el mismo. Supone en síntesis, un sentimiento de pertenencia, orgullo e identidad de grupo” p.37).

Le llama la atención a la autora que tal organi­zación sindical adquiere formas distintas a otros nu-cleamientos similares -”Ellas se convierten en sus propios dirigentes, tienen capacidad para organizar y decidir cuestiones políticas y de reivindicación so­cial”-, lo que tiene efectos incluso en su vida fami­liar: “En algunos testimonios aparece la capacidad de la mujer de sacar a la familia adelante, sin nece­sidad de la presencia del hombre” (p.39). Es decir que el sindicato se convierte en un espacio donde han encontrado lo que en la familia no han podido tener: “Unión, respeto, lucha, sustento, sacrificio, amistad, lealtad, comunicación y reconocimiento” (p.39).

Esta experiencia nos lleva a reflexionar sobre la “salud mental” y el trabajo: ¿podríamos atribuirle a la situación actual laboral de estas costureras y a la vivencia traumática del terremoto el papel etiológico fundamental de sus padecimientos psíquicos y so­máticos?, ¿o es esto actual frustrante -aunque tam­bién narcisisante- desencadenante de una serie de frustraciones y pérdidas de su historia, y que en última instancia remiten a lo estructurante de la constitución psíquica infantil?

Por otra parte, ¿cómo puede entenderse y tra­bajarse la dinámica somapsique?, ¿cómo juega lo social, las condiciones de trabajo y las enfermeda­des orgánicas?. Estas y muchos otros interrogantes surgen de la lectura de este acercamiento a la pro­blemática específica de un grupo de trabajadoras.

P.Sánchez Bringas, con base en este trabajo, también cuestiona la praxis de la psicología y el psicoanálisis en un país de masas como el nuestro: “La psicología y la práctica de la misma aparece sólo para sectores ‘privilegiados’ y cuando se piensa en llevarla a sectores populares, no es al servicio de ellos sino al servicio del poder”. Y se pregunta: “¿Cómo voltear la cara a esas seis mujeres costure­ras, en su mayoría madres de familia, con una in­tensa vida sindical y laboral, sólo porque esto no se permite en los lincamientos ortodoxos de la psicolo­gía y el psicoanálisis? Era la realidad a la que nos enfrentábamos a la que teníamos que responder” (p.41).

Para concluir es de destacar que la autora no cayó en reducáonismos, y que intentó abordar des­de una visión integral y crítica la problemática que enfrentaba y que, por sus condiciones, la rebasaba. Nos aporta la experiencia de un acercamiento com­prometido tanto con su profesión como con su inte­rés social.

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